Cuatro dimensiones para la formación ciudadana

Cuatro dimensiones para la formación ciudadana

Tomada de suprahumanos.co/
Martín López Calva

@M_Lopezcalva

I. Pasión

“Somos viscerales porque la visceralidad es una posición cómoda. No se requiere ningún esfuerzo intelectual para descalificar. En términos psicológicos vivimos una etapa de negación colectiva. En pocas ocasiones en nuestra historia nos hemos permitido un ya basta”.

Ramiro Padilla Atondo. A los 4 vientos.

La política implica pasión. Es imposible y además indeseable que la actividad de los políticos profesionales, de los analistas y de los ciudadanos se despoje de las pasiones que están en el núcleo de nuestra estructura de animales sociales, de nuestra naturaleza de seres políticos.

La pasión es un motor poderoso que mueve a las personas a interactuar de determinada manera, a relacionarse con los demás desde ciertas posiciones y contraposiciones, a buscar la realización de determinadas formas de convivencia y organización, de estructuración de las formas de acceso y ejercicio del poder.

Pero cuando la pasión se apodera de todo nuestro campo de visión y guía de manera predominante nuestra opinión y nuestra actuación, nos sometemos a la visceralidad que es la más cómoda de las posiciones y la descalificación se vuelve la forma generalizada de interactuar y de opinar, porque descalificar no implica ningún esfuerzo intelectual, ninguna demanda de análisis, de pensamiento, de reflexión.

Y así estamos hoy en el México de las absurdas “intercampañas” que junto con las “precampañas” no son más que campañas disfrazadas y marcadas por supuestas limitaciones legales que no impiden decir y hacer todo lo que abone a la guerra de lodo que ensucia nuestro panorama político nacional.

Basta con leer los comentarios de los “abajoinsultantes” de cualquier artículo de opinión en los diarios nacionales o internacionales, con mirar los memes y las fake news que inundan las redes sociales para darnos cuenta de la manera avasallante con que la pasión –y no precisamente, la pasión positiva y constructiva que mueve hacia el desarrollo a la política- se ha apoderado de nuestra convivencia cotidiana.

También basta con leer y escuchar las declaraciones y los discursos de los tres principales candidatos a la presidencia de la república y de sus respectivas cortes partidistas para constatar la manera en que están atizando la polarización, el reino de las descalificaciones, el horizonte de la visceralidad como forma de relación política.

II. Ideología

“Poseemos las ideas que nos poseen”

Edgar Morin. Las ideas.

Además de pasión, la política está hecha de ideas, de formas distintas de entender el mundo y el papel que el ser humano tiene en él, de sistemas de conceptos que intentan normar las formas de convivir de los ciudadanos, las instituciones que deben procurar el bien común de la sociedad, los sistemas de gobierno que resultan más adecuados para construir ese bien para todos.

Los políticos profesionales y los ciudadanos como entes políticos poseen ideas más o menos sustentadas, mejor o peor fundamentadas en teorías, más o menos relacionadas con la experiencia de ensayo-error que se van heredando de generación en generación y tratan de persuadir a los demás del valor y la pertinencia de sus ideas, de impulsarlas y acceder al poder para llevarlas a la práctica.

Pero los sistemas de ideas poseen un encanto, una capacidad de seducción, un poder de atracción que pueden fácilmente empoderarlas y convertirlas en las dueñas de las consciencias de quienes las han generado o aprendido, de quienes han entrado en contacto con ellas y han sido persuadidos de su coherencia y pertinencia.

De manera que si bien la política se alimenta de ideas que son generadas por los seres humanos de manera individual o grupal, también resulta degradada cuando las ideas empiezan a poseer a quienes las poseen y se convierten en dictaduras que rigen los comportamientos de personas y grupos.

