Itzell, una necia estatua viviente o una muñequita antigua

Itzell, una necia estatua viviente o una muñequita antigua

LOGO DE QUE LADO MASCA LA IGUANA (1)

Juan Daniel Flores

Realizar estas representaciones ha sido por puro gusto, ese sentimiento de saber que se siente ser otro que no es uno. Inicie hace ya casi 7 años.

Estudiaba por el centro histórico de la Ciudad de México. Ahí comienza toda esta revolución en mi vida porque fue cuando comencé a tener relación con este tipo de arte callejero, ya que veía estatuas vivientes y mimos sobre la calle Madero y siempre quedaba impactada.

Tenía 16 años. Me deleitaba mirándolos. Es entonces cuando comienza esa inquietud en mí de saber que se siente, de querer experimentar el cómo decir mil cosas sin decir una sola palabra, ellos lo lograban. Veía sus vestuarios, la textura, como lograban transformarse en estatuas.

En casa fue la revolución cuando dije: “yo quiero hacer eso”, y pues no lo aceptaban, ya que no es valorado el trabajo de estatua viviente. Ahí inicio todo, las ganas, el impulso, la lucha constante de convencer a mis papás, de que realmente me dejaran realizar lo que quería, de decirles: “de verdad quiero hacer eso”. Fueron tres años de insistir. Les decía “me quiero pintar, me quiero pintar.”

Foto: Itzell
Foto: Itzell

Yo estudiaba diseño de modas en ese entonces.

Me gusta mucho el diseño y elaboro mi propio vestuario, los diseño, los costuro y los trazo, relaciono ambos gustos, la actuación y el diseño.

Les dije a mis papás: “No les pido para mí, yo me voy a sostener, déjenme hacer esto y seré mas bien un apoyo para la familia.”

Había temor por parte de ellos de dejarme estar en la calle por los riesgos de ser mujer. Insistí y persevere hasta que me lo permitieron.

Allá en el D.F. comencé en la Alameda. La primera vez que me puse ahí iba a cumplir los 18 años. Tristemente a los primeros problemas que me enfrente, fue a los mismos compañeros que ya estaban instalados ahí desarrollando su trabajo artístico, me decían: “No, no hay permiso” o “Ya no se puede aquí”. Yo insistí y me empecé a meter. Estuve un buen rato en la Alameda escondidita y al final de cuentas me dieron un pequeño espacio. En ese tiempo también había líderes de comerciantes.

Juan Daniel Flores (JDF): ¿Cómo se fue construyendo la identidad artística de lo que actualmente representas? ¿Qué elementos fueron articulándose en tu cotidianidad para integrar tu ser artístico?

Itzell (I): Es hermoso. Hay compañeros que sí se preocupan por la formación, organizan festivales y talleres que duran semanas, invitan a maestros con trayectoria, muy reconocidos y que saben tratar con el público, a esos asistí. La primera vez que tome esos talleres con maestros argentinos y mexicanos fue en Guanajuato. El primer festival al que asistí se llamo “Actores urbanos.” Así me fui formando como tallerista; ahí tienes que ser como esponjita y tomar lo mejor de lo que te enseñan los maestros. Son oportunidades únicas que no se deben dejar pasar.

También tomé talleres de expresión corporal, pantomima, artes plásticas y maquillaje.

JDF: ¿Por qué Puebla y no quedarte en la Ciudad de México?

I: Fue parte el destino. Comencé a viajar por diferentes lugares. En México ya había muchos compañeros y esto se comienza a tergiversar, se empieza a ver como algo más comercial y el trato con el público ya era muy hostil. Eso me obligo a buscar nuevos lugares. Ya tiene tres años que radico aquí.

JDF: ¿Cómo ves el trato de las políticas públicas en cuanto al respeto por tú trabajo en la calle, en un tiempo donde pareciera que todo está cooptado?

I: Comparando con la Ciudad de México la verdad es que ninguno es mejor, ahí por ejemplo ya hay una mafia, los comerciantes son malos, tienen mucha ambición, a todo le buscan el sacar provecho; incluso algunos líderes de comerciantes están en partidos políticos, se han amarrado bien a la calle, tienen abogados y expropian edificios antiguos para su beneficio, de verdad es algo que causa temor en vez de confianza.

Allá si quieres trabajar en una calle llega una líder comerciante y te dice: “estas son mis calles, si quieres trabajar aquí me tienes que pagar”, me comenzaron a cobrar $50 por día; obviamente estaba muy molesta, ya habíamos ganado un Amparo y podíamos trabajar sin problema sin que los policías nos retiraran; pero esta mujer líder de la que te hablo, al ser parte de un partido, sólo dijo: “esto es mío, este permiso me lo adjudico, estas calles son mías y quien quiera trabajar me paga”. O sea, el Amparo no sirvió para nada.

