Hoy más que nunca
¿De qué se ríe? Podríamos preguntar al señor Trump que entra exultante al escenario para dirigir su discurso a una multitud de simpatizantes después de su sorpresiva y preocupante victoria electoral.
Por Martín López Calva @m_lopezcalva
15 de noviembre, 2016
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Martín López Calva

@M_Lopezcalva

(Seré curioso)

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

Mario Benedetti.

De qué se ríe.

[dropcap]¿[/dropcap]De qué se ríe? Podríamos preguntar al señor Trump que entra exultante al escenario para dirigir su discurso a una multitud de simpatizantes después de su sorpresiva y preocupante victoria electoral. La victoria de la intolerancia y la sinrazón, el triunfo del reclamo visceral sobre el sueño ilustrado de avanzar hacia la pluralidad y la inclusión desde un sistema que fue castigado por todos aquellos a los que ha excluido.

¿De qué se ríe? Podríamos preguntar a ese ciudadano estadounidense que celebra eufóricamente el triunfo de un candidato que representa todo aquello que la humanidad quiere dejar atrás, pero al parecer no puede: el racismo, la xenofobia, la discriminación, la exclusión, el machismo, el sexismo, la soberbia, el sentimiento de superioridad de raza, de clase, de ideología, la promesa de restaurar la supuesta grandeza de un imperio negando la existencia de un mundo global que no tiene vuelta atrás.

¿De qué se ríe? Deberíamos preguntar a los grupos ultraconservadores que, empoderados por el triunfo de Trump regresan de la obscuridad del pasado que se niega a morir y vuelven a amenazar a todos los que son diferentes, piensan distinto o viven diferente.

¿De qué se ríe? Tendrían que preguntar los maestros y maestras a esos niños que, envalentonados por la elección del candidato del odio empezaron a gritar –tal vez sin mucha consciencia de lo que hacían- “Build that Wall” a sus compañeros de clase de origen mexicano, haciéndolos llorar de miedo por la negación del derecho a ser parte de su comunidad.

La noticia de la elección de un candidato como Donald Trump para presidir el país más poderoso del mundo ha dejado preocupados y desmoralizados a todos los que creemos en la posibilidad de un mundo distinto en el que quepamos todos, en el que la dignidad humana sea respetada por encima de cualquier diferencia de raza, cultura, ideología, preferencia sexual, religión o posición política.

[pull_quote_right]El mundo necesita hoy más que nunca personas comprometidas que con su testimonio educador cuestionen a los que bloquean el camino a la humanización con la barricada de sus privilegios y les griten con sus acciones: ¿De qué se ríe?[/pull_quote_right]

Conversando con varias personas a las que valoro y respeto por su compromiso con la construcción de ese otro mundo posible he escuchado una gran decepción y un desencanto total con la democracia. Si el voto de las mayorías produce gobernantes así, entonces no debería haber democracia, parece ser la conclusión –entendible por el desánimo aunque cuestionable por lo que implica- a la que llegan a partir de este resultado y del resultado de hace cuatro años, que estamos todavía hoy padeciendo en México.

Sin embargo los tiempos de oscuridad exigen mayor compromiso, esperanza y visión de futuro para los que están comprometidos con la salvación de la humanidad a través de su realización. Se trata de momentos de decadencia que son parte de la dialéctica del proceso histórico y que en vez de desánimo exigen un mayor deseo de vivir humanamente que conduzca a un esfuerzo cooperativo renovado.

El llamado a la Cosmópolis que plantea Lonergan en Insight se hace hoy, ante esta elección estadounidense que afectará en distinta medida las vidas de todos los habitantes del planeta y especialmente de nuestro país: se necesita más que nunca una minoría de personas comprometidas con lo que es más inteligente, razonable y responsable para conducir a la humanidad a un futuro mejor.

El mundo necesita hoy más que nunca personas comprometidas que con su testimonio educador cuestionen a los que bloquean el camino a la humanización con la barricada de sus privilegios y les griten con sus acciones: ¿De qué se ríe?

Hoy más que nunca los educadores tenemos que refrendar nuestra convicción como profesionales de la esperanza y decir en cada clase, en cada espacio a nuestros educandos y al mundo lo que canta Benedetti: “No te rindas, por favor no cedas/ Aunque el frío queme/ Aunque el miedo muerda/Aunque el sol se esconda/ Y se calle el viento, aunque el horizonte parezca un profundo túnel sin salida.

Hoy más que nunca urgen educadores que con su ser significado personificado, hagan sentir a sus alumnos que:  “Aún hay fuego en (su) alma/Aún hay vida en (sus) sueños…” que lleven a descubrir a cada niño y joven mexicano que la vida es suya y suyo también el deseo, para que con este fuego encendido y con esta vida que surge de sus sueños se pueda generar la resistencia a los signos de retroceso social que hoy estamos padeciendo.

Hoy más que nunca nuestro país requiere educadores empeñados tercamente en “…Abrir las puertas /Quitar los cerrojos /Abandonar las murallas que (los) protegieron…” para empeñarse con entusiasmo y persistencia en “Vivir la vida y aceptar el reto/Recuperar la risa/Ensayar un canto/Bajar la guardia y extender las manos…” para hacer que sus alumnos adquieran las herramientas intelectuales, emocionales y éticas para “Desplegar las alas e intentar de nuevo…”, para no rendirse ante la amenaza de las etapas de decadencia que son parte del proceso de desarrollo histórico y seguir trabajando con disciplina y esperanza eficientes en la edificación de las probabilidades de emergencia de una nueva humanidad.

Hoy más que nunca, en este mundo amenazado de muerte por los re-empoderados emisarios del pasado violento, los educadores necesitamos fijarnos como meta de nuestra tarea: “…Celebrar la vida y retomar los cielos…” Porque aunque parezca paradójico “…esta es la hora y el mejor momento…” de expresar con nuestra vida a todos los excluidos, a todos los que se sigue negando la pertenencia a la humanidad nuestra profunda solidaridad para que cada uno sea una persona con rostro e historia, con derechos y reconocimiento que escuche nuestra voz diciendo: “…no estás solo, porque yo te quiero”. (Mario Benedetti. No te rindas.)

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Martín López Calva
Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Realizó dos estancias postdoctorales en el Lonergan Institute de Boston College. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, del Consejo Mexicano de Investigación Educativa, de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores y de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación. Trabaja en las líneas de Educación humanista, Educación y valores y Ética profesional. Actualmente es Decano de Artes y Humanidades de la UPAEP, donde coordina el Cuerpo Académico de Ética y Procesos Educativos y participa en el de Profesionalización docente..