La urgencia y la paciencia para el cambio educativo

La urgencia y la paciencia para el cambio educativo

Martín López Calva

 

“Esto es urgente, porque la eternidad se nos acaba…”
Jaime Sabines.

¿Cual es la diferencia entre los dos o tres días de la mosca y los doscientos años de la tortuga?
Jaime Sabines. Como pájaros perdidos.

Estamos llegando al final de otro año. El tiempo pasa cada vez con mayor velocidad, con un ritmo frenético al que tenemos que ir respondiendo con urgencia y muchas veces sin la necesaria reflexión para no ser simplemente responsivos sino humanamente responsables. Este ritmo acelerado tiene una dimensión subjetiva, porque es producto de la acumulación de los años sobre la vida propia, pero también tiene una cara objetiva, porque se debe también a la aceleración que se impone sobre cada una de nuestras vidas desde el sistema económico que exige productividad bajo el clásico lema de “time is money”  y desde esta sociedad de la información en la que el vértigo producido por el flujo incesante de datos en la internet y en las redes sociales nos hace presas de un estrés cada vez más intenso y en muchos sentidos dañino.

Es así que vivimos en un mundo en el que como dice Morin sabiamente: la importancia de lo urgente nos hace perder de vista la urgencia de lo importante. De manera que pasamos nuestros días en un activismo agotador que nos pide reaccionar de manera inmediata a múltiples demandas de tipo práctico que requieren solución inmediata mientras dejamos para después, para cuando sea posible, las demandas internas relacionadas con la búsqueda de sentido para nuestra existencia individual y colectiva.

Esta excesiva importancia de lo urgente se va cristalizando en la cultura llamada posmoderna o líquida en una visión que por un lado, absolutiza el presente, descalificando el pasado y negando el futuro para vivir centrados en el momento que es lo único cierto y por otra parte, en un miedo a la lentitud tratado magistralmente por el novelista checo Milan Kundera en una novela del mismo nombre.

Los seres humanos de esta época vivimos entonces corriendo hacia todos lados pero sin un rumbo reflexiva y libremente elegido, respondiendo a urgencias que nos hacen olvidar lo importante y exigiendo por ello respuestas rápidas, inmediatas y prácticas a los problemas que nos aquejan en lo personal o que se viven en el contexto social.

En el campo educativo sucede lo mismo. Estamos todos queriendo que la autoridad –porque según esta mirada, las respuestas tienen que venir de allí y no de nosotros mismos en corresponsabilidad con la autoridad- solucione de manera rápida, inmediata y urgente los graves problemas y deficiencias de nuestro históricamente viciado y deficiente sistema educativo.

vivimos en un mundo en el que como dice Morin sabiamente: la importancia de lo urgente nos hace perder de vista la urgencia de lo importante. De manera que pasamos nuestros días en un activismo agotador que nos pide reaccionar de manera inmediata a múltiples demandas de tipo práctico que requieren solución inmediata

Mientras la estructura organizacional corporativa, clientelista, corrupta, vertical y extremadamente burocrática que ha gobernado la vida de las escuelas y las aulas de nuestro país  fue edificada en décadas, nosotros esperamos hoy que los resultados de una evaluación a otra cambien de manera radical y como no lo hacen, protestamos airadamente y generamos grandes escándalos en las redes sociales.

A nivel nacional, cada vez que se publican resultados de las pruebas que miden los aprendizajes mínimos estipulados para cada nivel educativo –en el pasado ENLACE y EXCALE, ahora PLANEA- los medios de comunicación, las organizaciones civiles y los ciudadanos en general se enredan en debates y reclamos o bien en grandes elogios dependiendo de los resultados y el lugar que cada estado o cada escuela ocupe en esta especie de “tabla de posiciones” del desempeño educativo, como si se tratara de un torneo de futbol o algún otro deporte.

En el ámbito internacional, se acaban de dar a conocer los resultados de la más reciente aplicación de la famosa prueba PISA que aplica la OCDE para evaluar los resultados de aprendizaje en Lengua, Matemáticas y Ciencias de estudiantes de los países miembros de la organización y otras naciones que se someten voluntariamente a esta medición.

