Nunca es tarde para construir el futuro

Nunca es tarde para construir el futuro

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

 

“Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida”.

Woody Allen.

 

Reanudamos hoy esta Educación personalizante después de dos semanas de necesario descanso, con mucho ánimo y energía renovada para seguir tratando de proponer elementos para la reflexión y el diálogo inteligente, crítico y responsable sobre el hecho educativo en general y sus concreciones en nuestra realidad nacional.

El tema obligado por su relevancia e impacto en la discusión en el medio educativo es la presentación del nuevo Modelo Educativo (ME) que dio a conocer la Secretaría de Educación Pública del Gobierno Federal en fechas recientes, sometiendo a consulta los tres documentos que lo conforman: Los fines de la Educación en el siglo XXI, El Modelo Educativo 2016 y la Propuesta curricular. Estos tres documentos pueden encontrarse en la página web de la SEP, en la siguiente liga.

En varias ocasiones insistí en este espacio que siendo absolutamente necesarias y pertinentes, las reformas legales que constituyeron el Sistema Profesional Docente, otorgaron autonomía al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, establecieron las bases para la evaluación docente como mecanismo para el acceso, permanencia y promoción de los docentes con base en sus méritos y en suma, devolvieron la rectoría del Sistema Educativo Nacional (SEN) al Estado, eran una condición necesaria pero no suficiente para la transformación de la educación nacional y la mejora de la calidad y la equidad de la formación de los futuros mexicanos.

De la misma forma planteé en esta columna en distintas ocasiones a partir de la consulta nacional que se realizó por convocatoria del anterior Secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet la urgencia de que la SEP terminara la sistematización de la información obtenida en los foros nacionales y diera a conocer el modelo educativo que sería la base pedagógica que orientaría las transformaciones educativas en los distintos niveles, completando así lo que faltaba a la reforma para ser una verdadera reforma educativa.

Finalmente después de alrededor de dos años y medio –muy tardíamente- y justo en el momento de mayor tensión por el escalamiento del conflicto magisterial a partir de los condenables hechos de violencia ocurridos en Nochixtlán, Oaxaca aún sin esclarecer –en el momento más inoportuno-, la SEP publicó el ME y convocó a una nueva consulta para mejorar los tres documentos que lo conforman: una nueva consulta sobre algo ya consultado, que sin embargo es positiva porque volverá a escuchar la voz de los distintos actores del sistema educativo y de la sociedad civil en un momento distinto al de la consulta inicial.

La falta de oportunidad en la publicación del ME que llega en un contexto de molestia y oposición creciente a la reforma educativa entre los sectores radicales del sistema educativo que han tomado nueva fuerza a partir de Nochixtlán y de tensión y molestia también palpable en un buen porcentaje del magisterio y la academia dedicada a la investigación educativa ha provocado reacciones muy fuertes de descalificación del ME y cuestionamientos por parte de la opinocracia nacional.

Sin embargo y a pesar de ser criticable esta falta de sensibilidad y de “timing” (ritmo de reacción) de la SEP –que ha sido característica general de todo el Gobierno Federal en este sexenio- resulta muy importante que quienes tenemos interés en que se logre un verdadero cambio en nuestro sistema educativo que impacte realmente en lo que pasa cotidianamente en las escuelas y en las aulas, contribuyamos crítica y propositivamente a mejorar, ampliar y legitimar este nuevo modelo que marcará la orientación de la formación de los futuros ciudadanos de este país.

Finalmente después de alrededor de dos años y medio y justo en el momento de mayor tensión por el escalamiento del conflicto magisterial a partir de los condenables hechos de violencia ocurridos en Nochixtlán, Oaxaca aún sin esclarecer, la SEP publicó el ME y convocó a una nueva consulta para mejorar los tres documentos que lo conforman: una nueva consulta sobre algo ya consultado, que sin embargo es positiva porque volverá a escuchar la voz de los distintos actores del sistema educativo y de la sociedad civil en un momento distinto al de la consulta inicial.

Nunca es demasiado tarde para construir un mejor futuro para la educación y contribuir desde esta actividad fundamental a la construcción de un país más justo, democrático, pacífico e incluyente. De manera que dedicaré varias entregas de esta Educación personalizante a analizar algunos de los elementos fundamentales de este nuevo modelo educativo nacional.

