¿Cómo les va a los espacios culturales alternativos en Puebla?
Celebran encuentro para compartir experiencias y perfilar panorama ante "lógicas de despojo y mercantilización de la cultura por parte del Estado"
Por Ámbar Barrera @astrobruja_
12 de junio, 2017
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Celebran encuentro en bar Karuzo para compartir experiencias y perfilar panorama ante «lógicas de despojo y mercantilización de la cultura por parte del Estado»

Foto: Marlene Martínez.

Ámbar Barrera

@dra_caos

¿Qué problemas y límites enfrentan los espacios culturales autónomos? ¿Qué proyectos y alternativas han construido? ¿Qué hacer para fortalecer las resistencias y propuestas hacia la producción de una cultura libre, autónoma y comunitaria?

Guadalupe Rodríguez del Centro Cultural La Pirámide en la Ciudad de México, Mina Lorena Navarro, profesora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades, BUAP y Daniele Fini, conocedor de los centros culturales en Italia, buscaron dar respuesta a estas preguntas base en el Foro de experiencias entre espacios culturales y proyectos alternativos.

[quote_right]»¿Qué hacer para fortalecer las resistencias y propuestas hacia la producción de una cultura libre, autónoma y comunitaria?»[/quote_right]

La idea de este encuentro –celebrado el 8 de junio en Karuzo Bar– fue generar un espacio de diálogo para “fortalecer las estrategias de resistencia y autonomía de los espacios culturales en Puebla ante las actuales lógicas de despojo, mercantilización y cercamiento de la cultura por parte del Estado y las corporaciones”.

Una «piedra para el sistema»

La historia del Centro Cultural La Pirámide inició hace 20 años, en 1997, cuando el gobierno de la delegación Benito Juárez encabezado por el PRI le regaló el inmueble conocido como La Pirámide (por su forma piramidal) a la Asociación de Escritores de México. Con el paso del tiempo la responsabilidad del espacio quedó en manos de una generación más joven que cambió las reglas para hacerlo un espacio más plural y autónomo.

En esta nueva administración le abrieron las puertas no sólo a escritores sino a otros artistas y colectivos para dar talleres al público en general. Guadalupe Rodríguez cuenta que  tiempo después La Pirámide se volvió un problema para el gobierno de la delegación, que además para ese entonces ya había cambiado a los colores del PAN.

–Sabemos que nos hemos vuelto una piedra para el sistema. Tal vez porque somos un espacio procomún, algo que va contra el sistema porque ellos no deciden sobre nosotros. Lo procomún es, como dice aquí una cita de Elinor Ostrom, “la propiedad que no es pública ni privada, es una propiedad colectiva y común y el uso de ese espacio se hace de forma consensuada”.

El gobierno ha continuado con el “hostigamiento” desde entonces (con operativos por drogas y supuestas denuncias vecinales) para obligarlos a irse, incluso después de que en 2002 ganaran un nuevo permiso para usar el inmueble.

–El espacio ha resistido los embates del gobierno porque la comunidad de la pirámide se ha unido y ha hecho suyo el espacio. Para la mayoría de las personas que va a los talleres, La Pirámide  es su casa. Esa es una de las grandes fortalezas del espacio.

Actualmente en La Pirámide se realizan talleres de música, danza, teatro, artes plásticas y también con relación al medio ambiente y a la actividad física.  En el espacio pueden realizarse eventos organizados por proyectos externos y cuentan con un espacio especial para teatro, una biblioteca,una galería de arte, una cafetería y un salón de danza.

Los centros sociales en Italia

A los espacios culturales alternativos en Italia se les llaman Centros Sociales, cuenta Daniele Fini. Estos espacios surgen a partir de la voluntad de gente que se oponía a tener un representante por formar parte de algún grupo ( un representante de la clase obrera por ejemplo) ya que regularmente eran líderes impuestos, y los demás “no querían que nadie los representara sino que querían ser ellos mismos protagonistas”.

