Martina Žoldoš
Foto:   Martina Žoldoš
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Reyna Yareli Mojica Mejía, 15 años

Terminando quinto año de la primaria abandonó la escuela y empezó con el trabajo doméstico ayudando a su madre. Con 14 años ya limpiaba casas sola. Su madre eventualmente dejó de trabajar para cuidar a sus tres hijos menores mientras Reyna trabaja para ayudar a sostener la familia.

 

Foto:   Martina Žoldoš
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Gemma Bolás Amador, 51 años

Después de ver a su madre llorar por falta de comida fue a la tienda más cercana y preguntó si podía ayudar. La dueña le dio la escoba y al final del día 10 pesos y una bolsa de despensa. Gemma tenía 6 años. Dos años después fue sola al centro de Puebla a buscar  trabajo doméstico. Los años de explotación laboral le han traído un cansancio que nunca se le pasa, y enfermedades.

 

Foto:   Martina Žoldoš
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Luisa Arreola Castillo, 45 años

Eran 11 en su familia. Vivía en un pueblito en la Sierra Norte de Puebla. Cuando cumplió 14 años su padre le dijo que ya no podía mantenerla, y la mandó a trabajar y vivir con una familia y a una cuidad que nunca antes había conocido. Lleva 31 años haciendo trabajo doméstico y nunca ha tomado vacaciones.

Foto:   Martina Žoldoš
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Esperanza Lima Hernández, 51 años

La familia para la que ha trabajado toda su vida la trata y le paga bien. Cada enero le aumentan el sueldo (actualmente es de 1800 pesos a la semana) sin pedírselo. Cuando por alguna razón tiene que quedarse hasta la noche, le pagan el doble. Si está enferma, la mandan a descansar sin descontarle del salario.

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Eva Antonio Ramírez Reyes, 21 años

Trabaja de planta, lo que significa que vive en la casa donde trabaja. Su día empieza antes de las 7 de la mañana y termina a las 8 de la noche. Su pequeño cuarto en la azotea, donde descansa en la noches, es en realidad cuarto de lavado con una cama y una televisión vieja. Toda la semana laboral no sale de la casa, sólo tiene libres los domingos.

Foto:   Martina Žoldoš
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Karina Nieves López, 36 años

Trabajando en fraccionamientos lujosos gana el doble que la mayoría. Pero todo tiene su precio: trabaja los domingos, en semana santa, navidad y otros días festivos. Este año fue la primera vez en 8 años que descansó el 1 de enero.

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Gabriela Ramírez Díaz, 25 años

Tenía 15 años cuando sus padres la mandaron a hacer trabajo doméstico por primera vez. Desde entonces cada mañana sube al autobús en Acajete para hacer viaje de hora y media a la cuidad de Puebla. Aunque los últimos empleadores no le han aumentado sueldo en 5 años, está contenta con el trabajo. Desde hace 10 años no depende económicamente de sus padres.

 

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Liliana Morales Ayala, 20 años

La falta de recursos económicos de su familia le impidió seguir estudiando después del bachillerato y tuvo que empezar a trabajar. Espera pronto ahorrar lo suficiente para poder pagarse los estudios de Psicología. En caso contrario buscará otro trabajo.

Consulta la nota aquí. 

 

Egresada de la Licenciatura en Comunicación. Fotógrafa, apasionada de la lectura y la escritura. Ha sido asistente de producción, directora de arte y asistente de arte en producciones locales y no tanto.

2 COMMENTS

  1. Las historias son muy buenas, el trabajo del hogar sigue siendo tan invisible para la sociedad, y discriminado. cuando no debería ser así. el trabajo del hogar necesita ser valorizado y respetado, ya que no cualquier persona lo hace, aun que digan hay son cosas de la casa es fácil. no es así.nuestras leyes tienen que cambiar. para no vivir a la voluntad de los empleadores.

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