El riesgo de gestar política desde la víscera
El trayecto casa-urna del pueblo estadounidense que votó por Trump no fue más que una carrera a refugiarse en dirección del lugar donde cabe el grito más grande y donde más bilis se puede escupir.
Por Lado B @ladobemx
09 de noviembre, 2016
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Alberto Merlo Martínez

@BetoMerloMtz

[dropcap]E[/dropcap]l trayecto casa-urna del pueblo estadounidense que votó por Trump no fue más que una carrera a refugiarse en dirección del lugar donde cabe el grito más grande y donde más bilis se puede escupir. Aunque me esfuerzo, no encuentro otra lógica subyacente en el electorado que Alexis de Tocqueville en algún momento contempló como el creador de una democracia ejemplar.

Después de anoche, me pregunto: ¿qué tan libres votaron allá? ¿Puede elegir en verdadera libertad un pueblo preso de sus miedos, su sordera, su individualismo y su ensimismamiento?

¿Qué tan libres votaremos acá en 2018 tomando en cuenta nuestras propias condicionantes que, dicho sea de paso, no son tan distintas? Además de lo dicho, ambas naciones compartimos el hartazgo frente a la clase política tradicional; de ahí que se explique la victoria republicana con un personaje que se dibujó como ajeno al oficialismo de Hillary.

[quote_box_right]La democracia tiene sus sorpresas, paradojas y costos. De esto último, hemos visto también en el Reino Unido con el Brexit, en Colombia con el “no a la paz” y en México con la oposición a los derechos de la comunidad LGBTTI que el costo de subordinar las formas de la democracia sobre su fondo sustancial es a veces muy alto[/quote_box_right]

Sin embargo, tengamos claro que ese hartazgo es un espacio tan grande que es capaz de alojar las regresiones destructivas de la más absurda irracionalidad (como de hecho ocurrió) y el fértil florecimiento de las primaveras más humanas. En él tienen un gran caldo de cultivo claras expresiones demagógicas, esas cosas que de fondo no resuelven nada pero que dan cabida a palos de ciego como la libre portación de armas en México (sí, la demagogia de la derecha [PAN] a veces es más aguda que la de la izquierda), el levantamiento de nuevos muros entre naciones (a 27 años de la caída del de Berlín).

La democracia tiene sus sorpresas, paradojas y costos. De esto último, hemos visto también en el Reino Unido con el Brexit, en Colombia con el “no a la paz” y en México con la oposición a los derechos de la comunidad LGBTTI que el costo de subordinar las formas de la democracia sobre su fondo sustancial es a veces muy alto; ello atraviesa por asumir el riesgo de que las mayorías, aun en sistemas electorales diseñados con la más alta “rigurosidad”, no siempre nos conduzcan a procesos democratizadores ni a puertos más humanos.

Hay quienes dicen que con la cerrazón venidera del vecino de enfrente habremos de voltear a ver a otros lados. Yo creo que antes de ver a Europa, Sudamérica o China, es tiempo de voltear hacia nosotros mismos para asimilar que la sensibilidad de un momento puede generar -para los que vendrán después de nosotros generacionalmente- cargas históricas e infiernos con los demonios que creíamos haber superado como civilización.

Sea cual sea nuestra ubicación en los polos ideológicos y políticos, mientras estiremos en sentidos opuestos sin la mesura para reconocer al otro dignamente o a los matices en el espectro, haremos que la democracia pueda seguir atentando contra sí misma con sus propios instrumentos.

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Lado B
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