Loving Vincent: Una experiencia cinematográfica única

Loving Vincent: Una experiencia cinematográfica única

Héctor Jesús Cristino Lucas

A lo largo de la historia del cine, y como hemos repasado innumerables veces en esta columna, hay películas que marcan la diferencia y se vuelven referentes inmediatos, ya sea en materia de temática como el Night Of the Living Dead de George A. Romero considerada la primer película en mostrar a los zombies tal y como se les conoce hoy en día,  o bien, en técnica, como con Hardcore Henry en el 2015 que propuso la unión del cine con el formato de los videojuegos.

Cuando The Blair Witch Project se estrenó en 1999, por ejemplo, poco sabían sus directores Eduardo Sánchez y Daniel Myrick que la película marcaría un antes y un después en la historia del séptimo arte gracias al formato -no inaugural, ya que ese título pertenece a Cannibal Holocaust– que otros directores replicarían hasta hacerlo mutar en el subgénero del Found Footage.

Y ahora, damas y caballeros, estamos frente a otra gran película inaugural que nos alcanza casi al término de este 2017. Un film considerado por la crítica, como una joya y un clásico instantáneo no sólo para la historia del cine sino también de la pintura: Loving Vincent (Cartas De Van Gogh).

Dirigida por Hugh Welchman y Dorota Kobiela, Loving Vincent es el primer largometraje de animación en la historia del cine, pintado a mano con técnica al óleo. Algo que recuerda a los intentos de Walt Disney en 1945 por animar las pinturas de Dalí en el famoso cortometraje Destino y que se terminó hasta 1999 debido a la crisis financiera de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque Fantasy es una mezcla de animación tradicional con grandes efectos a computadora que intenta reavivar el estilo surrealista de las obras de Dalí, resulta también un fascinante antecedente de las enormes ganas de replicar mediante el cine el arte de la pintura.

Loving Vincent en cambio, es una muestra de coraje y dedicación, una especie de tributo máximo al arte post-impresionista del misterioso Van Gogh, y que a su vez nos narra su biografía, entre la historia y la leyenda, a través de estas maravillosas pinturas en movimiento.

Dorota Kobiela es una fanática declarada de las obras del post-impresionista, y una apasionada por el séptimo arte. Recordemos que fue ella una de las directoras, junto a Martin Clapp y Geoff Lindsey, de la película live action con stop motion en 3D de The Flying Machine en el 2011.

Kobiela unió entonces estas dos grandes artes, escribió el guion de Loving Vincent junto a su esposo Welchman y fueron 125 pintores -entre ellos la mexicana Mayra Hernández Ríos- especilistas en la técnica al óleo, quienes emularon la obra de Van Gogh en 65 mil cuadros pintados sobre lienzos de 70 por 51 centímetros.

Lo que pocos saben, es que este proyecto se planteó originalmente como un cortometraje pintado íntegramente por Dorota Kobiela, pero creció tanto que terminó convirtiéndose en lo que hoy conocemos como la primer película pintada de la historia. Fueron casi siete años para que el proyecto pudiera concretarse y en más de una ocasión estuvo por cancelarse.

Para aquellos que gustan de armar listas de filmes que tienen que ver antes de morir, pueden agregar sin ningún temor la más reciente obra maestra dirigida por Dorota Kobiela y Hugh Welchman, se los aseguro.

Para estos 125 artistas, dos semanas de su trabajo equivaldrían tan sólo un segundo de película. Un esfuerzo monumental, queridos lectores, que ha valido completamente la pena.

Loving Vincent es una película curiosa cuyo guión une la leyenda y la historia a través de los cientos de cartas que Van Gogh mandó por correspondencia a su hermano Theo y que posteriormente, se publicarían.

Digo que cuenta entre la leyenda y la historia, porque el film se centra en el último periodo de vida de Vincent: las últimas pinturas, las últimas cartas que mandó, y como ha sucedido con muchos artistas, el misterio de su muerte. ¿Qué fue lo que ocurrió en realidad? ¿Suicidio o asesinato?

La película, que de momentos encaja a la perfección dentro del Cine Negro, termina en la especulación y nunca resuelve el enigma. Algo interesante porque la intriga crece poco a poco y cuando las piezas parecen unirse, el verdadero propósito del film nos devuelve a la realidad y nos recuerda que algunas preguntas jamás tendrán una respuesta, o que quizás ni siquiera la necesiten. Loving Vincent funciona, además de biográfica y a manera de tributo, como una película de suspenso.

Loving Vincent está creada para sentir. No es un film detectivesco, aunque de cierta manera lo parece. Ni tampoco un documental, aunque sí que tiene importante información verídica. Sólo es un viaje de imaginación, tan hermoso como trágico, de lo que fue alguna vez el hombre de la leyenda: “el artista loco de la oreja rebanada”.

Loving Vincent sorprende por su gran ejecución. Realmente da vida a sus personajes bañados en óleo -como Douglas Booth, Armand Roulin, Saoirse Ronan o Margaret Gachet-. Dota de humanidad a ciertas pinturas que no sólo andan, hablan y caminan, sino que también sienten.

Difícilmente esto se logra. Recordemos el film Anomalisa de Charlie Kaufman, que más de una vez se dijo era la película más humana sin rastro alguno de humanos. Loving Vincent es igual. Cobra vida y nos hace sentir más allá de una actuación, de una historia. Nos hace vivir la pintura.

Esta película es todo un preámbulo, la innovación de las artes. Nos muestra la capacidad para unir campos diferentes del arte y se abre la posibilidad de futuros híbridos o nuevos conceptos.

Esto nos hace preguntarnos si el film quedará como un producto único, o vendrán otros, quizás, que repliquen la fórmula hasta crear un nuevo género.

Mientras tanto, Loving Vincent queda como una cita obligada no sólo para los amantes de las artes, sino para todo público que guste de un festín visual y una experiencia irrepetible. Porque eso es. Más que sólo apreciar pinturas al óleo, resulta toda una experiencia.

Sinopsis:

“La verdad es que sólo podemos hacer que sean nuestros cuadros los que hablen”, afirmaba Van Gogh en su última carta. Y será precisamente a través de una recreación de sus obras y de las 800 cartas que escribió el pintor como conozcamos su vida y su misteriosa muerte. Una trágica historia llena de incomprensión, rechazo artístico, desamor y problemas económicos que acompañaron a uno de los artistas más importantes de la historia del arte.”

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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