El día que Diego Rivera conoció a los pokémones

El día que Diego Rivera conoció a los pokémones

Alonso Pérez Fragua

@fraguando

#LaEternaIncomprendida #PokémonGo

La página de FB del Museo Nacional del Arte (MUNAL) fue de nuevo plataforma de polémica en 2016, no tan ardiente como la que suscitaron sus fotos «pornográficas» de la exposición El hombre al desnudo de 2014, pero polémica finalmente. Resulta que el pasado miércoles 13 de julio aparecieron dos imágenes que muestran a esos seres orientales llamados pokémones pululando por las salas del museo con la leyenda «¡Atrápalos en el Museo Nacional de Arte! ‪#‎PokémonGo».

La referencia, para quienes no lo sepan a estas alturas, tiene que ver con una nueva aplicación lanzada el 7 de julio de este año. Una nota del sitio electrónico de Expansión explica que la app, disponible para teléfonos inteligentes, «empalma criaturas de realidad virtual en el mundo real a través de tu cámara y de la tecnología de realidad aumentada. Los jugadores exploran sus barrios en la vida real para capturar Pokémon».

Para mí, persona ajena al universo de Pokémon –a pesar de que generacionalmente me tocó de refilón este fenómeno-, la historia del multicitado juego empezó, como se puede leer, en el momento que éste tocó mi mundo laboral, el de los recintos culturales. Otros más, los fanáticos y gamers de hueso colorado, seguramente se enteraron desde que se lanzó la versión de prueba en Japón y luego supieron que los primeros y afortunados países en poder vivir esta experiencia serían EUA, Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda y Alemania. Aunque al momento de escribir este texto, México y otras naciones no son parte aún de la lista oficial, es posible bajar la app con un sitio espejo o a través de una cuenta estadounidense de AppStore, según afirman diversas notas de prensa y testimonios directos.

Pero vayamos de regreso al cruce del mundo Pokemón con el del arte. En el caso del MUNAL, hubo por un lado felicitaciones al administrador de sus redes sociales por aprovechar la presencia de las criaturas virtuales en sus salas para difundir la labor de acercamiento al arte que realiza el recinto[1].

alonso_pokemonGoEn el otro lado del espectro -como no podía faltar- levantó la voz un sector del público molesto desde hace tiempo con las salas “repletas de personas que solo toman fotos de cada ‘cuadrito con letras’ o de niños corriendo, jugando y atravezandose (sic) Ahora con la idea de que asistan al museo sólo a jugar pokemon (sic) Bravo !! (sic)”. Porque claro, desde que inventaron a los niños el ir al museo se ha convertido en un horror…

Lo que me parece no ven aquellos que promueven la prohibición de selfies y de niños y de viejos-que-caminan- despacio-y-estorban-y-huelen-mal, es que el ciudadano de a pie no va forzosamente a los museos y galerías por decisión propia, al menos en una primera ocasión. Una vez enamorados del arte y de la historia y de la ciencia es posible que regresen a los recintos que promueven estas disciplinas pero, el primer paso, la primera vez que ponen un pie en un lugar que les parece ajeno, sucede de muchas y muy variadas formas. Una de estas formas distintas quizá es con apps como Pokémon Go.

Otro asunto que muchos de estos anti-selfies no ven es que los espacios públicos en donde se aparecen los pokémones no decidieron ser incluidos en la aplicación en su primera etapa. Fueron los programadores que, por convicción o por estrategia, decidieron que el juego tuviera como elemento primordial el sacar a los jugadores de sus casas y conocer sus ciudades. ¿No es la crítica a los juegos de video que, además de idiotizar, segregan a sus usuarios encerrándolos en los sótanos de sus padres hasta los 40 años de edad?

Prueba de este objetivo logrado de (re)conocer la ciudad a partir de Pokémon Go lo ofrecieron los locutores de Moebius, programa de Ibero 909 de Ciudad de México, quienes en su transmisión especial de verano, el 18 de julio, comentaron las experiencia de algunos jugadores mexicanos que luego de años de vivir en la capital mexicana y convivir con diversos espacios, se percataron por primera vez de tal o cual estatua o tal o cual parque.

Hay puntos negativos a destacar, como en todo, por ejemplo los casos de gente que ha entrado en propiedad privada –autos incluidos- porque dentro hay pokémones. Y si hablamos nuevamente de espacios vinculados a la cultura también hay quejas totalmente justificadas en mi opinión, como las de incluir como lugares de aparición de pokémones –Poke-paradas- sitios como el Museo del Holocausto de Washington y Los Angeles, el cementerio estadounidense de Arlington o las instalaciones del antiguo campo de exterminio nazi de Auschwitz, en Polonia.

