Enamorada del hula hoop

Enamorada del hula hoop

Aranzazú Ayala Martínez

@aranhera

Kenya toma el aro de plástico con una mano, alza la cara y lo pone con cuidado sobre su frente. Cuando queda fijo, toma otros dos aros y empieza a moverlos lentamente, desde sus hombros hasta arriba de los codos.

Por momentos parece que los aros están estáticos, flotando entre las partes de su cuerpo o detenidos por unos segundos para después aparecer en otro lugar, como el vuelo de un colibrí.

Lo que Kenya hace se llama flow art, y es un tipo de malabarismo que se desprende de los malabares clásicos con los aros, o hula-hoop, que se centra tradicionalmente en el multihoop, que es como se conoce a la habilidad de mantener la mayor cantidad de aros en el cuerpo sin que se caigan.

Kenya Vera, cuyo nombre de hooper e ilustradora es Fluorescente Kenya, empezó hace cinco años tomando el aro de la manera clásica, pero después comenzó a experimentar con aros más pequeños.

La manipulación de los hulas despertó su curiosidad. Se preguntaba cómo se hacía “el aro que parece magia, que está como detenido en el tiempo”. El flow art consiste en tomar un objeto y crear patrones geométricos con fluidez.

En sus palabras, el flow art es una expresión de ciertos movimientos basados en lo que sale de cada quien, ya sea música, pensamientos o emociones: es la expresión convertida en trazos con malabares.

La primera vez que tomó un aro fue en una fiesta rave, donde es común que las chicas bailen con los hulas. Una de sus amigas llevaba uno y se lo enseñó; Kenya se lo puso en la cintura y jamás lo soltó. Desde entonces la atrapó la sensación mezcla entre baile y libertad.

Foto: Marlene Martínez

La artista pasó un año practicando sola, viendo videos en internet, mientras también exploraba sus propios movimientos con el aro. Aunque también ha utilizado pois (bolas que cuelgan de cadenas) y abanicos para hacer malabares, el aro sigue siendo su objeto preferido.

Al año siguiente fue a una convención de circo en Mazunte, Oaxaca, y a partir de ahí entró a talleres para mejorar su práctica.

No pasó mucho tiempo para que Kenya empezara a salir del país con su flow art. Primero estuvo en Brasil y después en Santa Cruz California, en el festival de hula-hoop llamado “Hoop Camp”, donde se presentó. En junio del año pasado participó en la competencia de malabares Internacional Regional Competition (IRC), en la que ganó el segundo lugar.

Actualmente sigue trabajando en sus propias exploraciones y en la comunicación que fluye entre su cuerpo y los aros, sobre todo en esta otra parte de los malabares.

Kenya dice que bailar con el hula es la única forma de estar viviendo en este mundo, porque cuando toma los aros siente que está fuera de la realidad pero a la vez está consciente.

“Cuando empiezo a bailar siento la liberación de mi espíritu; las cosas que no entiendo de algunas situaciones se me olvidan cuando estoy bailando. Creo que el poder del círculo atrae una buena energía, porque estuve buscando y encontré que hay personas que bailan con los aros desde hace muchos años, y que son bailes dedicados a la tierra y entonces, digo, tiene sentido. Y bueno, eso, amo el hula hoop”.

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