2017: Cuando los monstruos ganan

2017: Cuando los monstruos ganan

Héctor Jesús Cristino Lucas

Roger Ebert (1942 – 2013), considerado por mucho tiempo como el mejor crítico de cine de toda la historia, dijo alguna vez: “Todas las películas en donde chicas semidesnudas mueren a manos de asesinos seriales o fantasmas son nefastas”.

Esta crítica, que los más fanáticos de Jason Voorhees y Freddy Krueger consideraron “elitista”, dejó a relucir un punto bastante importante en la historia del séptimo arte: Si quieres ser tomado en serio en el mundo del cine -y en cualquiera de sus disciplinas- debes andarte con cuidado si de casualidad incursionas en el polémico género del horror, pues puede constarte el prestigio y el respeto de los grandes eruditos.

Incluso quienes se dedicaron al horror y dejaron una importante huella en la historia del cine ni siquiera le tuvieron tanta fe al género. Tal es el caso de Herschell Gordon Lewis, el padre definitivo del Cine Gore que en los años 60 nos trajo cintas como Blood Feast o The Wizard of Gore.

Ante los múltiples comentarios negativos de la crítica, Gordon Lewis decidió arraigarse a una filosofía particular. Para explicar esto debemos hacer un poco de historia.

En 1960 Alfred Hitchcock ya había estrenado su mundialmente reconocida Psycho y la crítica la elogió ¡Cuánta sutileza para horrorizar sin mostrar tanta masacre! Así se convirtió en el rey del suspenso.

La escena de la bañera era lo máximo en cuanto a violencia para entrada la década pero Lewis comprendió que había otro tipo de público esperando ver lo que no se atrevía a mostrar.

Si Hitchcock no mostró a Norman Bates clavar el cuchillo explícitamente en la carne Janet Leigh en 1960, Herschell Gordon Lewis sí lo haría para 1963, cuando estrenó Blood Feast.

Así fue como el género del horror cambió. El horror poético, sublime y romántico de los monstruos clásicos de Universal Studios y del bien manejado suspenso de Hitchcock dejó de ser lo único en el mercado.

Lewis aceptaba que su cine no era para tomarse en serio. Sabía que era un cine de menor categoría y por lo tanto no tenía que temerle a la crítica. Al contrario, decidió explotar eso y volver su cine en algo ridículo y poco creíble.

Así dio inicio una nueva dinámica cinematográfica: entre más masacre, mayores ganancias. De hecho, todavía hay críticos que mencionan a Blood Feast como la principal culpable de que el horror no sea tomado en serio, ya que después de esa obra vinieron otras imitando este tipo de cine: Dawn of the Dead de George A. Romero, The Last House on the Left de Wes Craven y The Texas Chainsaw Massacre de Tobe Hooper.

Lewis sólo veía el horror como un método para ganar dinero de un público ávido de la sangre. Es ahí donde sus palabras cobran sentido: “Yo veo el cine como un negocio y compadezco a quienes lo consideran como un arte”.

Sin embargo, los que culpan a Blood Feast y a Herschell Gordon Lewis de que el horror no se tome en serio, olvidan algo importante. Olvidan que el Horror es indispensable.

Es necesario que exista el horror ya que a través de sus monstruos y criaturas, el género es capaz de representar las emociones más inefables de la humanidad. Esas que en ocasiones no hay palabra ni forma para describirlas. El movimiento del Expresionismo Alemán hizo énfasis en esto con sus múltiples elementos implícitos en sus obras. En el caso del cine, con el claroscuro como batalla simbólica del bien contra el mal y los monstruos como grandes representaciones.

Nosferatu de F. W. Murnau y The Cabinet of Dr. Caligari de Robert Wiene no sólo eran la manera de despojarse de los horrores que se vivían en aquel momento y plasmarlos en criaturas que no estaban vivas ni muertas.

Los conflictos bélicos de la Primera Guerra Mundial, el miedo, la decadencia, la muerte tanto física como espiritual, desencadenaron la creación de este movimiento y sus emblemáticos monstruos. El horror quizás sea el método más antiguo y más contestatario para expresar la inconformidad existencial, el miedo y la repulsión de lo que se vive o de lo que vendrá.

Incluso la ciencia ficción, también uso el horror para expresar el miedo a la tecnología. Metrópolis de Fritz Lang es el caso más notorio, que muestra la lucha de clases y la automatización de un futuro frío y mecanizado donde la máquina -aquí, representada por la Androide María- sería capaz de reemplazar al hombre hasta volverlo un esclavo.

Un arrebato de identidad y consciencia donde la creación (la máquina) mata a su Dios (la humanidad). Un tema que sigue vigente y que podemos ver en obras posteriores como Blade Runner o Terminator.
Los que critican el horror también olvidan que es de hecho una de las emociones más fuertes del ser humano.

