Seguiremos saliendo a la calle

Seguiremos saliendo a la calle

6a Marcha de las Putas. Noviembre 2016. Puebla
Foto: Ámbar Barrera
Dra. Laura Angélica Bárcenas Pozos *

La semana antepasada una estudiante de la Licenciatura en Ciencias Políticas de la IBERO Puebla caminaba sobre el bulevar Atlixco al salir de un gimnasio cuando fue atacada por un hombre con la intención de violarla. El agresor la golpeó con un ladrillo en la cara y tal vez, por las ganas de no morir, la joven se defendió con uñas y dientes hasta que pudo huir del lugar de agresión, agotando, inexplicablemente a quién la agredía. Como pudo llegó a casa de una amiga. Esta amiga y sus familiares en seguida la llevaron a un hospital donde fue atendida de inmediato. Aunque estaba herida, porque el agresor no dejó de golpearla por unos minutos para salirse con la suya, la joven resistió con gran valentía y también se defendió como pudo, lo que me hace suponer que el agresor debe tener marcas de la defensa.

Lo único que puedo decir es que esta joven corrió con suerte, logró salir viva de esta agresión y ahora está aquí para contarlo. Pero ahora me pregunto qué nos queda hacer a nosotros que somos sus profesores, sus compañeros, sus directivos, sus amigos, que nos cruzamos con ella en los pasillos de la IBERO Puebla. Primero que nada, salimos a la calle a llamar la atención de nuestros conciudadanos, para decirles, que no pasen esto de largo, que le puede pasar a cualquier otra mujer que sólo camina por la calle. No queremos que ninguna otra mujer tenga miedo de salir, de caminar sola, de pasar por una calle oscura o poco transitada.

Lo segundo es hagamos una reflexión para que eduquemos a nuestros hijos, hermanos, padres, maridos, novios, primos, amigos y todos los hombres con los que nos relacionamos para que nos respeten, sólo porque somos mujeres, porque merecemos el respeto de los otros. Nosotras no vamos por la calle tratando de vulnerarlos, de atacarlos, de violarlos, de matarlos. Les pedimos a ellos lo que queremos para nosotras y lo que estamos dispuestas a darles. Respeto por nuestra vida.

Tercero, quiero que ella no olvide esto y que ninguna de nosotras y nosotros lo olvidemos para que podamos seguir saliendo a las calles a gritar y a pedir justicia por ella, por Mara, por todas las mujeres asesinadas en esta ciudad, en este país.

Cuarto, y después del no olvido, ¿qué sigue? Aquí hablamos de la educación de todos, de ellas para que se cuiden y se defiendan y de ellos para que respeten y no agredan. Mucho me pregunto por qué debemos enseñar a las mujeres que tienen que cuidarse, creo que también tenemos que enseñar a los hombres que deben respetar a las mujeres, cuando quieren o no quieren ser tocadas, seducidas, sexuadas. Y si ellas no quieren, no tiene por qué ser a fuerza, obligadas, forzadas. ¿Sólo porque ellos son más fuertes?

Respeto, respeto, respeto, eso es todo lo que exigimos. Respeto para salir a la calle sin miedo, para tener un novio sin miedo, para compartir con los amigos sin miedo, para asistir a la escuela o al gimnasio o a una fiesta sin miedo, para habitar nuestra casa sin miedo. No entendemos por qué debemos cuidarnos todo el tiempo, de todos los que nos rodean, si la mayoría de nosotras respeta a los otros, lo que piensan, la forma en que se visten, la manera en que piensan, lo que quieren y cuando quieren.

Considero que la educación es un medio para parar estas agresiones. Educación que proporciona la escuela, por eso los profesores debemos abrir espacios para que reflexionar con nuestros alumnos sobre esto sucesos y definir qué queremos para nosotras, para nosotros, para nuestras hijas, hermanas, madres, tías, primas, amigas, compañeras y todas las mujeres que habitamos esta ciudad, este país. Sin embargo, no basta con la educación que recibimos en la escuela, es necesario que esta educación empiece en nuestras casas y que los padres y madres de los jóvenes y niños hablen con ellos sobre el respeto que deben a los otros, pero sobre todo a las otras.

Se hace necesario que hablemos con nuestros hijos para que aprendan el respeto, pero también con nuestras hijas para que aprendan a cuidarse y también aprendan del respeto. Y para eso necesitamos darles ejemplo de respeto y de cuidado. Todo esto nos tiene alterados y al mismo tiempo incrédulos, porque hace poco esto no sucedía en una calle transitada, pero tampoco sola u oscura en esta ciudad.

Todas las mujeres quisiéramos poder salir a la calle y caminar con libertad, sin miedo, solas o acompañadas, seguras de que nuestra integridad no será agredida o vulnerada por los deseos insaciables de un sujeto al que no puedo llamar hombre. Ese sujeto que seguramente guarda marcas que la estudiante de la IBERO le dejó mientras se defendía y que seguramente oculta. Así que observa y ve si algún sujeto cerca de ti tiene marcas de rasguños o mordidas, en su cara o brazos, pues puede ser el agresor. Además, si estas agresiones continúan, seguiremos saliendo a la calle a gritar por las mujeres que son agredidas, violadas, asesinadas, hasta que esto pare y deje de pasar. No queremos más esto, queremos vivir en paz.

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* La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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