Me agarra el seno
El sábado pasado un tipo me agarró un seno, el izquierdo, me lo agarró con toda su mano. No es la primera vez que un hombre, gay o hetero, lo hace. No me sorprende y tampoco me enoja. Pero sí me deja pensando en la manera en que nos relacionamos con nuestro cuerpo, el espacio y la situaciones.
Por Lado B @ladobemx
19 de julio, 2016
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ChispillaTronik

@chispillatronik

El sábado pasado un tipo me agarró un seno, el izquierdo, me lo agarró con toda su mano. No es la primera vez que un hombre, gay o hetero, lo hace. No me sorprende y tampoco me enoja. Pero sí me deja pensando en la manera en que nos relacionamos con nuestro cuerpo, el espacio y la situaciones. Dos de las veces que me han agarrado un seno me quedo oscilando entre la curiosidad y la reflexión. En ambos casos era de noche y habían alcoholes de por medio. El cuerpo de la mujer siempre es un aspecto disturbante en el espacio. A través de los medios de comunicación que objetualizan nuestros cuerpos, la idea eterna y permanente de poder tocar «eso» que esta ahí se extiende en nuestros criterios. Pero no en el de todos, en realidad en el imaginario masculino, pero no en el femenino.

Esta semana estuve reflexionando sobre esos roles de género que son permitidos, alentados y hasta aplaudidos según quién realice qué cosa.

Uno. Mi amiga Agnija me relataba sobre un doctor de su natal Letonia que afirmaba que «el problema no es la emancipación de la mujer, sino la degradación del hombre…». Esto nos llevó un tiempo aclararlo entre ambas. Yo preguntaba, ¿entonces la mujer debe volver a casa, quedarse ahí, echar atrás décadas de lucha? ¿es la responsable de que todo va mal?

– Nop nop.. él no dice eso…

– ¿entonces? ¿a qué refiere este doctor?

– En un apartado habla sobre la situación de la sociedad en general… como ejemplo menciona los países nórdicos, en los cuáles la familia ya desapareció como núcleo social… porque la mujer es bastante estudiada e independiente… por lo tanto se ven solamente los fines de semana para intercambiar chamacos, ir a un restaurante y ya… y una de las causas es eso que las mujeres cada vez son más emancipadas… pero al mismo tiempo la mente masculina se degrada… no hay un interés por parte de hombre a evolucionarse… Solamente dice que el hombre cada día es más consumidor, más tele, más chelas, más fut… y se degrada… sin embargo la mujer está en un proceso interminable de un deseo de superación…

– ¡Verdeeee!, ya entendí.

– …y de allí empieza el problema de la sociedad en general. Por eso también la situación en mi país, por ejemplo, muchas mujeres hermosas, educadas, inteligentes… y solas.. queriendo tener pareja… no encuentran… porque no vas a agarrar a un imbécil básico..»mejor sola que mal acompañada»… jeje

– ay canijaaaa, ciertooo, estamos frente a una crisis.

Esto resonó muy fuerte en mi cabeza. Lo seguimos hablando para tratar de entenderlo mejor. Si bien es cierto que la mujer a través de la historia ha tenido que desplazarse a para ocupar varios espacios: pienso en la segunda guerra mundial cuando las mujeres tuvieron que ocupar el lugar en las fábricas y realizar las «labores propias masculinas» pero a la vez seguir cuidando de los hijos, del hogar y a saber cuántas cosas más; también pensé en las madres solteras, en las mujeres empresarias, etc… ¿A qué se refiere este interés por evolucionar? Si la evolución puede entenderse como «un proceso que deben atravesar algunas cosas y que consiste en el abandono de una etapa para pasar a otra, ya sea de manera gradual o progresiva», entonces no estamos entendiendo nada. Esta evolución sería la invitación a dirigirnos hacia una mejor sociedad conjuntamente.

[pull_quote_right]Cuando ellos hacen determinadas cosas que no nos gustan, en las que abusan de un supuesto poder que da el género, que viene de la creencia de que una debiera ser dócil, frágil y dependiente de un hombre, cuando esto no sucede ni se asegura, ellos se enojan mucho, una queda como la loca, la golfa, la provocadora, una se merece lo que le pasa por salirse de esas parcelas en las que debiéramos quedarnos. ¡Tome para que aprenda![/pull_quote_right]

