Mirarnos al espejo: la educación moral como aprendizaje para la convivencia
Como sociedad tenemos que mirarnos al espejo con la mayor objetividad posible y revisar la enorme viga que traemos en el ojo propio
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
24 de enero, 2017
Comparte

mirarse en espejo

“Después de lo sucedido en Monterrey, desde ayer y durante los próximos días vendrán las explicaciones, a veces apresuradas y las ocurrencias disfrazadas como medidas para que no vuelva a suceder.

El libro de Seiersad –como trabajos sobre otros casos similares- muestra que estas tragedias no suceden en el vacío.

Y que antes de apuntar con el dedo a nadie en particular vale la pena vernos, como sociedad, en el espejo. El joven del colegio americano era uno de nosotros”.

Carlos Puig. Uno de nosotros. La tragedia del colegio americano

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

Poco antes de las nueve de la mañana del pasado miércoles 18 de enero de 2017 un adolescente de secundaria del Colegio Americano del Noreste ubicado en la ciudad de Monterrey, Nuevo León sacó una pistola de su mochila y disparó hacia todos lados dentro del aula en la que iniciaba la jornada de clases, dejando gravemente heridos a dos estudiantes y a su maestra y causando una lesión leve a otro de sus compañeros. Después de hacer estos disparos, el adolescente volvió a cargar su arma y se disparó en la boca, falleciendo tiempo después en el hospital al que fue trasladado. 

Las reacciones ante esta tragedia no se hicieron esperar. Hubo de todo. Desde quienes emitieron juicios de valor sobre el joven agresor y sus padres hasta quienes se manifestaron por el respeto al dolor de todas las familias involucradas, incluyendo la del alumno que disparó conminando a todos a evitar valoraciones apresuradas que condenaran a la familia de quien provocó esta tragedia, inédita hasta este día en nuestro país en el que, como afirma el periodista Carlos Puig, habíamos expresado siempre que ocurrían incidentes como este en escuelas estadounidenses: “esto no ocurre en México”…hasta que ocurrió.

La polémica viró pronto hacia la difusión del video que muestra los hechos con toda su crudeza. Hubo y sigue habiendo expresiones de periodistas, analistas y usuarios de los medios de comunicación acerca de la ética de los medios y la responsabilidad que tiene la prensa escrita y electrónica para reflexionar sobre el dilema ético que pone por un lado el derecho a la información y por el otro, el respeto a las víctimas y a sus familias y el cuidado de no contribuir a la exaltación de la violencia porque puede generar la repetición de hechos tan lamentables.

El debate se dio también en el ámbito de los ciudadanos que usamos las redes sociales porque hubo una corriente fuerte –a la que en lo personal me sumé- de expresiones que pedían no compartir ni colaborar en la difusión del video por respeto a las personas que aparecen en él y a sus familiares y también personas y grupos que expresaron que esto significaba una invitación a evadir la realidad y simular que estos hechos violentos no existen.

El tema de la ética de los medios y de la ética de los usuarios y consumidores de los medios no es asunto menor y dará sin duda para reflexiones ulteriores por un buen tiempo. Sin embargo no es este el tema que quiero abordar en esta Educación Personalizante.

Como docente e investigador en el tema de la Ética en la educación, la Ética profesional, la educación moral y los valores, me parece muy relevante partir de lo que plantea el periodista Carlos Puig en el artículo que cito como epígrafe de esta colaboración, porque desafortunadamente constato tanto en el ámbito práctico de las escuelas y universidades como en mi revisión de literatura de investigación y teoría sobre la Ética y la formación valoral que sigue prevaleciendo la visión de lo ético como algo individual y hasta subjetivo a partir de la muy repetida –pero incorrecta- frase que afirma que “mi libertad termina donde empieza la de los demás”.

Y no. No es así. La Ética es la disciplina filosófica que se ocupa de reflexionar sobre lo que es la “buena vida humana” que es siempre una vida en sociedad, una forma de abordar las relaciones de la persona con la naturaleza, con los otros cercanos, con la sociedad en la que vive y como dice Edgar Morin, con la especie humana de la que forma parte.

De manera que como afirma Keneth Melchin en su obra sobre la ética lonerganiana, la ética consiste en  aprender a vivir con los demás de manera constructiva y humanizante. 

¿Qué tiene que ver esto con lo ocurrido en esta escuela de Monterrey la semana pasada?

