Contra la podredumbre de la palabra hablada

Contra la podredumbre de la palabra hablada

La Perrera *

Nos alegra escribir aquí, a veces tardamos en hacerlo porque no sabemos a qué darle prioridad en un contexto que nos rebasa.

Desde hace algunos años, nos percatamos que la sociedad sentía la necesidad de ser escuchada. Así, los medios de comunicación comenzaron a ser espacios de denuncia para las personas; en los noticieros, por ejemplo, podemos hablar en el momento, dar cuenta de lo que está sucediendo, es decir, tener inmediatez. Talks shows, realitys, la radio, intervenciones en vivo, hablar, hablar, decir en voz alta… programas que develan esta realidad. Enuncian como altruista lo que establece dinámicas de explotación afectiva; en otras palabras: exhiben el dolor, humillan a la audiencia y alimentan el morbo de una sociedad que se relaciona a partir de la violencia.

Educados desde la imagen melodramática, el hit es transmitirlo en directo al grado de caricaturizar la realidad, sin embargo, se hace responsable al público porque se mide a partir del índice de audiencias. Esto es muy peligroso. Porque aunque no están exentos de verdad, la exageración y la mala calidad de los programas subestiman la inteligencia del radioescucha o del espectador, no obstante, cubre una necesidad fundamental: la participación.

Un ejemplo claro es el programa de radio de Javier López Díaz, quien sacó una encuesta que, en efecto, ofende la inteligencia de la audiencia, daña la sensibilidad y reproduce dinámicas de violencia. No es menor, pues minimiza la importancia del feminicidio, produce y hace circular discursos que permiten tejer una trama de manipulación y control que hay que examinar de modo más complejo.

El discurso en respuesta es la libertad de expresión. Nosotras no somos partícipes de una libertad que fomenta una sociedad idiotizada por la seducción de la palabra. Se trata de intercambiar ideas, no de tolerar estupideces. Lo sentimos mucho, mmm no, la verdad no. La censura no está en nuestras manos, pero desde nuestra voz no omitiremos nada. Estamos fastidiadas de esos programas de radio que perpetúan dinámicas misóginas y clasistas. ¿Quién escucha a López Díaz? La clase baja y media, de la que representan prejuicios que más tarde se asumen.

Este espacio radiofónico ha sido una importante plataforma política para la persuasión colectiva, mercadea con la dignidad, se atreve a informar con dolor y sensacionalismo, estableciendo un grado de vigilancia mayor según los niveles en los que el radioescucha esté receptivo, pues resemantiza la información a través de las redes interpersonales y lazos sociales.

Sabemos de la herencia autoritaria de comunicación de masas en el país y cuyo agente movilizador de la política es el mercado. Aquí está el autoritarismo: pasar por encima de la gente para generar ganancias en un régimen político que asesina a periodistas y violenta a las mujeres, usted con sus comentarios contribuye a legitimar una autoridad que aplasta la libertad. Sin mencionar su falta de ética, carente de autonomía.

El programa en cuanto a promesa de ayuda, entre los reporteros ciudadanos a las sillas de ruedas, son una herramienta que debería ser considerada en los propósitos básicos del cualquier gobierno. Guarda apariencias de instituciones de origen totalitario mientras genera una válvula de escape para la población que lo escucha y de la cual hace negocio.

Que los locutores de radio tomen de nuevo una capacitación con perspectiva de género a la hora de comunicar, no modifica nada, nosotras, contrarias a dar la nota y las soluciones inmediatas, sabemos que no es la primera vez que los locutores de radio hacen este tipo de comentarios, que, de querer hacer algo, quitarían el programa, las capacitaciones son una manera de decir: ok, ¡pero ya cállate! ¡¡No, que se callen ellos!! Que se salga su voz de nuestras mañanas.

Nosotras somos de la idea que un curso no solucionará nada, ni siquiera un escarmiento, pues esos comentarios misóginos se desplegarán con otras oraciones y otras dinámicas. Nos gustaría que lo sacaran, sí, sin darle las gracias, pero se juega una arena pública importante, pues su autoritarismo no sólo es la que se vincula con las condiciones del Estado y participación pública, también con fuentes de control o imperativos de movilización. Abusos de todo tipo hemos escuchado, desde intromisiones a la vida privada hasta información estridente, escándalos, linchamientos, juicios mediáticos, en nombre del flujo de la información.

Tirano de la comunicación. Lo queremos fuera.

* Somos un ejercicio de escritura anónima, colectiva y libertaria.

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