Creo que aún es delicado romper con la solemnidad de algunos lugares o temas como la muerte, sí, pero también creo que el arte y sus espacios necesitan ser menos solemnes.

Diego y la oportunidad en los números.

La postura de este texto es clara y si quedara duda hasta ahora, va de nuevo y bien explícita: resulta elitista y anticuado el denostar a Pokémon Go y a sus usuarios de forma generalizada y, sobre todo, negar la posibilidad de que esta app sea un vehículo para acercar a la gente al arte o a experiencias más allá de lo estrictamente lúdico.

El 14 de julio, un día después de la mencionada publicación electrónica del MUNAL, introduje el tema al grupo privado de “Artistas y gestores de Puebla” en FB. Las opiniones encontradas surgieron de nuevo como en el muro del citado museo. Una a favor fue de Christian Michel, director y fundador de Resorte A.C. quien destacaba la efectividad del ejercicio: “Bravo, sobre todo por el comentario top de esa publicación. Diego Rivera les debe algo a los Pokémon”. Christian hacía referencia a la pregunta que hiciera un seguidor de la página del MUNAL referente al autor del cuadro que aparece detrás de un pokémon amarillo.

CapturaChristian

En un cruce que ciertamente parecería improbable hasta hace unos meses, el artista canónigo por excelencia, Don Diego María de la Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez, aparece aquí al lado de seres vinculados con el anime, los juegos de video, lo geek y lo nerd. Y si me preguntan, este tipo de ruptura de barreras es de elogiarse.

Ahora bien, no todo es miel sobre hojuelas. Como ha sucedido en otras ocasiones, el vincular el “selecto” mundo del arte con la cultura pop tiene el potencial de ser benéfico pero hay que saber aprovechar la situación. El incentivar o permitir que la gente se tome selfies frente a las obras de un museo o atraerla a cualquier recinto cultural con estrategias poco ortodoxas, por llamarlas de alguna manera, es aplaudible y hasta necesario pero es solo el primer peldaño de una escalera que hay que saber construir. De nada sirve que la gente llegue y pase por el lugar sin percatarse de su valor.

En este caso, los pokémones facilitan el acercamiento pero es responsabilidad de los recintos culturales enamorar al público y hacerlo regresar.

Porque siempre podemos presumir que nuestro número de visitas aumentó gracias a Pokémon Go o cualquier otro fenómeno que venga el siguiente mes pero, la calidad de esa experiencia ¿dónde queda?

¿Cómo entonces hacer que los poke-jugadores regresen a nuestros museos, galerías, espacios culturales y monumentos? ¿Cómo hacer que se percaten del valor de los edificios y obras que esos “gimnasios” o poke-paradas contienen? Cada lugar y acervo deberá encontrar la manera específica pero es un hecho que en la fórmula tendremos que considerar que los públicos en el siglo XXI viven una realidad distinta y cambiante a cada segundo. Es un hecho que deberemos ver que nos enfrentamos a un juego de realidad aumentada y en ese sentido estamos obligados a hacer que la realidad-real sea igual o más atractiva, interesante y enriquecedora que la experiencia que se ofrece a través de la pantalla, destacando la importancia y el contexto de lo que exhibimos. Porque con o sin realidad aumentada, o Pokémon Go o selfies, el arte y la ciencia compite desde siempre contra una cantidad inimaginable de experiencias y estímulos cotidianos que “atrapan” a nuestra audiencia potencial y la aleja de nosotros. Es entonces nuestra responsabilidad hacer que Diego Rivera y Mario Molina, Schrödinger, Einstein y las generaciones de creadores y científicos que les siguen sean tan cotidianos y familiares como Pikachu y Ash.


[1] El 26 de julio se buscó de nuevo en el muro del MUNAL la mencionada foto del pokémon con el cuadro de Diego Rivera de fondo pero no fue posible hallarla; es probable que se haya eliminado para frenar las agresiones entre los usuarios pero eso es solo una especulación ya que el museo, hasta este momento, no ha respondido a la solicitud de entrevista que se le hizo el 24 de julio y una vez más dos días después, a través de su página de FB.

Alonso Pérez Fragua es periodista, gestor cultural y eterno aprendiz de las cosas del arte y del mundo. Actualmente realiza estudios de maestría en Estudios Culturales por la Universidad Paul Valéry, de Montpellier; su tesis tiene a Netflix y a las tecnologías digitales como objetos de estudio. En México cursó una maestría en Comunicación y Medios Digitales, y una especialidad en Políticas Públicas y Gestión Cultural. Melómano, bibliógafo, cinéfilo, maratonista de series, wikipedista y un poco neurótico. Lo encuentras en Twitter e Instagram como @fraguando

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