Educación humanista como opción

Educación humanista como opción

José Guadalupe Sánchez Aviña

Incertidumbre, desazón, desesperanza… parecieran dar marco a la existencia humana en estos tiempos, la promesa de una vida mejor a partir de las propuestas contemporáneas de la individualidad y el racionalismo no han cumplido con las expectativas; si a esto le agregamos el abandono de la postura ingenua de pensar que la educación en sí misma es la respuesta a todo esto, la situación se torna peor. Sin embargo, hay quienes pensamos que es momento de crear opciones alternativas, alguien diría, tiempo de intentar cosas nuevas, estoy de acuerdo, solo que en ocasiones esas cosas nuevas pueden encontrar raíz en propuestas ya existentes. Sigo pensando que la educación es un elemento central en la respuesta a esta crisis, pero una educación con características diferentes a la que obstinadamente insistimos en mantener.

Por una parte, al nacer, en su condición biológica, el hombre se integra al mundo y se ve en la imperiosa condición humana de realizarse a través de la historia social que construye y le construye; por otra, en tanto ser cultural, el hombre hereda, es decir, construye y recibe socio históricamente lo civilizado. Esta situación implica necesariamente procesos de aprendizaje sujetos a la esfera de lo civilizado, es decir: procesos educativos. Son estos procesos vía de construcción de ese individuo comunitario con capacidad de transformación de las realidades que atenten contra su bienestar, procesos que encierran en sí mismos la obligación permanente de optar, de poner en ejercicio la condición humana de la libertad. En otras palabras, y de acuerdo a este planteamiento, la educación representa para una persona, la posibilidad de ser humano, de ejercer efectivamente y por esfuerzo propio la libertad; representa la posibilidad de existencia auténticamente humana, la vida con otros y para otros.

Es el “humanismo” la corriente de pensamiento, que busca preservar y desarrollar lo esencialmente humano: la conciencia que tenemos de nosotros mismos, como personas y como especie; el atributo de nuestra inteligencia; esa atávica convicción de que toda persona posee una dignidad especial que la hace fin en sí misma; el orden del derecho, construcción de valores y normas que protegen esa dignidad contra la fuerza; la capacidad de concebir existencia como destino, como principio y fin, con sentido de realización; los símbolos y el arte, la creatividad estética, la música y la plástica, la sublimación de los instintos en belleza y la humanización de la naturaleza que hacen los artistas; la imaginación y el sentimiento; lo trágico y lo heroico; la trascendencia; y, el amor. (Latapí, 2009, pp. 50-51)

Por una parte, al nacer, en su condición biológica, el hombre se integra al mundo y se ve en la imperiosa condición humana de realizarse a través de la historia social que construye y le construye

Así pues, humanos son: Los símbolos y el arte, la creatividad, la estética, la música y la plástica… las letras y la filosofía… la imaginación y el sentimiento que nos impulsa a construir mundos fabulosos… el amor… es humano: La reiterada búsqueda de valores absolutos que nos sobrepasan y nos comprometen…la necesidad de lo trascendente y el temer el llegar a encontrarlo… la esperanza… dicho por Pablo Latapí: “Todo esto es lo específicamente humano, y llamamos humanismo a las filosofías que lo valoran, y educación humanista, a los intentos por preservarlo en las nuevas generaciones. Porque estos valores específicos del hombre no están dados sino en germen en cada hombre o mujer que nace, porque somos más proyecto que obra terminada, ellos requieren ser cultivados, protegidos y desarrollados por la educación. Todos somos responsables de preservar la esencia humana. Por esto todos educamos, en familia, en la calle, en la conversación cotidiana; también, por supuesto, en las escuelas y en las universidades. (Latapí. pp. 51-51)

El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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Reconociendo que la educación en sí misma está orientada con una visión antropológica que define al modelo de hombre que se busca formar así como el tipo de sociedad que se requiere, considero que ésta, la educación humanista, podría ser una opción en la búsqueda de conservar y promover lo establecido como esencialmente humano. Para esto se requiere llevar a la acción la propuesta, representando un esfuerzo comunitario en donde el individuo establece una relación de interdependencia, a fuerza de su propia autonomía, y que le posibilita a satisfacer la ineludible necesidad de otorgar sentido a su vida.

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