Política y medios: amistades convenientes

Política y medios: amistades convenientes

Susana Sánchez Sánchez

Existe el mito de que la televisión mexicana emergió de la mano del  Partido Revolucionario Institucional (PRI), pero no es así, por lo menos la investigadora Celeste González de Bustamante, en su libro “Muy buenas noches”. México, la televisión y la Guerra Fría (Fondo de Cultura Económica, 2015)[1], narra que quien empezó el negocio de la televisión de la mano del poder político fue un empresario poblano y no el tamaulipeco Emilio Azcárraga Vidaurreta.

Si bien en la década de los cuarenta, Emilio Azcárraga Vidaurreta ya contaba con una fortuna en la industria mediática (en México y Estados Unidos, principalmente) todavía no tenía el poder político para convertirse en uno de los poderes hegemónicos de México, como lo fue a partir de la década de los sesenta. Si hiciéramos un símil con el siglo XXI, Carlos Slim podría ser el Azcárraga Vidaurreta de los años cuarenta, al contar con una gran fortuna, pero todavía no con un poder político dominante.

Entonces, ¿cuál fue la fórmula del empresario Emilio Azcárraga Vidaurreta para apoderarse, además de la radio, de la televisión? ¡El entretenimiento! La fórmula clásica de: al pueblo, pan y circo. El futbol fue el trampolín para mantener entretenidas a las masas.

Lo que sí deja claro la autora de libro son los nexos entre el sector político y empresarial al momento de hacer negocios. Por ejemplo, Rómulo O´Farril Silva –dueño del diario Novedades, de la estación de radio XEX y dueño de una planta de manufactura automotriz– era un amigo íntimo Miguel Alemán Valdés, quien fue presidente de México de  1946 a 1952. Los vínculos personal, político y financiero que el presidente mantenía con su amigo, sí se inclinaron a favor de otorgarle al empresario poblano la primera concesión de televisión (incluso la autora menciona las especulaciones que se tenían entorno a que O´Farril Silva era el prestanombres del presidente Alemán en el negocio de la televisión); a pesar de que  Emilio Azcárraga Vidaurreta contaba con más experiencia en el campo mediático.

Entonces, ¿cuál fue la fórmula del empresario Emilio Azcárraga Vidaurreta para apoderarse, además de la radio, de la televisión? ¡El entretenimiento! La fórmula clásica de: al pueblo, pan y circo. El futbol fue el trampolín para mantener entretenidas a las masas.

En mayo de 1966, tras la inauguración del Estadio Azteca, Emilio Azcárraga Milmo (hijo de Emilio Azcárraga Vidaurreta), junto al poblano Gustavo Díaz Ordaz, presidente de México de 1964 a 1970, inauguraban el estadio y además simbolizaban el nacimiento del poder hegemónico, a nivel mediático y político (Televisa-PRI).

El libro “Muy buenas noches”. México, la televisión y la Guerra Fría, debe ser un texto indispensable para todos aquellos que por mera  curiosidad quieran saber a detalle cómo se tejen los nexos entre poder y medios masivos de comunicación en México, con el objetivo de lograr una dominación social, a través de la información, el entretenimiento y la educación pensados desde la industria mediática.


[1] El libro originalmente apareció en inglés. González de Bustamante, Celeste (2012) “Muy Buenas Noches”: México, Television and the Cold War. Lincoln, University of Nebraska Press.

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