A Quiet Place, la experiencia de un horror silencioso

A Quiet Place, la experiencia de un horror silencioso

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Héctor Jesús Cristino Lucas

Si 2017 fue nombrado por la crítica como el año del horror, 2018 probablemente debería ser coronado como el año de la ciencia ficción. Parece curioso, pero las entregas recientes han ido vinculadas al género Scifi donde paradojas, dimensiones y criaturas extrañas han sido nuestros principales protagonistas.

La semana pasada hicimos un recuento con la crítica de la película Annihilation, donde Alex Garland vuelve a colocar en tela de juicio la duda de si estamos solos en el universo. Ahora toca el turno de John Krasinski de replantear la pregunta a través de una película que se ha convertido en la nueva joya del horror y la ciencia ficción actual.

A Quiet Place, que probablemente tomó a más de uno desprevenido, resulta ser una película pequeña pero que sabe lo que quiere. Con pocos elementos es capaz de proponer nuevas y mejoradas experiencias narrativas como pocos filmes lo han logrado en los últimos años.

Tampoco me malentiendan. No es que estemos cara a cara ante un filme revolucionario ni mucho menos, pero sí frente a un filme que recupera la esencia del horror clásico valiéndose de lo impensable para aterrar.

¿Cómo volver a la época donde el silencio era más aterrador que el sonido? En una época donde es importante la música y el sonido para infundir miedo, Krasinski nos da una cátedra completamente distinta.

A través de una trama mil veces vista en el cine minimalista, estamos ante una película que es capaz de combinar, con excelentes resultados, los géneros de la Ciencia ficción con el del Home Invasion, una extraña pero efectiva combinación entre el drama familiar visto en Sings de Night Shyamalan con el horror postapocalíptico de I Legend de Richard Mathenson.

Lejos de ser una copia que abusa de sus referentes, se deslinda de ellos para encontrar su propia esencia. A Quiet Place es un logro monumental que nos recuerda, así como el Irreversible de Gaspar Noe, que a veces no es tan importante lo que se cuenta sino cómo se nos cuenta.

John Krasinski, quien además de ser director, escribe y actúa en su propia película, nos propone un futuro post apocalíptico donde la humanidad, luego de una terrible invasión, ha optado por resguardarse en sus casas para vivir eternamente en un silencio abrumador y espectral.

Ese es el punto definitivo de la película, el observar cómo funciona la humanidad en pequeños núcleos, alejados de las grandes urbes, viviendo y expresándose sólo a través del lenguaje de señas. Amar, odiar y llorar sólo y únicamente con las manos, mientras se cuidan unos a los otros, ya que el mínimo ruido puede llevarlos a la muerte.

A Quiet Place es ingeniosa. Con sus escasos elementos es capaz de formar nuevas reglas y al mismo tiempo recuerda a películas como I Legend.

El origen de la calamidad, aunque misteriosa, es irrelevante. De dónde o qué son las criaturas que acabaron con el mundo pasa a segundo plano -fungiendo a veces como metáforas o críticas a la sociedad- mientras que la supervivencia de los que quedan es el tema principal.  

Ante esta trama y su nuevo sistema narrativo, las actuaciones de cada uno de los actores son lo más importante. Y aquí, el puñado de protagonistas no sólo cumplen con creces, sino que también logran transmitirnos cada una de sus emociones a través del silencio.

John Krasinski, quien interpreta al padre de familia está casado en el mundo real con Emily Blunt, quien también es su esposa dentro del filme. Las muestras de cariño a través del lenguaje de señas son, más que interpretaciones, auténticas formas de expresión que dotan a la trama de una fuerza descomunal.

Y no olvidemos a la pequeña Millicent Simmonds que ha conquistado Hollywood con otros papeles y con A Quiet Place se ha consagrado y probablemente sigamos viendo más de sus fascinantes interpretaciones.

La nueva cinta de John Krasinski ya puede ser considerada como un clásico que se integra a la privilegiada lista de filmes de horror y ciencia ficción que proponen, que se arriesgan y que luchan por quedarse en una era llena de falsos conceptos de horror basados en screamers baratos o ideas desgastadas.

Sinopsis:

“Sigue la historia de una familia que vive en una casa en el bosque cuidándose de no emitir ningún sonido. Si no te escuchan, no pueden cazarte…”

 

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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