Y así vivimos hoy en México en un ambiente político enrarecido en el que los  políticos ya no poseen sino están poseídos por ciertas ideas. Y tal como lo plantea Morin en el cuarto volumen de El Método, las ideas, los sistemas, las ideologías adquieren vida propia y empiezan a enfrentarse más allá de la libertad de las personas y las comunidades.

Basta con ver hoy el panorama pre-electoral para constatar que los actores políticos –tanto los que viven de y para la política como los que vivimos inmersos en la política y padecemos sus efectos- están hoy poseídos por las ideas e intereses que solían poseer y han perdido toda capacidad de cuestionar estas ideas e intereses, toda posibilidad de actuar con libertad.

III. Criticidad

“No sólo es fecundo el pensamiento crítico, sino también el pensamiento crísico, nacido en la crisis y sumergido en la crisis.”

Edgar Morin. Las ideas, p. 49.

Además de la pasión y las ideas, la política necesita, precisamente para regular y encauzar las pasiones y las ideas del pensamiento crítico que posibilite el cuestionamiento de las ideas que se poseen y poseen a los actores de los procesos.

Sin pensamiento crítico, el escenario político se empobrece tanto que se llena de descalificaciones y conceptualismo sin fundamento.

Nuestro escenario político está hoy infectado de estas dos tendencias acríticas. Un vistazo a los supuestos debates entre los discursos de los políticos y los comentarios de los ciudadanos acerca del proceso electoral arroja precisamente un resultado en el que llueven las descalificaciones y las expresiones ideológicas vacías de sustento, plagadas de demagogia y completamente alejadas de las realidades acuciantes que están hoy exigiendo soluciones de fondo para la transformación del país.

Este escenario hace cada vez más evidente la necesidad de desarrollar un pensamiento crítico auténtico que posibilite tanto a los políticos profesionales como a los ciudadanos  interesados en la política, trascender la visceralidad y la polarización ideológica y avanzar hacia un análisis ponderado y matizado de los distintos problemas nacionales y de las diferentes ofertas políticas.

IV. Responsabilidad

“Nuestra responsabilidad política es, no sólo conocer nuestra realidad, observarla con cuidado, analizarla, dar cuenta de ella; es también tomar partido por lo que a nuestros intereses personales y colectivos respecta. Es tomar la voz personal, hacerla resonar con las demás voces, consensuar nuestras necesidades, observar las posibilidades y elegir para el bien común. Es legitimar la voz, ser portavoces todos y elegir. Es nuestro derecho”.

Ildaura Rolón Garrido.

La política implica pasión, incluye ideas, necesita reflexión crítica pero solamente se realiza con plena consciencia a través de la responsabilidad. Porque la política requiere ante todo de decisiones: decisiones de los políticos profesionales para diseñar e instrumentar programas que abonen al desarrollo social con visión de bien común, para legislar sobre aquellos aspectos que garanticen una convivencia social constructiva y para impartir justicia pronta y expedita para todos los ciudadanos.

Porque la política necesita decisiones de los ciudadanos para elegir a los mejores gobernantes y para acompañar, vigilar, apoyar y sancionar su desempeño con el fin de participar en la marcha de la sociedad, que no es tarea solamente de quienes gobiernan sino de todos.

El problema de la aún frágil y joven democracia mexicana es que está todavía plagada de pasiones viscerales y de ideologías polarizadas y polarizantes pero todavía muy necesitada de pensamiento crítico y de responsabilidad en la toma de decisiones de quienes gobiernan y de los gobernados.

De cara a las próximas elecciones federales, estatales y locales, los educadores nos encontramos ante el enorme y exigente desafío de largo aliento de educar a las nuevas generaciones para vivir la política desde las pasiones que dinamizan, las ideas que se contrastan, la reflexión crítica que somete a las ideas a la prueba de la realidad y la responsabilidad ciudadana que orienta las decisiones hacia un fin válido que utiliza medios igualmente válidos para la construcción del bien común.

Ojalá podamos cumplir esta tarea. Está en juego el futuro de México.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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