Las reacciones no se hicieron esperar y tal como sucede cada vez que estos resultados se publican, los periodistas, los analistas –sepan o no de educación- y la sociedad en general se han manifestado con intensidad desde las mismas posiciones de siempre. Los que se oponen a la reforma educativa en marcha aprovechan estos resultados nada positivos para manifestar su inconformidad y seguir en el reclamo para derogar este cambio mientras los grupos pro-reforma, empezando por el Secretario de Educación Pública argumentan que el nivel que se muestra en esta evaluación es una evidencia más que refuerza la necesidad de mantener y profundizar la reforma estructural de nuestro sistema educativo.

El análisis de los resultados nos muestra que no ha existido prácticamente ningún cambio en el nivel de aprendizaje mostrado por los niños mexicanos y en el lugar que ocupa nuestro país en comparación con los demás países evaluados.

Ante esta realidad, el Secretario Nuño y algunos otros analistas han manifestado una aparente tranquilidad bajo el argumento de que los cambios educativos requieren de tiempos largos para concretarse. Los críticos del sistema y de la reforma han señalado en cambio la urgencia de actuar frente a esta realidad que muestra la deficiente calidad de nuestra educación.

la transformación de nuestra educación requiere por un lado de una sólida paciencia histórica que evite caer en la desesperación y la frustración de quienes esperan resultados inmediatos de los cambios que se van incorporando al sistema educativo pero por otra parte necesita de un sentido de urgencia y de acciones inmediatas para reforzar el impulso a los cambios desde hoy.

Desde una perspectiva de complejidad es necesario admitir que ambas posturas tienen razón. La postura que plantea que no podemos esperar cambios educativos sólidos en tiempos muy cortos es totalmente cierta. Los cambios educativos requieren de tiempos largos para poder llegar a concretarse y a mostrar resultados. No es posible exigir cambios inmediatos a partir de procesos de innovación, transformación o reforma educativa.

Pero esta realidad de los cambios educativos como procesos de mediano y largo plazo no puede llevar a la resignación y la conformidad con la situación actual. Los resultados muestran que nuestra educación es muy deficiente y en el contexto del mundo actual un nivel educativo como el nuestro está condenando al fracaso a millones de de niños y jóvenes mexicanos que aspiran a tener una vida digna y una posibilidad de aportación a la transformación del país. Es necesario que todos asumamos nuestra responsabilidad y reforcemos nuestro compromiso para actuar con urgencia.

De manera que la transformación de nuestra educación requiere por un lado de una sólida paciencia histórica que evite caer en la desesperación y la frustración de quienes esperan resultados inmediatos de los cambios que se van incorporando al sistema educativo pero por otra parte necesita de un sentido de urgencia y de acciones inmediatas para reforzar el impulso a los cambios desde hoy.

Dice el pensador jesuita Francisco de Paula Oliva: «Cabalgar sobre la vida sin bajarse de ella lleva consigo una gran ventaja: siempre avanza y se aprende…la misma vida me mostró dos cosas: el camino es largo, pero podemos llegar a algo. Este mes de junio me está recordando una virtud que olvidé con las prisas: la paciencia histórica activa».

La situación de emergencia del sistema educativo nacional requiere precisamente de paciencia histórica activa. Paciencia que no es resignación sino capacidad de esperar –no con los brazos cruzados, sino trabajando duro- resultados de nuestras acciones en un futuro no nimediato. Histórica porque está, debe estar inserta en la realidad concreta del dinamismo histórico de la sociedad mexicana y partir de la decadencia del viejo sistema corporativo que está afortunadamente extinguiéndose para dar origen a otro sistema que responda a las exigencias del mundo global actual pero desde nuestra propia identidad. Activa porque no se queda quieta sino que se mantiene buscando de manera colaborativa y organizada la transformación necesaria para que el sistema educativo mexicano responda, no solamente a las demandas de las evaluaciones internacionales sino a las profundas exigencias de justicia, democracia, equidad, inclusión y tolerancia que nacen de lo más hondo de nuestra sociedad en crisis.

Empecemos pues, a caminar con paciencia histórica activa. Respondamos al llamado del poeta chiapaneco: “Empieza a caminar. Todo es cuestión de que empieces a caminar. Levántate. ¿Qué muro podrá detener al paralítico, qué abismo?”.

*Por vacaciones de fin de año esta es la última entrega de esta Educación personalizante en este 2016. Deseo a todos mis lectores una muy feliz Navidad y un año 2017 lleno de logros. Espero que nos volvamos a encontrar todos los miércoles a partir del 11 de enero.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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