En el nivel de lo que Lonergan llama los bienes particulares, la acción del joven agresor fue una manera destructiva y deshumanizante de enfrentar la relación con los otros cercanos –sus compañeros, su maestra- y consigo mismo. Una forma de convivencia que desencadenó dolor y muerte. En este nivel se puede –con el debido respeto a la persona y a su familia- tratar de hacer un análisis de las razones que fueron generando la probabilidad emergente de esta forma de actuar y llegar a hacer ciertos juicios de valor sobre la situación. Juicios de valor que tendrían que ser muy cuidadosos y basados en información veraz, suficiente y relevante -que no es desde luego posible obtener a partir de lo que desde lejos y vía los periódicos o la televisión y las redes sociales se publica-, de una adecuada comprensión de esta información, de una verificación cuidadosa de los hechos y el proceso que desataron la tragedia y de una deliberación responsable de lo que ocurrió y del por qué ocurrió.

[pull_quote_right]Como sociedad tenemos que superar la tentación de quedarnos en el juicio al joven agresor y a su familia en una especie de ética de la paja en el ojo ajeno, para afrontar nuestra realidad y mirarnos al espejo con la mayor objetividad posible y revisar la enorme viga que traemos en el ojo propio.[/pull_quote_right]

Sin embargo creo que esto le corresponde hacerlo fundamentalmente a la familia que vivió directamente esta tragedia, para poder cerrar sanamente el ciclo y procesar la irreparable pérdida del joven que hizo los disparos.

Lo que es de la incumbencia directa de todos los ciudadanos de este país es lo que plantea Puig a partir de su lectura del libro de Seiersad: la tarea urgente de mirarnos al espejo como sociedad, a partir de la clara convicción de que este joven era uno de nosotros y que su forma de actuar nos revela síntomas relevantes sobre la enfermedad social que padecemos.

En la Ética de la realización humana que plantea Lonergan se trata de ir más allá de la dimensión de los bienes o los males particulares para llegar al análisis del bien humano entendido como bien de orden, siempre en tensión con el mal estructural.

Desde esta perspectiva, la tragedia de Monterrey no puede verse como un hecho aislado, producto de la actuación violenta de un joven en particular. Lo ocurrido en esta escuela es un reflejo de la sociedad en la que vivimos que está (des) organizada como un mal estructural en el que hay una repetición continua de esquemas de recurrencia de operaciones que generan y regeneran las condiciones para la violencia.

A manera de ejemplo habría que seguir la pista de la existencia de los grupos virtuales -a los que presumiblemente pertenecía este joven- que han documentado algunos periodistas y analistas en los medios, como Pablo Ayala. Grupos que manipulan a los adolescentes y los van indoctrinando de manera que se hacen más propicias este tipo de actuaciones. Otra evidencia del nivel estructural es la forma en que el crimen organizado ha penetrado las estructuras policíacas y gubernamentales hasta volver la violencia toda una industria perfectamente institucionalizada.

Además del nivel estructural, dice Lonergan, está el nivel del bien de valor al que se opone el mal como aberración o distorsión de la cultura, es decir, la introyección social de todo un conjunto de significados y valores sobre la vida que conducen a la deshumanización que se manifiesta en la convivencia familiar, social y planetaria destructiva.

Como sociedad tenemos que superar la tentación de quedarnos en el juicio al joven agresor y a su familia en una especie de ética de la paja en el ojo ajeno, para afrontar nuestra realidad y mirarnos al espejo con la mayor objetividad posible y revisar la enorme viga que traemos en el ojo propio.

Porque este joven era uno de nosotros y si no recomponemos la forma de organizar este nosotros familiar, comunitario y social en el nivel estructural y cultural, episodios como este seguirán ocurriendo en el futuro porque es nuestra sociedad la que los está regenerando.

Esto implica por supuesto, más que revisar mochilas a la entrada de las escuelas, trabajar coordinadamente entre padres de familia, docentes, directivos escolares, medios de comunicación y sociedad en general para formar a las nuevas generaciones en una forma sana, constructiva y humanizante de vivir con los demás.

La educación moral consiste en facilitar las condiciones para que los futuros ciudadanos aprendan a vivir con los demás de manera constructiva y humanizante. Para realizarla se requiere que la escuela se transforme en una micro sociedad en la que se viva diariamente este tipo de convivencia entre directivos, docentes, estudiantes, padres de familia y todos los demás actores de la vida escolar, lo que implica un cambio estructural que va mucho más allá de una asignatura de educación en valores o formación cívica y ética.

Comparte
Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..