Ghost In The Shell, cuando vuelve el ciberpunk

Ghost In The Shell, cuando vuelve el ciberpunk

Héctor Jesus Cristino Lucas

El manga fue publicado por primera vez en mayo de 1989 con la firma del ya consagrado Masamune Shirow, y seis años después, en 1995, se adaptó en un largometraje animado del mismo nombre por Mamoru Oshii. Aunque en un principio el filme fue un éxito rotundo en Japón, no fue hasta entrado el nuevo siglo que Ghost in the Shell cruzó las fronteras niponas para convertirse en un referente mundial a causa de producciones estadunidenses. Si recordamos, en 1999, los Wachowski estrenaron Matrix, una actualización del mito de la Caverna de Platón dentro de nuestra era digital, aunque pocos sabían que éste filme fue un constructo casi plagiado de aquel anime.

De hecho, los propios Wachowski reconocieron el largometraje de Ghost in the Shell como su principal inspiración; y pronto, éste anime recobró su importancia -opacada por el film de Keanu- tras inspirar a una serie de prominentes cineastas, como James Cameron con Avatar o Steven Spielberg con Artificial Intelligence. Y es que de alguna forma, al obra de Shirow marcó un antes y un después para toda una generación. Principalmente, por el revolucionario tema de su argumento: un futuro donde es posible trasplantar la mente o el Ghost a un cuerpo o cascarón mecánico. Una especie de cyborg movido por el alma.

Por supuesto que éste tema, pese a ser la representación de un fascinante sueño de inmortalidad, ha dado origen a discusiones éticas, psicológicas y por supuesto, existencialistas. La pregunta de cuándo un humano deja de ser un humano ha sido el tema base de cientos de obras de ciencia ficción dentro del interesante subgénero del Ciberpunk. Éste subgénero que plantea futuros donde la tecnología ha avanzado a un punto tal que ha alterado la cultura o la sociedad de maneras drásticas. De hecho, una de las primeras obras literarias que plantea éste dilema fue el libro de 1968 ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Phillip K. Dick posteriormente adaptado por Ridley Scott en Blade Runner.

Así pues, desde Phillip K. Dick hasta Masamune Shirow, el subgénero del ciberpunk abrieron a discusión nuevos e innovadores temas. Y hoy en día ya se habla de los avances en pos del Transhumanismo -corriente tecnológica y filosófica- con alcances en el campo de la neurocirugía y ciencia moderna. De hecho, uno de los primeros artículos que escribí para esta sección fue La Cabeza del Dr. Dowell en donde abordo uno de los acontecimientos más impactantes a punto de ocurrir en pleno 2017: el primer trasplante de cabeza humana comparándolo con un libro de Scifi.

Una de las primeras obras literarias que plantea éste dilema fue el libro de 1968 ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Phillip K. Dick posteriormente adaptado por Ridley Scott en Blade Runner.

Sin embargo, Ghost in the Shell, la obra original de Shirow, también ha sido  catalogada como uno de los filmes dentro del género del anime, más profundos y complicados que se hayan realizado en la historia, porque además de proponer temas tecnológicos, es capaz de mezclar psicología filosófica. Pocos saben, de hecho, que éste manga está basado casi en su totalidad en el libro de Arthur Koestler Ghost in the Machine, que aborda el dualismo cartesiano y la relación entre la mente y cuerpo. En el libro a la razón, a la mente, se le denomina Ghost, razón por la cual el anime recibe ese nombre.

Con todos estos elementos unidos, retratados de manera asombrosa en una sola obra, es que podemos hablar de Ghost in the Shell como una pieza de arte casi irrepetible. Y pese a los intentos de cineastas de la talla de Spielberg o Cameron para replicar -o bien, calcar en el caso de los Wachowski- el alma del ciberpunk, ninguna de sus trabajos se han acercado al original. Claro, antes de Ghost in the Shell ya estaba la novela de Phillip K. Dick, e incluso en el 88, el anime de Katsuhiro Ōtomo Akira.

 

Por ende, cuando se anunció el año pasado que se pretendía realizar un live action bajo la dirección de Rupert Sanders, las hordas de fanáticos se volcaron encima desde mucho antes que estuviera listo incluso el tráiler. Porque, el dilema era obvio, ¿acaso era posible que una visión de éste lado del charco pudiera replicar la profundidad de temas como los planteados por Shirow?

Seamos sinceros, tratar esta nueva adaptación es bastante complicado. No hablamos de cualquier reinvención, sino de un producto tan irrepetible como elemental del que ha ido acumulando fanáticos alrededor del mundo que guardan profundo respeto por ésta obra tanto en manga como en anime. Es decir, si ya tan sólo escuchar la palabra “remake” resulta molesto, imagínense pensar en Scarlett Johansson como la actriz que daría vida a La Mayor Kusanagi. Aunque un número selecto de críticos -entre los cuales me incluyo- no interpretaron esto como una tomadura de pelo, sino como una decisión acertada. Y Scarlett, de hecho, estuvo bastante bien y fue una opción inteligente.

