Construyendo autonomía: la paradoja de la libertad humana

Construyendo autonomía: la paradoja de la libertad humana

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“La autonomía humana y las posibilidades de libertad no se producen ex –nihilo, sino por y en la dependencia anterior (patrimonio hereditario), la dependencia exterior (ecológica), la dependencia superior (la cultura), que la coproducen, la permiten, la nutren, al tiempo que la limitan, la subordinan, y amenazan permanentemente con sujetarla y destruirla”.

Edgar Morin. Método V. La humanidad de la humanidad, p. 310.

Una de las grandes herencias del proyecto de la modernidad, no solamente en el ámbito político sino en el campo de lo educativo es el descubrimiento y la defensa de la autonomía del sujeto humano, de la libertad de cada individuo para elegir y construir su propio proyecto de vida.

Esta es una de las banderas emblemáticas de nuestro tiempo y en lo general coincido en que hay que enarbolarla, trabajar por ella y como educadores buscar los mejores métodos y estrategias para desarrollarla en nuestros estudiantes. Prácticamente en todos los modelos educativos se plantea el desarrollo de la autonomía como un elemento central, incluyendo el Modelo educativo para la educación obligatoria presentado en este 2017 por la Secretaría de Educación Pública, que tiene como subtítulo: Educar para la libertad y la creatividad.

Aunque el nuevo modelo educativo no fundamenta ni explica de una forma clara y consistente esta finalidad educativa expresada en el binomio libertad-creatividad, se trata de una finalidad muy pertinente y acertada que habría que explorar, estudiar, entender adecuadamente, formular en sus alcances y limitaciones y llevar a la práctica en todos los niveles y asignaturas del sistema educativo nacional.

Porque la creatividad entendida en su dimensión más profunda no es solamente un conjunto de habilidades intelectuales que permiten generar soluciones novedosas, originales o distintas a las ya establecidas sino un dinamismo humano fundamental que tiene que ver con transformar la realidad que nos es dada, imprimiéndole forma humana. Se trata pues de una tendencia de todos los seres humanos que no se conforman con el mundo tal como lo reciben y buscan a partir de preguntas y procesos heurísticos encontrar formas de modificarlo para hacerlo más humanamente vivible para todos.

Desde esta perspectiva, la principal tarea creativa es la construcción de la propia existencia, el planteamiento y continua modificación de un proyecto de vida personal que lleve hacia la realización aportando elementos para el mejoramiento de la realidad en clave de humanización. De ahí que el filósofo canadiense Bernard Lonergan plantee en su obra fundamental Insight. Estudio sobre la comprensión humana que “la principal obra de arte es la construcción del propio drama”, es decir, de la propia existencia.

El desarrollo de este reto creativo supone la libertad porque como es obvio, resulta imposible construir un proyecto de vida personal propio y satisfactorio en condiciones de opresión o imposición, así como es también totalmente impensable un proyecto de transformación del mundo hacia la humanización en un sistema socio-político dictatorial y autoritario.

Sin embargo tanto la creatividad como la libertad están sujetas a condiciones y determinaciones de carácter genético, ecológico, social y cultural como dice la cita que sirve de epígrafe a esta Educación personalizante y toda libertad que sea exclusivamente egocéntrica e ignore estos requerimientos internos y externos que se manifiestan también en imperativos morales puede convertirse en una libertad criminal.

“Nos construimos siempre gracias a, o a pesar de, las identidades que los otros significativos pretenden asignarnos” dice –más o menos, estoy citando de memoria- el filósofo Charles Taylor. Nuestra tarea creativa se realiza siempre en diálogo con los demás y con las condiciones que nos toca vivir, de manera que el proyecto de nosotros mismos que vamos construyendo está siempre alimentado por lo que los demás nos aportan ya sea porque asumimos esas aportaciones o porque nos rebelamos contra ellas.

Construir autonomía en las familias, en las aulas y en el contexto social amplio implica necesariamente trascender la visión falsa de la libertad como ausencia de condicionamientos –la libertad no es indeterminación sino autodeterminación, dice Lonergan– y como posibilidad ilimitada de decidir lo que individualmente queremos ser y hacer.

Esta es la paradoja de la libertad humana que no es por supuesto, libertad absoluta sino autonomía-dependiente, autodeterminación en medio de las determinaciones y no significa en absoluto la negación de la libertad o la imposibilidad de la autonomía.

Construir autonomía implica asumir la concepción de libertad como autonomía-dependiente, es decir, como capacidad de auto dirigir nuestras vidas en el marco y desde los constreñimientos que nuestra propia realidad biológica y psicológica nos presentan y desde los condicionamientos a los que nuestra realidad geográfica, social, política, económica y cultural nos someten. De manera que nada más incorrecto que afirmar que “mi libertad termina donde inicia la de los demás”, porque nuestra libertad individual está influida y a la vez influye inevitablemente en la libertad de los demás en el contexto de la ecología de la acción.

La libertad verdadera solamente puede ser alcanzada en comunidad, afirma el actor Martin Sheen en una reciente entrevista en el Podcast On being, aún cuando esa comunidad sea imaginaria o no esté concretamente presente frente a nosotros, como es el caso de la comunidad amplia de la humanidad en su trayecto histórico. Porque tenemos la marca de esa dependencia anterior –lo hereditario- impresa en nuestro proyecto de libertad creativa y también el sello de la dependencia exterior –ecológica- y de la dependencia superior –la cultura- que influyen de manera explícita o implícita en nuestras decisiones y acciones.

Pero esta es la paradoja de la libertad humana que no es por supuesto, libertad absoluta sino autonomía-dependiente, autodeterminación en medio de las determinaciones y no significa en absoluto la negación de la libertad o la imposibilidad de la autonomía.

La paradoja de la libertad humana es, como afirma Morin, que las mismas dependencias ya mencionadas coproducen, nutren y refuerzan la autonomía de los sujetos pero al mismo tiempo son factores que la limitan, la subordinan y la amenazan de manera permanente con sujetarla o aún destruirla.

Educar para la libertad y la creatividad, desde esta perspectiva humanista compleja implica la construcción de autonomía en nuestros estudiantes pero de una autonomía que no es meramente egocéntrica sino que se vive claramente como autonomía dependiente de las condiciones internas y externas que la posibilitan y al mismo tiempo la limitan.

Esta visión de autonomía y su construcción en el sistema educativo es un factor fundamental para contribuir a la democratización de nuestra sociedad, entendiendo que se trata de un proceso histórico, siempre inacabado en el que se van extendiendo los derechos y las libertades de los individuos para contar con ciudadanos relativamente libres que están sujetos a sus deberes para poder gozar de sus derechos.

Ojalá los educadores nos comprometamos con esta construcción de autonomía que implica al mismo tiempo el reto de romper con la imposición y el autoritarismo que caracteriza la educación tradicionalista y combatir la visión de libertad puramente egocéntrica que ignora las dependencias y constreñimientos, deja a un lado los deberes y deviene criminal y destructora del tejido social.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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