En el retweet está la nota

En el retweet está la nota

Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

Las redes sociales han cambiado los modos en los que se hace periodismo. En el siglo pasado, el reportero (periodista) debía llevar el testimonio del entrevistado o ir al lugar de los hechos; hoy todo parece ser más sencillo, claro, si el periodista tiene redes sociales y sigue a los contactos indicados. De hecho algunos reporteros no se resisten, por ejemplo, a un tweet (acompañado de texto, foto, infografía, meme o vídeo) que resulte escandaloso para la esfera mediática.

Actualmente los reporteros pueden estar en su casa, en el bar, en otro trabajo o en el café y hacer una nota a partir de un mensaje que una figura pública haya hecho desde sus redes sociales. Basta que, por ejemplo, un político sea incisivo para que los reporteros repliquen el mensaje con un formato más o menos periodístico y digo más o menos porque los  periodistas rara vez contextualizan el tweet, sólo dan una entrada al mensaje polémico y dejan en manos de las audiencias la contextualización.

El periodismo juega un papel importantísimo en la legitimación y viralización de los mensajes que las figuras públicas hacen en sus redes sociales, ya sea que quieran acaparar los reflectores o denostar a alguien, sus víctimas más importantes son justamente los periodistas, quienes usualmente entran en el juego al hacer notas informativas de los breves mensajes escandalosos que circulan por redes sociales, a veces dentro del marco de la inmediatez, es decir, sin un rigor de búsqueda y corroboración de datos de por medio.

Estos tiempos de inmediatez, de publicidad y propaganda por redes sociales parecen ser excelentes para la esfera política porque les resulta “barato” mantenerse en el mundo mediático, sobre todo si algún político ha  construido una imagen polémica o escandalosa. Por ejemplo: los medios legitiman, a través del oficio periodístico, el tweet de un político que cause controversia en la vida política mexicana, poco importa si la información tiene más tintes de chisme de lavadero que de interés público. La esfera política es un ejemplo de cómo hay que tejer una red simbólica de dimes y diretes en las redes sociales para que la prensa caiga y replique esos mensajes con titulares escandalosos, muchas veces para distraer la atención hacia temas fútiles.

Tweeter, Facebook e Instagram se han convertido en fuentes informativas de primera mano para los periodistas, quienes al replicar como nota informativa los mensajes que circulan en las redes posicionan temas en las charlas cotidianas de las audiencias y también logran generar tendencias o la viralización de contenidos de poca importancia pública, lo que –desafortunadamente– significa que la gente todavía le da un voto de confianza al periodismo mexicano en general (¡ojalá sólo Televisa y TvAzteca mintieran!), pues existe una idea generalizada de que aquellos que trabajan en el mundo periodístico investigaron la información, estuvieron en el lugar de los hechos y, sobre todo, dicen la verdad; aunque para el diarismo a veces un tweet sea la nota y el trabajo del reportero únicamente consista en copiar, pegar y poner un párrafo o una línea de quién dijo qué, mientras el editor pone un titular todavía más escandaloso o polémico que el mensaje en sí.

En tiempos electorales y de inmediatez, ¿qué sería del periodismo sin los tweets y de la política sin los reporteros-retuiteros?

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