Ni una más
El asesinato de mujeres en Puebla ha aumentado 63.8% entre el gobierno de Marín y el de Moreno Valle, de acuerdo con cifras del Inegi
Por Mely Arellano @melyarel
20 de octubre, 2016
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Ernesto Aroche | Mely Arellano | Marlene Martínez

@earoche | @melyarel | @Qu3tzal

Martes 18 de octubre. Las grabadoras suman voces rotas. Una tras otra. Son centenas. Es la marcha del dolor y el coraje. Mientras las personas se reúnen en terrenos universitarios el tema se replica en las charlas. Una cuenta a la otra la historia de una amiga violentada por su pareja. Otros más allá reflexionan sobre el clima de impunidad, violencia y criminalidad que enmarca el crecimiento en el asesinato de mujeres en Puebla, 63.8 por ciento entre la administración actual y la pasada, según cifras del Inegi. A ninguno de los dos gobiernos le ha interesado la violencia contra las mujeres. La falta de políticas públicas, la omisión e indiferencia hacia la ley, por no hablar de la ausencia de mujeres en los cargos de poder hacen visible lo que, al parecer, como sociedad queremos invisible.

Y acá están, las madres y padres, los hermanos y hermanas, tíos, tías y en general los núcleos familiares (sin importar cómo están constituidos) rotos, heridos por el puñal que atravesó el corazón de la que decidió dejar de ser de él, y él desde su machismo no pudo más que matarla. O destrozadas como la hija de una de esas familias a la que el esposo decidió un día matar y cortar en pedazos, reposar tranquilamente el feminicidio antes de salir a tirar los restos, nada más porque sí, porque puede, porque creció creyendo que las mujeres sólo tienen valor cuando están con un hombre, y ella ya había dejado de estar con él.

La violencia feminicida descrita como la forma extrema de violencia contra las mujeres tanto en el espacio público como privado no sólo incluye la privación de la vida, sino que acarrea conductas misóginas que pueden incluir la impunidad social y estatal. El homicidio es diferente del feminicidio. Mientras que en el primero se priva de la vida a una persona, en el feminicidio, además de privar de la vida, también se atenta contra la dignidad, la integridad, la seguridad. El feminicidio encuentra sus raíces en la discriminación, la marginación, la inferioridad; está enraizado en una desigualdad estructural y una cultura machista.

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Mely Arellano