Acompáñala: crónica de una denuncia
Durante 15 días Karen de la Torre siguió el caso de una joven de 18 años violentada físicamente por su ex pareja, esto es lo que encontró
Por Karen De la Torre @
09 de octubre, 2016
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ni-una menos

Karen de la Torre

@karelampia

“¿Qué pasó?”

El lunes 19, antes de las diez de la noche llegó al hospital, tenía lesiones visibles, esa noche no podría dormir. Le habían dicho que alguien del Ministerio Público iría a tomarle declaración en cualquier momento de la madrugada, la chica había ingresado ahí luego de un episodio de violencia.

Su papá hacía guardia en el pasillo y sabía que debía pedir una orden de protección; era el único buen consejo que obtuvo de esta periodista y estudiante de derecho: “pide la orden de protección, pide la orden de protección”, insistí, insistí.

Rayaban las 3 de la madrugada cuando llegó el agente del ministerio público, y el papá, desvelado, fue a hacer efectiva la chafa asesoría que le había dado su compañera de trabajo: pidió la orden de protección para su hija de 18 años, violentada físicamente por su ex pareja. ¿Cuál fue la respuesta que obtuvo? el agente le dijo que no lo hiciera, que las órdenes de protección entorpecen los procedimientos “la va a pedir y se le va a notificar al agresor que dentro de 72 horas no se puede acercar, pero él sabrá que al pasar esas 72 horas sí podrá”.

En momentos así, cuando apelamos a la humanidad de los trabajadores del estado hay un encuentro de dos mundos: el de la persona que necesita apoyo y consejo, y el de la persona que necesita que su trabajo sea lo más sencillo posible. En este caso, el padre confió en la opinión experta del ministerio y el oscuro de la noche se consumió sin orden de protección para nadie de ese hospital.

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“Pero, ¿qué pasó?”

Ella no sabe cuántas veces escuchó esa pregunta, la escuchó de su gente y de gente que apenas y se había presentado hace un minuto. “¿Qué fue lo que pasó para que él reaccionara así?”. Ella estaba harta, cansada de explicarlo, de revivirlo tantas veces “¡Ya no quiero contar qué pasó!”, me dijo a solas; no porque yo se lo haya preguntado, sino porque estaba frustrada por el paso a paso de levantar su denuncia y hacerla efectiva.

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El martes nada, nada de nada. El miércoles sí, con descomposición estomacal todavía, temprano, la joven fue a continuar su denuncia a la agencia de delitos sexuales y violencia familiar, aquí la mujer de la mesa a la que turnaron su carpeta la hizo salir de la oficina pidiéndole que le enviara a su papá. “La chica no estaba comprendiendo bien las cosas”, le dijo la mujer al padre. La chica se sintió humillada, la mujer incluso se atrevió a tildarla de inmadura.

La mujer les dio cita para que regresaran el próximo viernes 23, el procedimiento no podía continuar así, con las idas y venidas de la chica al baño, tenía que estar “bien”, frente a los peritos, tardaran lo que tardaran.

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Dudas frecuentes: ¿qué va a pasar con él?, ¿la cárcel en serio lo va a corregir o saldrá luego de cumplir su sentencia en peores condiciones psico-sociales?, ¿cuántos días más tengo que venir a este lugar?, ¿en cuánto tiempo le dictarán sentencia?, ¿cuánto tiempo de sentencia tendrá que pasar en la cárcel?

La falta de respuestas, siempre, es directamente proporcional a la deficiente cultura de denuncia. Y el hacer estas preguntas en la agencia del Ministerio Público, es causa de que te llamen inmadura.

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El Instituto Poblano de las Mujeres (IPM), es la Institución gubernamental encargada de dar servicios de: asesoría jurídica, terapia psicológica, acompañamiento, y para casos más delicados el Instituto da el servicio de refugios y albergues.

La chica acudió al Instituto, donde sabían que yo seguía el caso y realizó un acompañamiento ejemplar, ejerciendo presión de directivos a directivos. Aún con todo y el trabajo, y la presencia del Instituto, la chica sintió la revictimización del Ministerio en carne propia. La aberración que sentía por su trato le causaba náuseas, nerviosismo y rechazo a volver a presentarse en ese lugar. Y no, no lo hizo, hasta ahora no ha ratificado su denuncia.

“La forma en la que me trataban, el MP, me molestaba mucho, que fuera lo que ellos quisieran y no mi decisión, o que no hicieran valer lo que yo decía”.

Fue esta institución, la del MP, la que no le dio las herramientas para salir de sus situación violenta antes.

La chica fue violentada por el mismo sujeto meses atrás, y ella fue a denunciarlo. La persona que le tomó la declaración la amedrentó: “Piénsalo bien, él podría tomar represalias”, “así como tú vienes a denunciarlo a él por un delito, él también te puede denunciar por otro”, “si él dice que estás mintiendo se te puede voltear la cosa”.

Aquella vez, ella iba sola. Prefirió volver a su realidad y pretender que no pasaba nada.

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Tener a alguien que valide tu palabra es crucial cuando has decidido terminar con una relación violenta. Y es crucial en un proceso de denuncia: al denunciar una pasa de su situación violenta a la violencia institucional.

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“Los procesos pueden ser muy largos, muy agotadores o muy desgastantes, y las mujeres también tienen un proceso individual en el que están asumiendo que son víctimas de violencia y las implicaciones que eso tiene en su vida”, dice Natalí Hernández Arias de la asociación civil Centro de Análisis, Formación e Iniciativa Social (CAFIS), y explica que lo ideal sería que las mujeres se sientan respaldadas por las mismas instituciones a la hora de denunciar la violencia, sin embargo ocurre exactamente lo contrario.

Así, el acompañamiento tiene que ser considerando las dificultades que enfrenta una mujer que denuncia violencia.

¿Qué hacer como acompañante?

Para la directora del CAFIS: “Ser realmente una red de apoyo, creer en las mujeres, entender que es un proceso y en ese sentido respetar y acompañar. Una cosa importante de su círculo cercano es no minimizar lo que la mujer externe”.

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Después de 10 días a la joven ya no se le notan las heridas en la cara, sigue usando collarín y a ratos le molestan dolores de cabeza muy fuertes, sigue teniendo falta de apetito. La ratificación de su denuncia no será en estos días, pero sí la continuará. La continuará aunque no le agrada el desarrollo de la audiencia de juicio en el nuevo sistema de justicia penal, porque no le parece estar ahí, frente a frente con el procesado. La continuará sin confianza en las autoridades, sin confianza en la cárcel, sin confianza en el sistema penal, en el entendido de que será revictimizada cada vez que vaya a las oficinas del ministerio público a actualizar su proceso.

Después de esto mi confianza y mi interés será sólo para cierto tipo de personas. Y el mal recuerdo tal vez siempre lo tenga”, dice la chica.

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“Y ¿qué fue lo que pasó?”, le preguntan otra vez.

Al menos sus acompañantes, su papá y yo, sabemos que un episodio de violencia no podría explicar la pregunta absurda hecha tantas veces. Para responder algo así habría que ir años atrás de la vida del sujeto para reconstruir su historia y ver la construcción de su joven y violenta personalidad.

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Karen De la Torre