Sucesos, no cosas II: formación valoral

Sucesos, no cosas II: formación valoral

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“Creo que lo que quería transmitir es la sensación de que si piensas que la realidad es sólo campos cuánticos y/o átomos, o nada más, no significa que se trata de algo simple. Significa que hay además de eso, espacio para la increíble complejidad incluyendo las galaxias, los bosques…e incluyendo nuestras propias emociones, nuestra propia complejidad como seres humanos. Pensar en la descripción científica del mundo es básicamente correcto. No hay nada más. Esto no significa negar la complejidad de lo que somos. Por el contrario, significa reunirla de manera unitaria con lo que sabemos sobre el mundo”.

Carlo Rovelli. On being.

 

En este espacio de Educación personalizante abordé la semana pasada el tema de las implicaciones que tendría para una nueva concepción de la Educación, la comprensión y aplicación de la idea básica de la Física cuántica que según el profesor Carlo Rovelli consiste en entender al mundo no como un conjunto de piedras –cosas- sino como un conjunto de besos –sucesos- que ocurren en cierto momento y contexto definido. Se trata de una visión del mundo centrada en la interacción y no en un estado de equilibrio estático.

El planteamiento de la semana pasada analizó de manera sintética estas implicaciones en cuatro dimensiones que son fundamentales en todo proceso educativo: la de la concepción del sujeto humano que se educa, la de la idea que se tiene sobre el conocimiento que se aprende, la de la perspectiva ética que produce y es producida por el proceso educativo y finalmente, la del modelo de sociedad desde y para el cual se educa.

La manera de entender estas cuatro dimensiones que son generadoras de todo sistema educativo y a su vez generadas por él,  cambia radicalmente si entendemos el mundo como compuesto de cosas o si lo visualizamos como una serie infinita de interacciones, según lo planteamos en la entrega anterior.

Hoy siento la necesidad de retomar el tema central de este texto previo y profundizar en la dimensión moral o ética de la educación por una parte porque se trata del área temática en la que se ubica mi trabajo de investigación educativa y por otra debido a la presentación que la semana pasada hizo el gobierno estatal de Puebla de la campaña: “Donde hay un poblano, hay compromiso”.

La campaña responde según el discurso del gobernador del estado a “…una estrategia integral para generar oportunidades de desarrollo y reconstruir el tejido social, a través de valores como la honestidad, generosidad, respeto, paz, responsabilidad, igualdad y solidaridad…” dice la nota de Ángulo 7.

“Esta campaña, con duración de un año, consiste en la promoción de principios para recuperar el tejido social, por lo cual cada mes se hará la promoción de distintos valores a través de diversos medios…”. Según la información que se planteó, se iniciará el primer mes con el trabajo en el valor de la honestidad.

La creación de una campaña centrada en los valores con el objetivo de reconstruir el tejido social tan dañado en nuestros días no solamente en el estado de Puebla sino en todo el país y en muchos lugares del mundo es sin duda una buena señal que demuestra que a los gobernantes de nuestra entidad les preocupa la dimensión ética de nuestra sociedad y consideran que las políticas públicas deben incidir en esta dimensión fundamental para poder regenerar la convivencia social distorsionada por la violencia, la corrupción, la impunidad y el abuso.

Pero para que una campaña como esta tenga el éxito que se espera, tendría que enfocarse desde su concepción hasta las acciones concretas pasando por las líneas estratégicas que la sustentan, en una visión actual y pertinente de los valores, la moral, la ética y en planteamientos metodológicos probados y consistentes con estas visiones teóricas contemporáneas.

Las concepciones sobre la Ética y la educación en valores han mostrado de manera consistente la insuficiencia de las visiones que conciben a los valores como contenidos a enseñar y que centran sus estrategias en la inculcación de valores tal como lo plantea la campaña “Donde hay un poblano hay compromiso”. La evolución de la reflexión ética y la literatura sobre educación en valores o educación moral ha cuestionado enfáticamente la perspectiva que concibe a los valores como absolutamente objetivos y los métodos que buscan la enseñanza de valores aislados como los presenta este programa.

“A Juanito le robaron su torta en el recreo, pero tuvo mala suerte porque el valor de la honradez se trabajó el mes pasado” decía irónicamente un docente en un curso donde criticamos estos enfoques de trabajo con valores aislados y desde una perspectiva de enseñanza moral.

La campaña “Donde hay un poblano hay compromiso” es un ejemplo muy claro de la concepción del mundo como cosas –piedras- y no como sucesos –besos-, de la idea de que los valores son objetos que permanecen iguales a sí mismos, estáticos e independientes de nosotros y que  pueden ser enseñados de manera aislada.

Todas las teorías éticas actuales hablan de la simplificación que está detrás de estas propuestas de trabajo con los valores, porque es evidente que en la vida real, el problema moral es mucho más complejo que enfrentar la decisión entre un valor y un “antivalor”. La dimensión moral de la vida humana tiene que ver con situaciones y problemas en los que intervienen múltiples factores y entran en juego tensiones entre valores distintos. Porque como afirma Edgar Morin: “Existen contradicciones éticas entre dos bienes a promover y entre dos males sin que se sepa cuál es peor…puede haber antagonismo entre una ética para el individuo y una ética para la sociedad. Debe destacarse también…la imposibilidad de armonizar completamente el bien individual y el bien colectivo, la imposibilidad de lograr un interés colectivo a partir de los intereses individuales…” (Método VI: Ética, p. 48), razón por la cual, afirma el pensador francés, no existe un imperativo categórico único en todas las circunstancias.

De estos planteamientos sobre la ética se desprenden las propuestas metodológicas contemporáneas para trabajar los valores que dejan atrás la ingenua finalidad de inculcar o enseñar valores y asumen el desafío complejo de trabajar con las personas a partir de la explicitación de los dilemas morales y las contradicciones éticas que les presenta la existencia concreta.

La campaña “Donde hay un poblano hay compromiso” es un ejemplo muy claro de la concepción del mundo como cosas –piedras- y no como sucesos –besos-, de la idea de que los valores son objetos que permanecen iguales a sí mismos, estáticos e independientes de nosotros y que  pueden ser enseñados de manera aislada.

Pero como decíamos la semana pasada, los valores no son cosas sino sucesos que existen en la interacción entre los seres humanos –consigo mismos, con la naturaleza, con los demás seres humanos, con la sociedad y con la especie- y por eso no pueden concebirse de manera estática y aislada ni enseñarse como si fueran contenidos de una asignatura tradicional. No aprendemos valores, aprendemos a valorar cada vez mejor a partir de la explicitación de nuestra actividad consciente intencional en el nivel de la deliberación y la toma de decisiones, del ejercicio sistemático de esta actividad –que es un conjunto de operaciones que suceden, no una suma de cosas que se aprenden- y de la búsqueda de autenticidad humana en este ejercicio.

La presentación de esta campaña y la revisión de muchas propuestas que siguen vigentes en el día a día de nuestras escuelas y universidades en el terreno de la formación valoral o ética de los estudiantes resultan ejercicios muy ilustrativos que nos pueden hacer caer en la cuenta de que la transformación de nuestra concepción del mundo visto como conjunto de cosas al mundo entendido como red de interacciones no es un asunto teórico alejado de nuestra realidad sino que tiene implicaciones humanas, sociales y educativas mucho más cercanas a nosotros de lo que muchas veces imaginamos.

Porque mientras siga vigente la idea del mundo centrada en las cosas y no en las interacciones, la reforma del espíritu que requiere encabezar el sistema educativo seguirá siendo una finalidad inalcanzable.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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