Nosotros los conectados

Nosotros los conectados

Susana Sánchez Sánchez

@multiplesvoces

Si tuvieran que leer dos cuartillas de información o ver un meme, ¿cuál prefieren? Cualquiera que elijan, sean bienvenidos al mito de la sociedad de la información, donde gracias a las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), aquellos que tengan acceso al uso de éstas pueden tener a su alcance diversos tipos de información ¿Ya por eso estamos informados? ¿Basta un dato por acá y otro por allá, más el meme, para estar debidamente informados de lo que pasa en nuestro entorno? ¡No! Nos hemos creído el cuento de estar comunicados e informados por el hecho de estar conectados a la red informática mundial.

Entonces, ¿de qué depende estar informados, donde todo parece estar a un click de distancia?  ¡de la educación!, de nuestra formación para enfrentarnos a este mundo donde fluyen un sinfín de informaciones. La investigadora Delia Crovi Druetta, en su artículo Sociedad de la información y el conocimiento. Entre el optimismo y la desesperanza (2002) hace un breve seguimiento histórico de la sociedad de la información, la enmarca desde la década de los setenta hasta esta era digital cobijada por diversas desigualdades educativas, económicas y sociales que marcan pautas para hablar de sociedades informadas a partir de contextos específicos. En México, por ejemplo, la brecha digital y la precaria educación que todavía imperan, tienen al país en un estira y afloja entre el optimismo y la desesperanza para llegar a ser una sociedad de la información y a eso hay que aunarle la calidad de medios masivos de información con los que contamos.

Pero, ¿qué pasa con los sectores que tienen posibilidades de tener una educación a nivel universitario, con servicio de internet y oportunidad de acceder a distintas informaciones? Aclaro que no hay que meter a los universitarios o a los trabajadores con títulos (carrera trunca, licenciatura, especialidad, maestría, doctorado o posdoctorado) en el mismo costal, pero a veces sus hábitos de consumo informativo los deja mal parados, los visibiliza como analfabetas funcionales, pues no utilizan ningún filtro para sus reflexiones y a veces comparten a diestra y siniestra lo que es treding topic, lo más chistoso es que los medios masivos de información, bajo el argumento de que es de lo que habla la gente, también se suben en el tren y reproducen constantemente algo que puede ser una falacia o la constante reproducción de la discriminación, la xenofobia, el machismo, los prejuicios, etc… ¡está de locos! porque en estos tiempos digitales, donde la prensa tiene más posibilidades de corroborar datos, es absorbida por la inmediatez –y de paso por la idiotez.

Nosotros los conectados a internet, los que tenemos redes sociales digitales, los que decimos que todo se encuentra a un click de distancia, nosotros las audiencias, perdón los prosumidores (porque ahora somos productores y consumidores de contenido, sin importar la calidad), nosotros los que asistimos a una institución educativa (así sólo hayamos pasado unos semestres ahí), nosotros los adictos a la computadora, a la tablet, al celular (siempre y cuando tenga servicio de internet) también tenemos una corresponsabilidad en la construcción de una sociedad de la información digna, y para ello tendríamos que leer todo lo que compartimos en nuestras redes sociales como relevantemente informativo, pues no faltan aquéllos que con toda su sapiencia comparten información de sitios cómicos o falsos creyendo que es un notición verídico, cuyas narrativas –de ficción– se parecen a las periodísticas.

El hecho de mirar los titulares de la prensa en nuestro celular, no nos hace coparticipes de una sociedad de la información y mucho menos de una democracia de la información. Los analistas del mercado nos tienen perfectamente checados y nosotros los conectados caemos dóciles ante sus estrategias. Si quiere saber cómo somos la carnada perfecta de las imágenes, de los click y de los like desde la oferta informativa, quizás pueda interesarle escuchar una entrevista que le hicieron a la periodista española Delia Rodríguez.

Y no, no se trata de huir de la red informática mundial o de ser un amargado en nuestras redes sociales y no compartir memes, se trata de darle el mejor uso posible a esa herramienta (internet) que, en efecto, nos tiene separados por un click, el gran filtro de consumo somos nosotros los conectados y nuestra forma de interpretar y reproducir los mundos del conocimiento y la información.

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