La primera vez que se experimentó el horror en el cine no fue con vampiros o muertos vivientes, sino con el cine mismo. El cine en su creación, como una obra nueva y desconocida. ¿Y qué dice Howard Phillips Lovecraft acerca del horror? “El horror es el miedo a lo desconocido”. El miedo se sintió por primera vez en el cine con la imagen de la llegada de un tren a su estación.

La llegada del tren a la estación de la Ciotat (1896) fue una de las primeras películas de la historia, tan solo antecedida por La salida de los obreros de la fábrica en 1895.

El filme de los hermanos Lumiere de apenas un minuto de duración, muestra la llegada de un tren a una estación, y cuando fue proyectada por primera vez en un café parisino como una simple muestra de entretenimiento, los espectadores salieron despavoridos del lugar. Ahí fue, oficialmente, cuando el horror se experimentó en el cine. Fue cuando se demostró, no después, no con ningún movimiento, que el horror de hecho, es el género más importante.

Por años se ha creído que los vampiros son ajenos a temas relevantes. Se liga a los fantasmas con historias intrascendentes y se usa a los monstruos sólo para tramas vacías e infantiles pero ¿qué tanto hay de cierto en esto?

Gojira de Ishiro Honda estrenada en 1954 fue la representación metafórica de los horrores ocasionados por la Bomba Atómica acontecida en Hiroshima el 6 de agosto de 1945. Ul monstruo radiactivo creado por los errores de la humanidad.

Por otro lado, Tobe Hooper quiso demostrar a través de su familia caníbal en The Texas Chainsaw Massacre de 1974, la vergüenza que ocasionó su nación ante uno de los conflictos bélicos más sangrientos de la historia: la Guerra de Vietnam. Y George A. Romero dejó presente con sus zombies en Night of the Lliving Dead de 1968, que el personaje de color puede ser un héroe en un filme de horror, pero un monstruo para un blanco.

Y aunque suene difícil de creer, este tipo de horror, el que propone y se usa como método contestatario, sigue vigente.

El 2017 fue nombrado por muchos críticos y fanáticos como “el año del terror”. Grandes películas avivaron nuevamente el género tanto en crítica como en taquilla y le dieron la relevancia que muchos expertos le arrebataron años atrás.

La francesa Julia Ducournau nos trajo Raw, una visión bastante interesante acerca del canibalismo como crítica social a través de los ojos de personajes femeninos; el argentino Andrés Muschietti nos trajo un respetable remake de una de las obras más reconocidas de Stephen King, It, y Darren Aronofsky nos presentó una dura crítica a la humanidad y su paso por la Tierra con una historia de horror mística y religiosa con Mother!

Sin embargo fue Get Out la película que sorprendió a propios y extraños. Salida de la casa productora Blumhouse -destacada por filmes de terror independientes muy taquilleros como Insidious o Sinister- y escrita y dirigida por un ex comediante Stand Up de color: Jordan Peele.

Get Out es una comedia de horror y hasta ciencia ficción que habla y critica, a través de un humor políticamente incorrecto, el tema del racismo al más puro estilo de George A. Romero con Night of the Living Dead e Ira Levin con The Stepford Wives, pero lo más sorprendente de todo fue su nominación a Mejor Película por la Academy Awards 2018 y aunque no lo ganó, sí que se llevó su estatuilla a Mejor Guión Original. Un galardón más que merecido si me permiten agregar.

Get Out no fue la única cinta dentro de la categoría horror/fantástico que fue nominada en esta última premiación. Guillermo Del Toro, el mexicano que nos ha dejado en claro que no cambiará nunca su género preferido para hacer cine, también estuvo nominado luego de sus incontables galardones en distintos festivales alrededor del mundo.

Nunca una historia de monstruos, desde su emblemática Pan’s Labyrinth, había sido tan galardonada y preferida por la crítica como The Shape of Water. Esto no significa que la Academia está dándole oportunidad al género, sino que directores como Jordan Peele y Del Toro le están dando la importancia que desde siempre ha merecido.

Desde que Jonathan Demme ganó el premio a Mejor Película con The Silence of the Lambs en 1993, el único filme de horror ganador de un Oscar en esta categoría, o desde que Peter Jackson arrasó con todas las estatuillas con el cierre de la trilogía The Lord of the Rings: Return of the King, jamás se había visto algo similar.

Una edición en donde el horror y el género fantástico vuelven para demostrar a los elitistas de la crítica que sigue siendo uno de los géneros más importantes del séptimo arte.

Con el Oscar a Mejor Película destinada a The Shape of Water -y el más que merecido Oscar a Mejor Director para nuestro querido Del Toro- el 2017 no sólo debe ser nombrado como el año del horror. Debe ser recordado como el año en que la categoría fantástica reinó por sobre los otros géneros debido al hartazgo de la realidad. 2017: Cuando los monstruos ganan.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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