Circulación de información en tiempos de tragedia

Circulación de información en tiempos de tragedia

Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

El 19 de septiembre de 2017, a las 13:14 hrs., un sismo  de 7.1, con epicentro al sureste de Axochiapan, Morelos, marcó la vida de habitantes de Morelos, Puebla y Ciudad de México, principalmente. Se derrumbaron edificios y casas, mucha gente murió y otra sigue desaparecida. La catástrofe y el miedo nos dejaron atónitos por un momento, pero a la vez activó a muchos a acciones concretas de ayuda.

Ese día los celulares no enlazaban llamadas o mensajes al instante, la red estaba saturada, la comunicación era intermitente y la angustia permanente; no obstante, redes sociales como Facebook, Twitter y WhatsApp  ayudaron en demasía, por ejemplo, bastaba enviar un mensaje a un grupo de whats para que todos sus integrantes se enteraran que alguien estaba bien, se le había ido la luz o necesitaba ayuda; el face creó una aplicación para que la gente indicara que estaba bien tras el temblor. La angustia, por lo menos, fue menor para los familiares o amigos que estaban en otra parte de la ciudad, en otro estado, país o continente.

Hay que agradecer que haya ingenieros en Desarrollo de Software, en Ciencias de la Computación o  Informática, pues las redes sociales digitales fueron herramientas de comunicación y organización para pasar a la acción, dado que a través de éstas -y no de los medios masivos de información–nos íbamos enterando de la dimensión de la catástrofe, con sonido ambiental y sin producción de por medio. Los jóvenes universitarios, esos millennials que andan pegadotes al celular y que saben bien el tejemaneje de las redes sociales, nos ensañaron la valía de las plataformas digitales. Una vez más nos mostraron que la comunicación por redes es efectiva y se pueden crear comunidades reales para hacer funcionar la empatía con acciones: ahí tienen los centros de acopio o las brigadas de jóvenes universitarios de todas las áreas, quienes a su vez activaron a sus contactos digitales, vecinos, al tío, al abuelito, a sus papás o a sus amigos a ayudar. Por ejemplo, algunos chavos quizás nunca habían ido a la Mixteca poblana, pero ahora fueron a levantar escombros, a evaluar casas dañadas, a preparar comida, a curar gente o a consolarla;  también han hecho un registro de fotos y vídeos de lo que han visto, ello les ha permitido organizar dónde y cuáles son las necesidades específicas de las comunidades perjudicadas por el sismo para que sus contactos en redes sociales se enteren y puedan ayudar mejor a la gente.  (Herramientas como Excel, aplicaciones de Google y software libres han sido de gran utilidad en el proceso).

¿Dónde quedaron los medios de información? Ahí estaban (ahí están), pero nos iban contando lo que la comunidad digital ya había visto en las cuentas oficiales de Protección Civil, el Servicio Sismológico Nacional o la Cruz Roja o lo que ya había circulado en redes sociales, lo que los chavos ya sabían y ya habían compartido en sus cuentas o incluso ya habían llamado a hacer acciones concretas de ayuda: centros de acopio, creación de brigadas o recomendaciones para llegar a zonas afectadas. Los medios masivos de información estaban funcionando en las plataformas digitales como un contenedor de tuits y retuits.

También a través de redes sociales la gente se enteraba que las ayudas no llegaban, que el gobierno imposibilitaba, por ejemplo, el traslado de víveres, entonces entre que eran peras o manzanas, la ayuda civil no sólo quedó en el acopio sino en la transportación de víveres, ropa, medicinas y gente que iba con sus palas y picos a levantar escombros o a ayudar a sacar los muebles de las casas afectadas para llevarlos con un vecino;  bastaba que el propietario de una cuenta de Facebook, Twitter y WhatsApp  tuviera buena reputación ética entre sus contactos para que éstos se sumaran a la convocatoria de ayuda a nivel local, nacional o internacional.

Los jóvenes universitarios, esos millennials que andan pegadotes al celular y que saben bien el tejemaneje de las redes sociales, nos ensañaron la valía de las plataformas digitales. Una vez más nos mostraron que la comunicación por redes es efectiva y se pueden crear comunidades reales para hacer funcionar la empatía con acciones

Los medios informaban a cuentagotas porque tenían que corroborar la información, en el mejor de los casos, en el de los serios y éticos. Claro que la información a medias, poco confiable y la información falsa también comenzó a circular, ante ello, algunos periodistas  o empresas periodísticas comenzaron a usar el hashtag: “información verificada” o “información corroborada”. Los medios tuvieron una triple batalla informativa ante la tragedia: 1) Ir al lugar de los hechos y cruzarla con la información oficial y de redes sociales; 2) Informar de manera imparcial; y 3) Ganar credibilidad social. Claro que hay medios que no pasan ni la primera batalla, con o sin catástrofe de por medio.

En esta catástrofe que parte de México atraviesa tras el sismo, los medios masivos de comunicación se quedaron cortos ante la comunidad digital, sobre todo porque los usuarios de éstas ya no tienen que recurrir a los medios de información para saber qué edificios o escuelas están dañados, para ello tienen contactos que podrían vivir por la zona y tener un registro en vídeo o fotografías de primera mano; ya no tienen que esperar a ver qué dicen los medios para saber que no habrá clases, se van directo a la cuenta oficial de la SEP; ya no tiene que esperar a que los medios les informen dónde y de cuántos grados fue un temblor o una réplica, mejor consultan la cuenta del Servicio Sismológico Nacional; etc. Al contrario, la prensa a veces ha tenido que recurrir a las comunidades digitales para enterarse qué está pasando, corroborarlo y publicarlo.

Ante las comunidades digitales y prosumidoras (productoras y consumidoras de contenidos por internet), los medios masivos de información son testigos de su propia plaga: la inmediatez, ojalá el periodismo de investigación los salve.

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