En primer lugar es necesario decir que contar con estos documentos es un paso adelante en la transformación de la educación que necesita con urgencia nuestra sociedad en crisis. Sin duda hay mucho que criticar y proponer para que estos tres documentos tengan mayor consistencia interna, desarrollen con mayor profundidad los elementos que los componen y respondan con mayor pertinencia en sus definiciones y orientaciones a lo que México requiere en este momento histórico de crisis en todos los campos. Pero la publicación de estos documentos y la consulta convocada constituyen una oportunidad para la construcción de una visión compartida sobre el qué, el para qué, el cómo y el a quién educar en función del país diferente que queremos construir en el mañana a partir de la enorme riqueza y las enseñanzas de nuestro pasado.

Para iniciar el análisis es importante señalar que –desde lo que personalmente recuerdo- el documento sobre Los fines de la Educación en el siglo XXI plantea por primera vez un acercamiento a las finalidades de la educación nacional tratando de responder a la pregunta sobre el para qué educar, que es en el fondo la pregunta por qué país queremos construir y qué perfil de mexicanos necesitamos formar para lograrlo.

Se trata de un documento muy breve y conciso que deberá sin duda enriquecerse pero desde mi punto de vista no tendría que ampliarse demasiado para no perder claridad y contundencia sobre las claves fundamentales que para responder a las preguntas fundamentales que señalo en el párrafo anterior.

Partiendo obviamente de las modificaciones al artículo tercero constitucional, el documento señala la necesidad de construir un país “más libre, justo y próspero” que está inserto en un mundo cada vez “más interconectado”. Para lograrlo, se requiere de una educación que no solamente sea laica y gratuita sino “de calidad e incluyente”, lo que constituye una formulación mucho más completa y desafiante del derecho a la educación que tienen todos los niños. Porque no basta con garantizar el acceso de todos a la escuela si los aprendizajes que ellas les brindan no tiene la calidad que los capacite para poder enfrentar los retos de un mundo cada vez más complicado, competitivo, plural e incierto y no les provee de una visión del mundo en la que quepan todas las personas, por más distintas que sean en sus características raciales, culturales, económicas, físicas, ideológicas, etc.

En el rubro de “Los mexicanos que queremos formar” se plantean tres grandes rasgos del perfil de un egresado de educación básica y media superior que son: la correcta expresión oral y escrita, el autoconocimiento y conocimiento de su identidad y los valores y comportamientos éticos relacionados con la democracia y el estado de derecho.

A partir de estos tres rasgos generales se propone una tabla en la que se describen los logros de competencias genéricas en diversos ámbitos por cada nivel educativo: preescolar, primaria, secundaria y bachillerato.

Los ámbitos de desarrollo son: lenguaje y comunicación; pensamiento crítico y reflexivo; valores, convivencia y colaboración; desarrollo físico y emocional; México y el mundo; arte y cultura y medio ambiente.

Nada nuevo bajo el sol, diríamos con razón puesto que estos ámbitos y competencias están ya presentes de diversas maneras en los documentos que norman los planes de estudio actuales. Nada nuevo bajo el sol sin embargo podría esperarse en un documento de definiciones generales de los rasgos de la educación en este siglo que están ya muy desarrollados, consensuados y difundidos a nivel internacional. Sin embargo, partir de este planteamiento y desarrollar con mayor nivel de detalle y profundidad cada uno de estos ámbitos, a partir de nuestras propias características y necesidades y de nuestro contexto histórico y cultural puede derivar en un documento muy rico y pertinente que plantee con claridad el sentido último de la educación pública en el país, lo cual sería un avance muy importante para la definición de los demás niveles de concreción del quehacer educativo. Resulta valioso constatar que se incluyen elementos de conciencia ambiental, convivencia y valores, desarrollo físico y emocional, etc. que constituyen una visión integral de la formación más allá de lo meramente cognitivo o basado en contenidos temáticos. Se analizará en próximas entregas qué tanto esta visión integral se logra aterrizar en el modelo educativo y la propuesta curricular.

Un elemento que desde mi punto de vista no contiene este documento y sería necesario desarrollar es el de las finalidades sociales de la educación. Si bien se parte de un planteamiento muy breve y general sobre la necesidad de construir ese país más libre, justo y próspero y en algunos ámbitos del desarrollo de los mexicanos que se quiere formar está la cuestión del estado de derecho y la democracia o el respeto al medio ambiente, considero indispensable que exista una sección en la que se desarrolle con amplitud y claridad la respuesta a la pregunta sobre qué país queremos construir.

Nunca es tarde para construir un mejor futuro y en este caso, una educación que contribuya el logro progresivo de ese mejor futuro a partir de su definición. Ojalá en lugar de descalificaciones existan muchas aportaciones verdaderamente críticas para la construcción de una versión muy sólida y pertinente del modelo educativo que oriente la dimensión pedagógica de la reforma educativa.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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