Vandalismo periodístico

Vandalismo periodístico

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Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

El 5 y 6 de enero de 2017 la prensa en Puebla tuvo una gran tarea: combatir con rumores. Como sabrán ustedes en México subió el precio de la gasolina en medio de una crisis económica y política. Ante ese aumento ha habido distintas manifestaciones de protesta que van desde quejarse en las redes sociales, participar en marchas pacíficas, toma de casetas y uno que otro cierre de carreteras.

El 5 de enero, sin embargo, en Puebla corrían rumores de que la gente se estaba organizando para ir a saquear tiendas ante el aumento de la gasolina. Ese mismo día, también por redes sociales, circuló un vídeo del saqueo de un centro comercial al sur de la ciudad. Luego corrieron rumores de que algunos se preparaban para ir a saquear comercios en el Centro Histórico, de hecho mucha gente entró en pánico y dejó el centro desolado.

Ante los rumores, la prensa mesurada esperó a tener más detalles de lo sucedido, recababa datos entre lo que decía la gente y las autoridades; pero los rumores se esparcían como pólvora en las redes sociales. A la prensa no le dio tiempo corroborar con sus propios ojos si lo que decían que ocurría, en verdad había ocurrido; apenas la prensa estaba en la confirmación de datos, cuando más rumores se esparcían, ahora de que saquearían tiendas y casas al sur de la ciudad de Puebla. El resultado periodístico de la mayoría de los medios de comunicación fue: pánico colectivo, algunos comercios saqueados y un afortunado saldo blanco.

Al día siguiente, con la cabeza más fría, una de las hipótesis que imperaba era que los rumores habían sido esparcidos por el propio gobierno federal. Y aquí es donde la prensa tuerce el rabo, porque si efectivamente tiene la obligación ética de no legitimar los rumores, también la tiene de explicar qué pasó… Vaya, no todos los días se ve a la gente espantada corriendo por las calles del Centro Histórico de Puebla o haciendo fogatas o barricadas en la noche para protegerse de sepa quién. Otra hipótesis era que el gobierno sembró pánico para que la gente no saliera (o salga) a protestar y de paso se olvidara del aumento del precio a la gasolina (que ha derivado en el aumento de precios de otros productos).

Parece que la prensa poblana so pretexto de la objetividad (léase: No me quiero meter en broncas, espero la versión oficial) no le cuestiona a la autoridad ni un ápice de qué pasó el 5 de enero. Cuestionar a la autoridad en estos casos con  hipótesis razonadas de por medio como la de que fue el mismo gobierno quien detonó el pánico colectivo, no es poner la grabadora para escuchar la versión oficial. Corríjanme, por favor, si algún medio local  cuestionó, por ejemplo, al presidente municipal, al gobernador o al secretario de Seguridad Pública acerca de la seguridad cibernética, ¿no se supone que hay policía especializada en ello? O alguien más le preguntó, ¿por qué la misma policía decía que había saqueos en el centro?

Parece que la prensa poblana so pretexto de la objetividad (léase: No me quiero meter en broncas, espero la versión oficial) no le cuestiona a la autoridad ni un ápice de qué pasó el 5 de enero.

Pero no crea que todos los medios no cuestionan o sólo son reproductores de la versión oficial, hay unos todavía peores, están, por ejemplo, los que le siguen el juego a los rumores o a  la incertidumbre. Para muestra, el  6 de enero de 2017, el periódico Cambio publicó: “Toque de queda en el Centro Histórico, vandalismo genera histeria”. ¡No daba crédito cuando lo leí! y todavía hoy me enoja la falta de profesionalismo de un medio que no nació ayer, pues existe desde finales de los años setenta, ¿quién será el inteligente ser humano que edita el diario para su versión digital? ¿Sabrá mínimo que existe Wikipedia para darse un pequeño embarrón acerca del término “toque de queda”? No saben qué ganas me dieron de hacerle un meme ramplón a la altura de su ejercicio periodístico, con la leyenda: «No, Patricio, que algunos negocios cierren después del pánico colectivo, no es toque de queda». Pero como sólo sabía el nombre del reportero y no el del editor, se me hizo una falta de respeto no conocer a uno de los destinatarios. Perdón si escribo casi con la entraña, pero son cosas imperdonables para el mundo periodístico. Luego vi que la nota fue compartida en Facebook más de mil veces y mi dolor de estómago se elevó, ¿se imaginan? ¡más de mil personas asustadas por una notilla de pacotilla, de un medio supuestamente serio!

Y hay otro periódico más viejito que Cambio, se llama El Sol de Puebla, que existe desde mediados de los años cuarenta y el cual, en su versión digital, publicó el 6 de enero: “Tensa calma en las calles de Puebla tras saqueos y vandalismo”. Ignoro cuál fue la intención del diario con ese título, con esa información escasa y con esas fotos que hacen de la nota periodística un espectáculo. La tensa calma déjenla para un alumno de literatura que le quiere poner nombre a un cuento policiaco, pero no para una nota periodística con un discurso que abona a la tensión que se vivió tras una crisis de pánico colectivo. También me dan ganas de mandarle un meme ramplón a la altura de su profesionalismo, pero no me sé el nombre de quien edita El Sol de Puebla en su versión digital. Se me ocurre la genial idea (¡ja!) de usar sus exclusivísimas imágenes (léase con ironía), con todo y la marca de agua en las fotos, con la frase: «Tensa calma en las calles de Puebla tras saqueos y vandalismo. Usted tranquilo y yo nervioso».

Hay más medios cuyos discursos giran alrededor de la falta de rigor como Cambio o el de la incertidumbre como El Sol de Puebla. Pienso en diarios como Síntesis Puebla o Milenio Puebla, en noticieros como el de Televisa y TvAzteca a nivel local, o en noticieros radiofónicos como Buenos Días con López Díaz. Todos ellos, y seguramente me faltan muchos, son medios de comunicación con discursos más cercanos a los del gobierno en turno que al ejercicio periodístico; o con tal de vender o de tener seguidores, los medios de comunicación apelan al tratamiento emocional de los hechos mucho más que al racional… Con medios masivos de comunicación así, que gozan de vandalismo periodístico (por llamarle de alguna forma a la máquina mediática que secunda el discurso oficial, legitima la información falsa o no cuestionada nada), ¿qué tipo de versiones acerca de lo político y del espacio público se estarán construyendo en la opinión pública?

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