Antes de mudarse a México, Daniele formó parte de algunos centros sociales autogestionados en el área de la Toscana. La mayoría de estos lugares fueron formados desde finales de los 80 por colectivos políticos o contraculturas con el deseo de hacer incidencia política en sus respectivos contextos.

–Son espacios que promueven por un lado, procesos de organización de base y al mismo tiempo se promueve una manera alternativa de socialidad que trata de hacer oposición a las tendencias mercantilizantes que atraviesan las ciudades.

Roxanne y Goretti, directoras de La Luciérnaga | Foto: Marlene Martínez.

Muchos de estos colectivos comenzaron a ocupar propiedades abandonadas del ayuntamiento y, con los años, algunos ya conformados formalmente como asociaciones civiles, lograron un acuerdo con el gobierno que les ha permitido permanecer ahí.

–Pero lo importante no es tanto el status de legalidad o ilegalidad, lo importante es la dimensión de las relaciones sociales y de la organización al interior. Eso es lo que expresa su nivel de conflictividad en la sociedad y de construcción de alternativas. Por ejemplo, desde hace unos años surgió algo que allá llamamos laboratorio de hip-hop.

El laboratorio taller de hip-hop se ha instaurado en distintos centros sociales de Italia. Jóvenes que forman parte de la cultura hip-hop ocupan los centros culturales para preparar sus canciones, sus ritmos, dar talleres y realizar pintas de graffiti colectivas.

–Estos jóvenes, quienes en su mayoria no se acerca ni tiene un interés por acercarse a los temas  políticos, comienzan a involucrarse en otras actividades y por tanto se acercan a otras experiencias de luchas y de pronto empiezan a por ejemplo hablar en sus canciones de estos, temas, o cuando hay una marcha y se necesita una manta, los compañeros del hip-hop son a los que se acude. Así que estos encuentros nos permiten contagiarnos recíprocamente y cambiar ciertas formas expresivas, diversificar las luchas.

Una de las propuestas, explica Fini, es replantearse el concepto de cultura, pues ante el concepto mercantil los espacios culturales alternativos pueden ampliar esos horizontes y generar nuevas dinámicas. Por ejemplo, con la cocina, una expresión cultural que habla del territorio y las tradiciones de cierta región.

–¿Qué tiene que ver la cocina con la cultura? En Italia, a diferencia de México, es difícil conseguir productos directamente de campesinos. En un centro social una vez por semana se empezó a poner a disposición el espacio para que campesinos vendieran sus productos. Más adelante, decidieron abrir un comedor dentro del centro social los fines de semana y los platillos eran preparados únicamente con los productos de estos campesinos. Fue una manera de autofinanciar el centro cultural y ayudar a los productores locales.

¿Y cuál es el panorama?

“Lo que pasa en Puebla no escapa de lo que pasa en otras ciudades”, ya que “la ofensiva neoliberal de los últimos 30 años ha tenido que ver con esfuerzos del estado y las corporaciones por expropiar o apropiarse de distintas condiciones que los pueblos has construido a lo largo del tiempo, como la cultura o el conocimiento, para ser revalorizados por medio del capital”, reflexionó al final  la profesora Mina Navarro.

Desde esta realidad, en la que cultura significa a menudo mercancía, ya no puede hablarse, dijo, de que la primera «se genera a partir de políticas culturales sino de políticas económicas”.

–La disputa desde estos espacios que se autonombran de cultura alternativa, es una lucha para desestimar a la cultura como un bien  mercantil y más bien, revalorizarlo como un bien común.

[pull_quote_right]La disputa desde estos espacios que se autonombran de cultura alternativa, es una lucha para desestimar a la cultura como un bien  mercantil y más bien, revalorizarlo como un bien común[/pull_quote_right]

Posteriormente el foro de experiencias abrió el micrófono para que las personas del público, parte de distintos centros culturales alternativos poblanos, para que contaran sobre sus propias experiencias.