No lo digo sólo por su atractivo y renombre -que sí, siempre ayuda- sino por algunos papeles que ha hecho dentro de la ciencia ficción y que la convirtieron en la candidata perfecta. Basta recordar, además de su participación en las franquicias Marvel como Black Widow, su participación en el filme Lucy de Luc Besson; o en Under the Skin de Jonathan Glazer. Papeles complicados y existencialistas de los que salió muy bien parada, y su trabajo en Ghost in the Shell, no fue la excepción. De hecho, si me lo preguntan, el problema del filme no provino directamente de Scarlett, pero sí de otro lado.

Con esto me refiero a su personaje dentro de éste guión. Creo que gran parte del problema de la película se centra en su guión. Si recordamos aquel gran clásico de 1995, el personaje de La Mayor era un enigma, y a pesar de ese desconocimiento se lograba irónicamente una interesante empatía con el público. ¿La razón? El personaje creaba constantes cuestionamientos de carácter existencial -¿de dónde soy, de dónde vengo, mi mente es mía, mi vida es real?- que nos hacían a cuestionarnos a nosotros mismos. Aquí, el personaje resuelve su duda existencial, la acepta y la transforma en una extraña y molesta moraleja simplona.

Sin embargo, dejemos en claro que el estilo y la calidad de imagen son elementos increíblemente replicados a la perfección. Se respira el mismo aire ciberpunk -técnicamente hablando- del anime en la película.

Esto es algo que ha sido aplaudido por muchos, los creadores de esta nueva versión fueron capaces de replicar escenarios -similares a los vistos en Blade Runner de Ridley Scott- y vestuarios, que sin duda son perfectos para esta asombrosa pero distópica historia. Lamentablemente -y seguro muchos van a estar de acuerdo conmigo- no se puede decir lo mismo del argumento… el corazón de la obra a re-versionar, y esto tiene mucho que ver con el público al que parece estar dirigido el remake.

Estamos frente a un producto que extrajo la premisa básica del argumento -eso se nota- y la convirtió en una película más de acción y explosiones. No digo que el clásico noventero no las tuviera, pero el tratamiento del existencialista tema central era lo más importante de inicio a fin; y en esta nueva versión, aunque vemos pequeñas dosis de ello, pasan a segundo término tanto que parece ser sólo una excusa más dentro de la película. El dualismo cartesiano, la confusión mente y cuerpo de Arthur Koestler y el ciberpunk son tratados, es cierto, pero nos los explican con manzanas. Y tan pronto como son explicados, desaparecen tras una ráfaga de explosiones que los arrojan a un injusto segundo plano.

Ojo, no estoy diciendo que la película sea una bazofia sin pies ni cabeza, porque se nota un esfuerzo increíble por parte de Rupert Sanders y su equipo. Lo que estoy diciendo es que esta nueva versión no está dirigida al público amante del anime noventero, sino para un nuevo, que no tiene el referente del trabajo de los nipones. Al no conocerlo se encuentran cara a cara con una película más que cumple con lo necesario. En un filme palomero con una cara bonita, acción y explosiones. Punto. Lo positivo de todo esto, sin embargo, es que cabe la posibilidad que este público, tras conocer el remake tal vez, tal vez, se acerque a su origen, es decir no solo el anime sino también del manga.

De hecho la casa editora Panini consiguió los derechos del mismo para traérnoslo hasta México. Y el 4 de abril -oficialmente- es que podremos ver por fin el manga original de Ghost in the Shell a la venta.

Algo sí que es necesario admitir. En cuanto a adaptaciones de anime, ha sido una gran sorpresa, porque el Ghost in the Shell de Sanders es destacable. Es decir, no estamos hablando de otro Dragon Ball Evolution ni mucho menos. Por eso, vuelvo y lo repito, no tratamos con ninguna bazofia, pero tampoco estamos frente a una gran obra. Esto no es más que un producto que se queda corto. Corto cuando quiera enfrentarse a capa y espada frente al clásico y a sus más arraigados fanáticos…

El lado negativo, pues ya lo conocen. El positivo es que vuelve Scarlett. Qué mejor que ello. Y claro, Masamune Shirow de la mano de Panini. Vuelve la distopía, recordándonos que no podemos escapar de ella. Vuelve Ghost in the Shell -a su manera- y el ciberpunk. Mucho ciberpunk.

Sinopsis:

Basada en la internacionalmente aclamada saga de ciencia ficción, ‘Ghost in the Shell’ narra la historia de Mayor, un híbrido cyborg-humano femenino único en su especie, de operaciones especiales, que dirige un grupo operativo de elite llamado Sección 9. Consagrada a detener a los extremistas y criminales más peligrosos, la Sección 9 se enfrenta a un enemigo cuyo objetivo principal consiste en anular los avances de Hanka Robotic en el campo de la ciber-tecnología.

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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