¿Les funciona a los periodistas el Estado de derecho?

¿Les funciona a los periodistas el Estado de derecho?

Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

¿Qué es y con qué se come el Estado de derecho? En principio suena muy bonito, tiene aires de democrático y de libertad, ¿en México habrá de eso? Las características de un Estado de derecho podrían abreviarse de la siguiente manera: cuenta con una ley que impera, o sea es la guía social y jurídica para las acciones de los que gobiernan y de los gobernados; hay principios éticos, anclados en la libertad y la autonomía individual;  hay la contemplación de exigencias políticas de carácter democrático, lo que implica la participación ciudadana o la demanda de hacer cumplir la ley si se han violado garantías individuales; finalmente integra construcciones jurídicas institucionales para la protección de libertades de derechos fundamentales, por ejemplo de seguridad, libertad e igualdad.

México, con todo y sus múltiples tipos de violencia, es un país donde “existe” un Estado de derecho, en tanto se basa en las leyes, es decir, el Estado de derecho se dirige al propio Estado, a sus órganos y poderes, a sus representaciones y gobernantes, pues son los primeros que deben comportarse dentro del marco jurídico.

En México hay un Estado democrático de derecho (¡por favor no se ría!), en tanto que los ciudadanos elegimos a los que serán nuestros representantes, de acuerdo a un marco jurídico llamado Constitución que nos permite elegir políticamente a alguien (mediante el voto); asimismo  existe un  Estado de derecho en México, en tanto impera una ley, a la que gobernados y gobernantes nos sometemos.

Viviendo en un Estado democrático de derecho, los periodistas, por ejemplo, no tendrían por qué estar pidiendo asilo en otros países, teniendo unas leyes  e incluso una Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE).

No obstante, en la vida cotidiana de los mexicanos, las leyes parecen estar de adorno, a veces porque no las conocemos y otras tantas porque nuestras garantías son violentadas por un Estado democrático que actúa como un Estado autoritario. Considero que en este punto de quiebre es donde los mexicanos debemos intervenir, apelando al respeto de las leyes que nos cobijan a todos, hay que recordarle y exigirle al Estado mexicano que respete la Constitución, la cual no debería estar al contentillo de la clase política o de las minorías empresariales. En el Estado de derecho me parece fundamental la libertad de expresión de los ciudadanos, máxime cuando hay una crítica al gobierno debidamente fundamentada y documentada, pienso por ejemplo en la que hacen algunos estudiantes, periodistas, activistas o académicos.

Viviendo en un Estado democrático de derecho, los periodistas, por ejemplo, no tendrían por qué estar pidiendo asilo en otros países, teniendo unas leyes  e incluso una Fiscalía Especial para la Atención de Delitos cometidos contra la Libertad de Expresión (FEADLE). El colmo es que hay casos, como el de la periodista Ana Lilia Pérez que refugiada en otro país, seguía siendo violentada por las autoridades mexicanas, allá por el año 2013. En el mejor de los casos los periodistas han logrado hallar refugio en otros países;  otros, los que se quedan, han sido asesinados o bien, ante la simulación de un Estado de derecho, han tenido que hacer una balanza entre su vida y la de sus familiares y han dejado de lado investigaciones periodísticas y han optado por seguir una cobertura ligera de los hechos, tal dinámica no es nueva, existe desde aproximadamente 1960, cuando incluso el mismo gobierno en turno impidió un libre flujo de información alrededor de la matanza de los estudiantes; o hacia finales de los setenta pasó lo mismo con la información acerca del endeudamiento público y las devaluaciones; y en los noventa había una suerte de silencio informativo  por los estragos del Fobaproa o el TLCAN; en el siglo XXI, con internet y un mayor flujo de datos, las investigaciones periodísticas alrededor de casos como el crimen organizado, la corrupción, las mineras o Pemex, siguen siendo temas delicados que no muchos medios de comunicación (a través de sus periodistas) están dispuestos a abordar.

Además, por otro lado, ¿cómo luchar para que se respeten las leyes y de paso nuestros derechos viviendo en medio de la violencia? ¿Quién después de haber sido secuestrado o baleado o de haber perdido a su familia está con los ánimos de seguir?

También hay que entender a los periodistas en su contexto histórico, geográfico, social y político antes de echar pestes contra ellos o imaginar que todos son comprados; actualmente en zonas donde el crimen organizado impera, los periodistas transitan entre la orfandad laboral, social y jurídica; a veces nos enteramos de sus existencias porque los han asesinado. Cuando se habla de que el periodismo se ha convertido en una de las profesiones más peligrosas, ¡es cierto!, pero no por la profesión en sí sino porque en México el Estado de derecho está en declive.

 

NO COMMENTS

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.