Dos. El jueves fui con otra amiga a ver la película «Me quedo contigo» de Artemio Narro, una película que como el director mismo describe, es provocadora. En el inicio se presentan las protagonistas pero no de manera velada, muy cercano a cómo somos los grupos de mujeres, e incluso con nuestras amigas jotas, cuando no hay «hombres» alrededor. Digo que ese espacio de encuentro siempre es velado porque las mujeres no hablan de sexo de manera simple y llana, no dicen groserías, en corto, «no tendrían esas formas de ser tan masculinizadas». Pero ¿qué debemos entender como formas masculinizadas? Hablar crudamente de sexo, referirse al otro como un entretenimiento sexual, como un objeto del que se adquiere un beneficio. «Eso no lo hacemos las mujeres». Toda la película cruza por incómodas situaciones y lugares donde no habíamos visto a las mujeres: violentando y sexualizando el cuerpo del otro y como diversión a la vez. Esto me recordó a «Viólame» (Baise-moi), de Virginie Despentes pero como el mismo director puntualizó, frente a mi observación sobre los personajes y las situaciones, como un guiño a esta película, ciertamente al final de la película de Despentes hay una moralización que cruzan las acciones de los personajes, que en «Me quedo contigo» no. Esto me dejó pensando que el problema no era el género si no las acciones humanas que toman forma a través de quién tiene cierto poder.

Tres. Dos eventos el fin de semana.

A) ¿Quién tiene el poder de qué? Un chico muy seguro de sí mismo viene conmigo y me dice: ¿bailas conmigo o te regaña tu novio? Dos cosas me chirran en la cabeza como un loop: novio/control. Nuestro ideal egoísta e individualista eso suena a un reto del tipo «escápate conmigo», algo que me vuelve a chirriar más. Bailamos, su cuerpo se me repegaba y decididamente le digo: – ¿me estás joteando durísimo no? -…desde hace tres horas…  En corto, decidí irme de la fiesta y ya no hablaré del dispositivo de vigilancia entre mujeres, solo diré que una chica me increpó que yo estaba joteando con uno mientras estaba con otro, una siempre es sospechosa.

B) Esa misma noche y en la siguiente fiesta, en una charla de balcón, un tipo me toca el seno. Recuerdo esa vieja escena repetida algunas veces. ¿Qué hubiera cambiado las cosas? ¿que me preguntara si podía hacerlo? ¿que jode mucho la actitud de niño de lo tomo y me hago el loco? ¿el sistema de significación de deseo sobre un seno y el tocar? Yo misma he sido partidaria de la máxima «ve y agarra aquello que quieres, si te dan un manazo pues ya sabes que no debes arrebatar». Lo molesto es que esta idea-práctica se repite extendidamente, en el metro, en la calle, en la cabeza de los hombres… Me encantaría entender cómo opera esta situación. Me imagino al tipo pensando en cámara lenta, pensando y mirando mi seno, ¿se cuestionará si lo agarra o no?, ¿será solo un impulso? Y después de agarrarlo, ¡ah! porque no fue un tocar sino un agarrar, ¿qué pensará? El cuerpo femenino esta ahí para tomarse, está ahí para conquistarlo, las mujeres seguimos siendo una tierra natural de la idea de conquista -conquista: apoderarse de un lugar, como un territorio, una ciudad, etc., por la fuerza, especialmente con armas-. Me sorprendo, no mucho, después de que me agarra con toda su mano abierta el seno izquierdo, -¿qué te pasa? ¿en qué momento crees que puedes tocarme sólo porque se te ocurrió? ¿Qué sentirías si te agarrar los huevos solo porque se me ocurre? Y tal vez eso debí hacer, tomarlo por desprevenido y meterle la mano entre las piernas.

Cuatro. Después de años sin ver a mi querida amiga y mentora Maritza, nuestra charla derivó a preguntarnos, después de compartir varios sucesos en relación compañeros de trabajo y amigos, ¿qué les pasa a los hombres? ¿por qué les importa tanto su postura superior frente a una mujer? Cuando ellos hacen determinadas cosas que no nos gustan, en las que abusan de un supuesto poder que da el género, que viene de la creencia de que una debiera ser dócil, frágil y dependiente de un hombre, cuando esto no sucede ni se asegura, ellos se enojan mucho, una queda como la loca, la golfa, la provocadora, una se merece lo que le pasa por salirse de esas parcelas en las que debiéramos quedarnos. ¡Tome para que aprenda! Maritza me invitaba a usar la estrategia, realizar las mismas formas en que ellos operan. Hablábamos sobre que las mujeres bajamos la cabeza, somos más comprensivas, en nosotras cabe la cordura y todos esos cuentos de dominación que nos han contado. La mujer no debe ser violenta, no debe abusar, debe perdonar… Esa era la propuesta, usar las mismas estrategias con las que se conducen los hombres. Y me parece que puede funcionar, ¿cómo será verse en ese espejo?

¿Será que los hombres no están evolucionando? ¿Será que como dijo Artemio, no se han enterado de que este mundo ha cambiado demasiado? ¿Será que necesitamos ir un poco más de la mano en un intento de pensarnos conjuntamente hacia adelante más que hacia atrás?

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La foto de portada es de Ama Poulik y pertenece a la galería «Nostalgia, texturas y mucha mucha belleza» que pueder ver aquí.

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