Medalla de oro en misoginia y violencia

Medalla de oro en misoginia y violencia

Liz Ruiz

Cualquier pretexto es bueno para poner de manifiesto nuestros patrones culturales. Ahora con las olimpiadas de Río 2016 y el uso de las redes sociales podemos apreciar nuestra idiosincrasia en todo su esplendor (y experimentar con horror cómo nos deja cieg@s). El ejemplo perfecto es la avalancha de críticas que le propinaron a la gimnasta Alexa Moreno en redes sociales. Este horrendo fenómeno asombró a muchas personas, y se inició la batalla campal: a ella se le ha menospreciado por su peso, por su “cara de mexicana” y por “mediocre”. A su vez, muchas personas que la defienden argumentan que quienes la critican son mediocres. Total, la mediocridad es una etiqueta que asumimos como mexicanxs hace mucho y que utilizamos comúnmente para explicar nuestro fracaso educativo, económico, político, social, deportivo, humanitario… (¿le sigo?).

No es la mediocridad lo que nos impide mejorar como sociedad. Si en México hubiera una aberración a la mediocridad todos y todas seríamos personas disciplinadas, perfeccionistas, tenaces. Lo que hay es odio a las mujeres, racismo y discriminación. Critican duramente a Alexa Moreno por su peso; porque no cumple con las expectativas de que una mujer debe ser flaquísima (pero a la vez fuerte, saludable y sencilla). Esa reprobación difícilmente se le hace a un hombre, pero en el caso de las mujeres la primera y más importante característica es nuestro físico. Hagas lo que hagas, siempre debes ser guapa, muy guapa. Esto es machismo y misoginia pura. Y de pilón se le critica su “cara de mexicana”. Esto, además de seguir el mismo patrón que con su cuerpo, es un autogol de nuestra parte, pues en un país de mexicanxs, todxs tenemos cara de tales, ¿no? Esto, es racismo puro. Racismo y misoginia juntos.

alexa moreno

Después, descubrimos con horror que este desprecio hacia las mujeres no es exclusivo de México, ni siquiera de Latinoamérica (¡no tuviéramos tanta suerte!). Es un hecho en todas las sociedades globalizadas, pues a tan solo una semana de haberse inaugurado los juegos olímpicos, se han contabilizado innumerables muestras de sexismo alrededor del mundo, (aquí hay un artículo que lo ejemplifica). Pienso en el ejemplo de Rafaela Silva, la impresionante yudoca negra que obtuvo la medalla de oro en esta semana, cuya historia implica pobreza, violencia y un ambiente hostil desde la infancia. Para llegar a este honorable lugar, también ha tenido que soportar ser atacada en redes sociales por ser negra y por ser mujer. Otra vez, la misma fórmula: racismo y misoginia. Y el último ejemplo que citaré es el de Majilinda Kelmendi, quien acaba de ganar la primera medalla de oro de su país, el cual por cierto ha sufrido por años los embates de la guerra. En estas tres mujeres hay historias impresionantes de lucha, de disciplina, esfuerzo, tenacidad y vehemencia. Y adivinen en qué tiene puestos los ojos el mundo: en su pelo, en su ropa, en su peso.

Rafaela silva

¿Puedes imaginar qué sentirías tú en esa situación? ¿Hacer tu mayor esfuerzo, superar los mayores obstáculos, dar el mejor ejemplo para lxs infantes que te observan y ser criticada por tu físico? No creo que necesites imaginarlo, es algo que todas las mujeres sufrimos. Estoy segura que lo has vivido en tu día a día, siendo criticada por trivialidades de tu físico, tu origen o tu raza cuando intentas ser mejor.

Y este es exactamente mi punto: estas deportistas olímpicas son la muestra de un patrón cultural mundial. No importa cuán impresionante sea lo que hagas, siempre serás insuficiente por ser mujer. No importa cuánto te esfuerces, siempre te faltó ser aria, delgada, chichona o nalgona. Esa es la situación de las mujeres en el mundo en este momento. Todas vivimos este menosprecio por nuestro físico y nuestro contexto, y lo recibimos de hombres y mujeres. Porque nadie ha sido enseñadx a amar y respetar a las mujeres.

Maijlinda

Así que quiero aprovechar este espacio para hacer un llamado al amor, el respeto y la solidaridad entre nosotras y para nosotras. Las mujeres hacemos cosas impresionantes todos los días, desde nuestros espacios y posibilidades y merecemos ese reconocimiento. Independientemente de tu género, contribuirás mucho con nuestra sociedad si empiezas a hablar bien de las mujeres y reconocer sus esfuerzos y valía. Esa es una sencilla pero significativa revolución.

Gracias por leerme. Soy psicoterapeuta y sexóloga de Puebla, y presido el Colectivo Equilátera A.C. de educación sexual y educación para la paz. (Por si te interesan mis servicios o quieres amenazarme de muerte por feminista, este es mi Facebook)

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