El regreso de El Heraldo de México
El diario es emblemático en la historia de México no por la práctica periodística sino por el fuerte vínculo entre industria mediática y el poder político.
Por Susana Sánchez Sánchez @
08 de mayo, 2017
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Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

[dropcap]E[/dropcap]l Heraldo de México está de vuelta después de catorce años. El diario es emblemático en la historia de México no precisamente por la práctica periodística sino por el fuerte vínculo entre la industria mediática y el poder político. La primera etapa del periódico corresponde a los años 1965-2003, bajo la dirección de la familia Alarcón; desde el pasado 2 de mayo de 2017 ha iniciado su segunda etapa, al mando de los empresarios Ángel Mieres, Roberto Henaine y Alejandro Araí.

Los medios de comunicación que surgieron a mediados del siglo pasado tienen un fortísimo nexo con el uniquérrimo partido político de aquel entonces: Partido Revolucionario Institucional (PRI),  por supuesto, en el siglo XXI las relaciones de la prensa con el poder se han diversificado, pues no están sujetas únicamente a los partidos políticos o a los gobiernos en turno, también a los empresarios, a la iglesia, a las universidades, a otros medios de comunicación o al crimen organizado; sin embargo, la ayuda política hacia un medio de comunicación ha sido determinante para el posicionamiento de éste en la sociedad.

El Heraldo de México regresa en medio de un PRI que busca ganar credibilidad social, en este sentido, me parece que se enfatiza el binomio prensa-poder. Si echamos un vistazo a la historia del diario, una de las finalidades de El Heraldo de México era la de ser vocero del gobierno en turno, de hecho el propietario de aquel entonces: Gabriel Alarcón, fungía como espía de las acciones que tuvieran los dueños de algunos otros medios de comunicación, de tal suerte que si escuchaba que “algo” estuviera en contra de los intereses del gobierno, lo comunicaba a la presidencia.

En la historia de la prensa mexicana y su relación con el gobierno político en turno existe una carta reveladora  escrita por el empresario poblano  Gabriel Alarcón (fundador de El Heraldo), con fecha 24 de septiembre de 1968, dirigida al poblano Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México de 1964 a 1970. La carta de Alarcón a Díaz es una muestra de dominación política que no sólo quedaba en la relación gobierno-prensa, sino que ésta se veía traducida en una opinión pública expuesta al discurso oficial, disfrazado de prensa libre; una práctica, por cierto, que parece arrastrarse hasta nuestros días.

“Sinceramente –le escribe Gabriel Alarcón a Gustavo Díaz Ordaz, en 1968– creo que mi lealtad y las de mis hijos están a prueba de cualquier duda. Le ratifico una vez más que creemos en usted, que tenemos fe y que hemos actuado lealmente. Por muchos años se nos ha criticado nuestra parcialidad y entreguismo. Pero le ratifico a usted que hemos sido, somos y seremos Díaz Ordacistas y agradecidos leales y sinceros con usted”.

Es importante subrayar que Gabriel Alarcón insistía en su fidelidad con el gobierno (pese a que éso lo dejase como un soplón con sus colegas de la industria mediática) porque antes de tener el diario, fue un importante empresario en el mundo del cine (junto con sus socios  Manuel Espinosa Yglesias y William Óscar Jenkins). Su dominio en el terreno lo había posicionado en México y América Latina, hasta que el expresidente de México Adolfo López Mateos expropió a los empresarios privados la exclusividad de exhibición cinematográfica. Ante el panorama, Gabriel Alarcón decidió invertir su capital económico en El Heraldo de México, justo cuando su paisano, el poblano Gustavo Díaz Ordaz se postulaba para la presidencia de México. Así que si mantener el negocio periodístico dependía de besarle al priísmo hasta la consciencia, el empresario poblano, tal como lo muestra en su carta, lo haría.

Desde marzo de 2017, en la columna Los medios bajo la lupa que aparece el portal electrónico La Silla Rota, empezaba a circular la noticia del regreso de El Heraldo de México, bajo la dirección de Ricardo Henaine. El anuncio no era extraño, pues después de la primera etapa del diario, éste –en el año 2004– siguió en el medio periodístico con el nombre de Grupo Monitor, el cual compró El Heraldo de México y El Heraldo de Puebla, este último nunca cerró, siguió y sigue, de hecho, de acuerdo con el conglomerado mediático Sipse, en el año 2007, Ricardo Henaine, compró El Heraldo de Puebla.

Claro, el periodismo siempre lleva como batuta la verdad sobre todas las cosas, incluso sobre los intereses económicos o políticos. No es que los empresarios Ángel Mieres, Roberto Henaine y Alejandro Araí quieran darle espaldarazo al PRI o servirle como plataforma política a través de El Heraldo de México a cambio vaya usted a saber de cuáles negocios o concesiones, ¡para nada! Recuerde que estamos en tiempos democráticos, de inclusión social, de precampañas mediáticas no pedidas pero disfrazadas de noticiones periodísticos, donde usted, lector, sí importa (aunque sea muy poquitito, pero importa).

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