Clichés literarios: medio siglo de soledad

Clichés literarios: medio siglo de soledad

Muchos años después, frente a su muro de FB,
el coronel Aureliano Buendía habría de recordar
la tarde remota en que su padre
le dio “Me gusta” a una foto de hielo

Cien años de soledad 2.0, Iñigo Medina

 

Soy fanático de los clichés, lo reconozco. Por eso mismo lo diré: Cien años de soledad es mi libro favorito y Gabriel García Márquez uno de los autores que más disfruto y admiro. Crónica de una muerte anunciada es el único libro que leído de una sola sentada: cautivado de principio a fin por su ritmo, no lo solté hasta que alcancé la última página. El otoño del patriarca, por otro lado, me rebasó. Sus párrafos infinitos, sin puntos y con comas casi ausentes, me dejaron sin aliento y me impidieron terminarlo; mientras que en Doce cuentos peregrinos descubrí un universo fuera de Macondo y de esa América Latina realísticamente mágica que también me cautivó con relatos que me dejaron sin aliento como Solo vine a hablar por teléfono o El verano feliz de la Sra. Forbes.

Jaime Humberto Hermosillo y Francisco Gattorno en el universo de Gabo. El verano de la señora Forbes (1989)]

Del cliché que me salvo es de aquel en el que el individuo expresa que por tal o cual libro o autor, nacieron sus ganas de convertirse en escritor. No: mi cliché es menos típico, eso sí. Fue por Cien años de soledad que en algún momento expresé mi deseo de convertirme en cineasta. Al sumergirme durante mi adolescencia en la vida de la familia Buendía, la idea que me asaltó durante toda la lectura fue la de llevar esa historia a la pantalla grande. Al terminar, la película sobre Macondo se convirtió en mini-serie: solo en un mínimo de 39 horas se podría condensar la genialidad de Gabo vertida en ese, uno de los más grandes libros jamás escrito.

Y aunque no soy director de cine, creo firmemente que Cien años de soledad sí se puede adaptar a la pantalla. Sería un esfuerzo titánico, que necesitaría romper muchos ob$táculo$ pero estoy seguro que valdría la pena. Hoy, a cincuenta años de su publicación, la existencia de Netflix y su modelo innovador, me da la esperanza de que alguien con la misma idea que yo la sepa vender a este servicio de streaming. Su título sería Macondo, con tres temporadas de arranque garantizadas, cada una con 13 capítulos de 50 a 60 minutos. A lo largo de esos 39 episodios, la historia se concentraría exclusivamente en la familia Buendía. Sin embargo, si el público y crítica lo permiten, en una cuarta temporada se abordarían otras historias sucedidas en el universo de Macondo, planteadas en libros como La hojarasca o Los funerales de la Mamá Grande. Para poder pensar en otras series que expandan el universo de Gabo -muy al estilo de las series de Marvel- la cándida Eréndira y su abuela desalmada figurarían en un par de capítulos, lo mismo que el coronel a quien nadie escribe.

Antecedentes de series originales de Netflix hechas en nuestra región existen un par. Con sello carioca está 3% (2016), de ciencia ficción. De manufactura mexicana tenemos la comedia Club de cuervos (2015 – presente), quien además ostenta el título de primera serie original hecha en español para este servicio. De la tierra de Gabo tenemos el drama La niña (2016), producida por Caracol Televisión y que se transmite en la televisión colombiana pero que Netflix presenta con el sello de “serie original” al momento de distribuirla a toda Latinoamérica. Lo mismo ocurre con Juana Inés (2016), mini-serie del mexicano Canal Once del Instituto Politécnico Nacional que en enero de 2017 se lanzó a través de la multicitada plataforma con su sello de “original”. Imagino entonces una alianza tripartita, Caracol – Canal Once – Netflix para hacer este sueño realidad y mantener esta relación México-Colombia que fue parte importante de la creación original de esta epopeya literaria del siglo XX. Piénsenlo y luego hablamos.

Y mientras llega el día en que ese productor mexicano y ese otro colombiano presenten con éxito su pitch, repaso y repaso en mi mente los recuerdos sobre el nacido en Aracataca mientras me intoxicó con el olor de la guayaba y combato en la guerra interminable que sostengo contra el insomnio y la angustia inamovible de despertar un día y descubrir que las estirpes condenadas a cien años de soledad no tienen una segunda oportunidad sobre la tierra.

Cien años
Cien años de soledad: Herencia de mi abuela materna. Editorial Sudamericana, 1971.
Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando

NO COMMENTS

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.