El veneno y el antídoto

El veneno y el antídoto

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“Una misma sociedad puede oscilar políticamente hacia la alta complejidad (democracia) o la baja (poder autoritario).”

Edgar Morin. Método V. La humanidad de la humanidad, p. 214.

 

Las últimas semanas hemos vivido en México varios episodios que evidencian un proceso de regresión autoritaria producto de las fuerzas del viejo régimen priista que nos hacen tener la experiencia de lo que describe sintéticamente la muy conocida fábula de Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

La oscura destitución del fiscal para delitos electorales, la aún no descifrada renuncia del Procurador General de Justicia a nivel federal, la aprobación de una ley que da marcha atrás a mucho de lo ganado en términos de derechos de las audiencias, la evidente y muy probablemente exitosa maniobra para garantizar la impunidad del ex –director de PEMEX ante los procesos de corrupción asociados a la empresa Odebrecht, etc. son signos indudables de una estrategia del viejo sistema que no solamente se niega a morir sino que intenta restaurar las condiciones que lo hicieron mantener el poder durante más de ocho décadas.

Sin embargo, hay que decirlo para mantener la esperanza e intentar recuperar un poco de la moral perdida en nuestro país, como afirma Edgar Morin, una misma sociedad puede mostrar signos que la orientan hacia la alta complejidad que implica la vivencia de la democracia y simultáneamente evidenciar elementos que la intentan regresar a la baja complejidad que es propia de los regímenes autoritarios.

Vivimos en un país que se encuentra en una etapa especialmente crítica en términos de esta tensión dialógica entre autoritarismo y democracia. Una etapa en la que se muestran con mucha fuerza los intentos de restauración de un sistema autoritario basado en el control absoluto y se valoran –o deberían valorar- cada vez más los avances que la transición democrática del cambio de siglo aportó para poner las condiciones de posibilidad para la emergencia de una nueva sociedad, auténticamente democrática.

 “El principio de la soberanía del pueblo funda en el derecho el carácter democrático del Estado-nación, pero la democracia no ha progresado en él sino de manera incierta, aleatoria, incompleta…” afirma Morin en la página 205 del libro citado en el epígrafe de esta Educación personalizante. En el caso de nuestro país, vivimos con intensidad y preocupación esta emergencia democrática incierta, aleatoria y muy incompleta aún, pero esperanzadora y todavía posible.

Nos encontramos en el inicio de un proceso electoral que definirá además de la presidencia de la república un buen número de gubernaturas, municipios y puestos en el congreso. Un proceso clave que marcará en gran medida el rumbo de nuestro país haca el futuro y que inclinará la balanza hacia la vivencia de una democracia más sólida y plena o hacia el predominio de una restauración autoritaria de un sistema caduco, corrupto y generador de exclusión que creíamos ya superado.

 

“En tanto que sistema que comporta el control de los ciudadanos, la separación de los poderes, la pluralidad de las opiniones y el conflicto de las ideas, la democracia es el antídoto a la omnipotencia del aparato de Estado y a la locura del poder personal”

Edgar Morin, Método V. La humanidad de la humanidad, p. 204.

 

La democracia es el antídoto para el veneno del autoritarismo, de la omnipotencia del aparato de Estado y la locura del poder personal o de grupo o facción. La democracia es el único antídoto descubierto hasta ahora para enfrentar la desmesura y el delirio del poder de personas, grupos o partidos mediante el control de los ciudadanos, la separación de poderes , la pluralidad de las opiniones y el conflicto de ideas.

Vivimos en un país que está infectado por el veneno de la locura del poder que no se ha acabado de ir y quiere perpetuarse. Vivimos en un país que intenta matar nuestras aspiraciones de libertad y justicia con el veneno de la omnipotencia del aparato gubernamental que se mantiene incólume frente a cualquier escándalo de corrupción, de abuso, de exclusión y desprecio por las necesidades reales de la gente.

Pero ante este veneno tenemos también el antídoto, lo conocemos ya y como sociedad hemos ido aprendiendo a usarlo en situaciones críticas como la que acaba de sacudirnos con el terremoto del 19 de septiembre.

Tenemos el antídoto y necesitamos aplicarlo con mayor intensidad, con más amplitud, con mejor impacto, con más intencionalidad, con fuerza compartida por el anhelo común de una vida mejor para todos.

 

“La democracia es la regeneración continua de un bucle retroactivo: los ciudadanos producen la democracia que produce a los ciudadanos. La democracia se funda a la vez en el contexto de los ciudadanos que aceptan su regla del juego, y en el conflicto de intereses e ideas. La regla del juego sanciona el afrontamiento de las ideas por la elección y no el recurso a la violencia. La democracia constituye la unión de la unión y la desunión: se alimenta endémicamente de conflictos que le dan su vitalidad”.

Edgar Morin, Método V. La humanidad de la humanidad, p. 219.

 

La democracia es el antídoto, la solución que nos lleva a revertir los efectos del veneno autoritario. Porque la democracia puede regenerar paulatinamente nuestra forma de convivir desde este poderoso bucle en el que los ciudadanos producimos la democracia que a su vez produce a los ciudadanos.

Aquí encontramos un primer elemento fundamental para asumir el reto de la educación personalizante en este momento crítico de México: si queremos mantener y reforzar el antídoto contra el veneno autoritario necesitamos formar ciudadanos que produzcan democracia para poder crear la democracia que produzca a los nuevos ciudadanos. Los educadores necesitamos formar ciudadanos democráticos, personas comprometidas con la pluralidad, el respeto a las diferencias, la inclusión de todos y la búsqueda de justicia.

La formación de ciudadanos democráticos se funda esencialmente en el principio de educar personas capaces de aceptar las reglas –normas, leyes, instituciones- de la democracia y al mismo tiempo ser capaces de vivir aceptando y alentando el conflicto de intereses e ideas que se van procesando en el diálogo evitando a toda costa el recurso a la violencia.

La formación de ciudadanos para la democracia requiere el esfuerzo, la apuesta y la estrategia para educar personas que entiendan a la sociedad democrática como la unión de la unión y la desunión, como la integración armónica y dialéctica entre personas y grupos afines y personas y grupos diferentes. Se trata de educar personas que entiendan y vivan el conflicto no como algo negativo sino como un componente fundamental para la vivencia de la dialéctica entre mayorías y minorías que tiene que irse resolviendo de manera sistemática y permanente para vivir pacíficamente y construyendo sinergia para buscar el bien común.

En estos tiempos difíciles de México, los educadores tenemos que enfrentar con esperanza y entusiasmo el desafío de educar a los ciudadanos democráticos que serán el antídoto contra el veneno del regreso del autoritarismo que desafortunadamente está tocando a la puerta con cada vez mayor insistencia.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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