Stranger Things (o un viaje nostálgico por los ochentas)

Stranger Things (o un viaje nostálgico por los ochentas)

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Amira George

Mientras me dispongo a escribir estas líneas escucho de fondo la selección musical de una barra de programación de un canal de vídeos que, curiosamente, va acorde al tema de esta entrega: “Old is Cool”.

Y bueno, es que pareciera que mientras más avanzan los años, la tecnología y la sociedad en general, más extrañamos los tiempos más simples, en los que no existían los teléfonos celulares, las redes sociales, la computadora esclavizante, y que los niños podían salir a andar en bicicleta, tener aventuras paranormales y regresar a tiempo para comer. O bueno, eso era lo que nos decían las películas de esos años ochentas, que hoy parecen más presentes que nunca.

Esa necesidad colectiva que parece muchos compartimos de querer subirnos al Delorean con el Doc Brown y regresar a unos 30 años atrás se refleja en la reaparición de muchos elementos de esos años, música, moda y hasta vídeojuegos -cuento los días para que salga el Nintendo Clásico una vez más para volver a ese control incómodo de ocho botones que era la gloria-.

Así pues, en una cultura que quiere regresar al pasado, aparece Stranger Things cuya formula es básica: en una licuadora mete un poco de Steven Spielberg, Stephen King, Pesadilla en la Calle del Infierno, Poltergeist, un poco de Super 8 (película de J.J. Abrahams de hace unos años pero que va acorde con la receta en mano) y una musicalización con sintetizadores a los x-files y canciones clásicas de la década. Es de esas mezcolanzas que uno no sabe cómo pero llegan a saber delicioso.

Aunque claro, nada de esto se mantendría de pie por sí solo, porque sólo para ver homenajes o copias de historias clásicas me quedo con lo original, sino que además se tiene un guión tan bien estructurado que no sólo no hay una sola línea que quede en el aire -con excepción de aquellas que intencionalmente se dejan abiertas-, sino que no hay forma de no sentir empatía por alguno de los personajes principales, lo cual llega a ser complejo, digo al final llegué a sentir agrado hasta por el mamón del chico popular, porque hasta él llega a tener su momento para brillar.

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La trama se centra en Hawkings, un pequeño pueblo en los años ochentas en Estados Unidos, donde un día de la nada Will, un niño de 12 años, desaparece misteriosamente al llegar a su casa, lo cual lleva a que tanto su madre por un lado -interpretada por una Winnona Ryder que parece regresar de la muerte después de años sin tener algún papel memorable-, y sus tres mejores amigos por el otro se dediquen de lleno a buscarlo, luchando contra la sociedad que les dice que es un caso perdido.

A lo que podría ser un mero drama familiar se le agrega la chispa de lo sobrenatural cuando en ese escenario aparece una niña rapada, solitaria, espantada y quien no habla mucho, de quien poco a poco vamos conociendo su pasado, los poderes que tiene y el papel que juega ella en las cosas extrañas que comienzan a pasar en el pueblo.

Stranger Things cuya formula es básica: en una licuadora mete un poco de Steven Spielberg, Stephen King, Pesadilla en la Calle del Infierno, Poltergeist, un poco de Super 8 y una musicalización con sintetizadores que suena a x-files y canciones clásicas de la década

Como me pasa en otras ocasiones, soltarme para escribir más implicaría un riesgo grave de describir uno por uno los ocho capítulos que conforman la primera temporada de esta serie -producida, por cierto por Netflix-, pero para evitar soltar spoilers sólo dejaré la descripción de la trama hasta ahí, aunque hay que incluir experimentos científicos por entidades gubernamentales, monstruos de otros mundos y mucha fantasía. ¿Qué más se puede pedir?

Como mencioné unas líneas más arriba, Ryder da una actuación maravillosa en la piel de Joyce, una madre desesperada que llega a pensar que pierde la razón, pero que logra sacar un valor que la lleva a enfrentar lo más oscuro de este y otro mundo sólo para salvar a su pequeño; pero más allá de ella son los niños los que se llevan las palmas. Los cinco pequeños actores son los que le dan ese sentimiento de inocencia y cordialidad que hace que la serie llegue al corazón, digo ¿a quién no le gustaría formar parte de un grupo de amigos así de estrecho y de fieles que son capaces de sacrificar todo por el otro?.

En lo personal, además de la madre valiente y los niños adorables, el personaje del capitán de policía, Jim Hopper es el mejor. Al inicio lo presentan como un perdedor, que ha encontrado un nivel de conformismo en un puesto de seguridad pública en un pueblo donde no pasa nada, y que incluso llega a minimizar la desaparición de Will; pero a raíz de las circunstancias y la información que va encontrando se vuelve, hasta cierto punto, el líder del grupo que busca al pequeño, en este mundo y en el otro. Ese diseño como del antihéroe que renace de las cenizas podría llegar a parecer un poco como John McClane, en este sentido de las referencias ochenteras.

Uno de los puntos que más llama la atención es que esta serie fue escrita, producida y dirigida por novatos en la industria; Matt y Ross Duffer sólo tienen un largometraje en su currículum –Hidden, que salió en 2015-, y varios cortometrajes, y a pesar de esto, o tal vez por la visión fresca que traen, es que lograron consolidar lo que ya apunta para ser una de las mejores series del año.

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