Los espacios presentes en el foro fueron: Pueblos Unidos por la privatización del agua, Escena Teatro, Espacio Rosa, Etcétera, Casa Conejx, El Callejón del Gañán, Artespacio, Los Tamalistas, Zónica, Nexus, Sekkan Media, Nahuali, Comala, Luciérnaga Taller, Casa Olinka, Estudiantes por una Política Sensata de Drogas, Subterráneos y el Foro Escénico La Tentación.

A continuación presentamos algunas de las experiencias relatadas por los participantes poblanos en el foro.

Radios comunitarias de Tlaxcalancingo y Zacatepec (Axocotzin Radio y Radio Cholollán)

Estas radios comunitarias han librado una larga lucha no sólo por el espacio radiofónico sino contra proyectos del estado que buscan privatizar los recursos naturales de la región. Con su proyecto radiofónico quieren rescatar las tradiciones de la región y hacer incidencia política sobre otros temas. Han recibido hostigamiento constante por parte del Estado y ambos proyectos se fusionaron para obtener un permiso (a través de un amparo) para seguir operando, sin embargo los problemas persisten ya que aunque tienen el permiso, ahora el INE quiere imponerles una barra programática de publicidad electoral.  

Etcétera Espacio Experimental (2 oriente 809)

Este espacio está ubicado en el Centro Histórico de Puebla y se encuentran, como ellos mismos lo definen, “permanentemente en el filo de la contradicción”. Su espacio es una cafetería y librería que también ha funcionado como galería de arte y sede de diversos eventos culturales.

Recientemente “el capitalismo les sonríe” pues dado el proyecto de gentrificación de la zona centro de la ciudad, la revista Rostros los invitó a ser la sede para su nuevo promocional, algo que rechazaron porque iría contra su ideología como espacio subversivo.

Casa Olinka (Boulevard 18 Sur 5937, Colonia San Manuel)

Alfredo, parte de Casa Olinka, cuenta que todo empezó por un proyecto familiar para cultivar su propio alimento. El huerto urbano de su casa llamó la atención de los vecinos y terminaron creando una red de huertos urbanos de casi 100 familias.

Escuchando y conociendo las opiniones de sus vecinos, Casa Olinka se levantó como un espacio para la comunidad un tanto más alejada de la zona centro de la ciudad, donde ya no sólo se continúa con los talleres de huertos urbanos sino también con talleres sobre ecología,  ciencia para niños y cocina vegetariana.

Además el espacio apoya proyectos artísticos con su sala de arte e incluso funciona como un lugar para estancias artísticas.

Callejón del Gañán (Centenario 41, Colonia Luz del Alba)

Este espacio ubicado en la colonia Luz del Alba, cerca de Xonaca, está confirmado por un equipo de personas “en contra de la gentrificación y a favor de la restauración del tejido social dañado”.

Por ahora trabajan especialmente con los niños de los vecindarios, a quienes ofrecen distintos talleres a bajo costo, Internet gratis dentro del espacio y una pequeña biblioteca.

También tienen un contrato de solidaridad con Zónica para dar hospedaje gratuito a los músicos que vienen de otras ciudades.

Para finalizar el foro, Itzel Sánchez, parte del colectivo ADA y de Karuzo, resaltó que si bien en Puebla no existe un permiso que regule espacios culturales, el que existiera tampoco puede asegurar mejora o solución a sus problemas.:

–Está muy bien pensar en la legislación para este tipo de espacios –agregó Arturo Carcará, parte del equipo de Karuzo– pero también pensamos que la vida se nos podría ir en eso sin mucho resultado. Además, sabemos que aunque las leyes cambien, lugares como el IMACP u otras instituciones nunca van a abordar temas como los que se abordan en las radios comunitarias de Cholula o sobre drogas, por ejemplo, pero otros espacios fuera de esas normas sí lo hacen, están abiertos y es por eso que no deben morir.

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Ámbar Barrera
Periodista, comunicóloga, fotógrafa, feminista y amante del arte.