La impune deforestación de Paraguay

La impune deforestación de Paraguay

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El promedio señalado reporta unas 23.000 hectáreas de bosques arrasadas cada año en la Región a pesar de que desde hace 10 años existe la Ley de Deforestación “Cero”, según reportes de la organización WWF. Apenas ocho guardaparques, varios de ellos sin otros recursos que sus propias motos, deben cuidar 75.000 hectáreas que hacen a la Reserva San Rafael (Caazapá-Itapúa) y Parque Nacional Ñacunday (Alto Paraná), amenazados día y noche por traficantes de rollos, sojeros y narcos que buscan ampliar sus plantaciones de marihuana.

Organizaciones civiles que se dedican a la protección de los bosques se sienten desamparadas mientras la Fiscalía, la Policía, la Secretaría del Ambiente (SEAM) y el Instituto Nacional Forestal (Infona) tiran cada uno para su lado, lo que demuestra una total falta de política de Estado sobre el tema. Mientras tanto, la deforestación no para sin que hasta ahora haya un solo responsable en la cárcel en todo este tiempo. Un equipo de ABC Color recorrió la zona de influencia de dos reservas y un Parque Nacional que forman parte del Bosque Atlántico del Alto Paraná (BAAP) y comprobó la total desprotección – o complicidad – de las autoridades para evitar la destrucción diaria de los recursos naturales del país.

Osvaldo Godoy, uno de los guardarques del Parque Nacional Ñacunday, del Departamento de Alto Paraná, tiene que hacer todos los días gestiones para conseguir una casa en donde pasar la noche él y sus demás compañeros que trabajan en la protección de este parque, que tiene 2.000 hectáreas y con el plus del salto Ñacunday, una maravillosa cascada de 40 metros en medio del bosque.

Godoy, que trabaja hace 20 años como guardaparques y desde hace cuatro está en Ñacunday, no tiene un techo donde dormir, y todos los días tiene que pedir una casa amiga en donde conciliar el sueño, para después volver a su rutina diaria. Los guardaparques del Parque Nacional Ñacunday -tres en total- no tienen un local propio. Duermen en casas ajenas, usan sus propias motos y deben comprar sus propios proyectiles para cuidar una de las últimas zonas boscosas del Alto Paraná, amenazada todo el tiempo por depredadores de madera y productores de soja y de marihuana, incansables en la tarea de extender sus plantaciones.

La historia de Godoy y sus compañeros pinta de manera triste el interés que el Estado le da al cuidado de sus recursos naturales en la región. Al menos ahora ya están construyendo su propio local, gracias a la donación del concejal Bernardino Navarro, quien cedió parte de su terreno a favor de los guardaparques.

LA VERDADERA LEY “CERO”

La Ley 2524, conocida como de “Deforestación Cero” para la región oriental, si bien se promulgó en 2004, entró en vigencia a partir de 2005. Pero lo único “cero” que se logró con esta normativa es hacerla cumplir, ya que desde que entró a regir en nuestro país, se arrasaron con 231.882 hectáreas de bosques en la región que corresponde a la BAAP, que abarca territorios de los departamentos de Amambay, Canindeyú, Alto Paraná, Itapúa, Paraguarí, Caaguazú, San Pedro, Concepción, Caazapá y Guairá.

En estos lugares y sus zonas de amortiguamiento se hace poco o nada para evitar el tráfico de rollos y de madera, la invasión de producciones sojeras en territorio de las Reservas y eliminar las plantaciones de marihuana, estimuladas por grupos narcos que cada día van ganando más terreno.

Una de las organizaciones que trabaja en la conservación de la Reserva San Rafael es Pro Cordillera San Rafael (Procosara). Esta entidad, con recursos propios, paga a cuatro personas que trabajan como guardaparques, pero que oficialmente son monitores forestales. Como apoyo van dos guardaparques de la SEAM, con lo que suman seis personas que se turnan por día para el cuidado de 73.000 hectáreas que tiene la Reserva.

Para llegar hasta el local de Procosara se debe pasar por extensas plantaciones de todo tipo de granos que abundan en la zona. La Reserva está ubicada a unos 450 kilómetros de Asunción, entre los distritos de San Rafael del Paraná, Tomás Romero Pereira, Edelira, Itapúa Poty, Alto Vera y San Pedro del Paraná, del departamento de Itapúa, y los distritos de Tava’í, San Juan Nepomuceno y Yuty del departamento de Caazapá. Dentro de la Reserva y alrededores -que aún conserva gran variedad de flora y fauna- se concentran varios asentamiento indígenas y campesinos, que por las desgracias de sus circunstancias, representan una parte importante del problema para la conservación de estos bosques.

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