Entonces para poder trabajar tuvimos que ceder. En diciembre era de: “denme mi aguinaldo” e incluso subió la cuota a 2 mil pesos, si no nos amenazaba con quitarnos el lugar, además, cada mes cuotas extraordinarias que para tal policía, que para tal jefe.

Lo peor comienza cuando ella empieza meter gente con botargas a las calles, gente que no tiene noción del trabajo ni de la expresión artística que intentábamos realizar; como lo vio rentable, metió por su parte cada vez más botargas en las bocacalles de Gante, Filomeno Mata y Motolinía. Llego un momento en que ya eran aproximadamente 25 personajes y no había espacio cómodo para trabajar, comenzó a ser algo muy comercial, incluso entre compañeros empezó un ambiente muy negativo, una fea competencia de llegar hasta empujarse, lejos ya de la idea de compartir el espacio.

Esto es fatal porque ya no hay interacción con el público, te reducen al grado de que tienes que luchar contra el otro y sabes que ahí no va a ver arte, eso es muy feo, no se lo deseo a nadie ya que no te puedes expresar. Incluso ya se tomaban la libertad de cobrar 30 pesos por fotos instantáneas.

JDF: Con base en esto que me dices, en tu trabajo artístico en la Ciudad de México, a tu llegada a Puebla ¿a cambiado la manera en como aquí puedes desarrollar tu quehacer artístico?

I: Pues cuando llegue aquí había que batallar con el ayuntamiento, pero sin embargo sí había un acercamiento con las autoridades; aquí, a diferencia de allá, sí se podía platicar, interactuar, decir mis causas. Aquí llegue con la mentalidad de estudiar no sólo de trabajar. Pero me di cuenta que había situaciones muy semejantes a las de la Ciudad de México; otra vez el cobro de piso, otra vez botargas, y eso de que alguien “rente” a un chavito para ponerse una botarga y que le paguen 200 pesos, y que ese alguien se quede con el bote, eso a mí me molesta mucho. Además esas mismas botargas molestan y hasta acosan a la gente, quizá sea parte de nuestra “cultura mexicana” el querer causar risa sólo mediante el albur, pero eso no deja de ser molesto. Lo mismo sucede con los payasos, pero no puedo juzgarlos por usar el albur como lo hacen, pues hay mucha gente a la que le gusta eso.

Foto: Itzell
Foto: Itzell

En Puebla hay quienes están a favor de los payasitos, otros no, pero de repente el Ayuntamiento dispone que ya nadie debe estar en el área de Zócalo. Cero permisos, no estatuas vivientes, no payasos, no nada.

No lo puedo entender, un compañero le envió cartas al presidente municipal y él le contesto que no tenía ningún problema con que el ciudadano hiciera su labor. Pero a la par en las oficinas del ayuntamiento, le dijeron al mismo compañero que el presidente municipal nos mando a quitar porque no quiere que estemos ahí. No entiendo, hay cosas turbias.

Conmigo se quisieron lavar las manos, me dijeron: “Ve con Cultura, Cultura te va a dar un permiso”. Fui a Cultura y me dijeron: “Es mentira, el Ayuntamiento se está lavando las manos, ya que así como a ti nos ha mandado a muchos de tus compañeros que trabajan en esa zona a pedir un permiso aquí, nosotros no tenemos la facultad administrativa para expedir permisos”. Es algo difícil, es algo distorsionado.

Para el personaje que representaba en el Pasaje del Ayuntamiento, que es una mujer en la bicicleta, me inspire en un libro de Goethe; no tiene nombre, me gusta que la gente le ponga el nombre que quiera de acuerdo a lo que está observando. Fueron muchos factores para armar este proyecto de la mujer en la bicicleta. Unos le dicen la “Muñequita antigua”, otros me dicen que le ven cara de bruja, estuve con esta personificación y con la de Avatar. Así estuve trabajando por 3 años los fines de semana en el Pasaje del Ayuntamiento.

Hubo un tiempo en que me decían del Ayuntamiento: “si puedes trabajar ahí está bien”. Pero ahora me siento en Puebla exactamente como cuando empezaba en México, tampoco se puede trabajar.

JDF: Cuando llegue aquí y señale tu bicicleta estacionada junto a la puerta, me dijiste que era la que utilizabas para la personificación en el Pasaje. Esto me hizo recordar dos cosas: a la filosofa María Zambrano cuando dice: “Me quitaron mi estar pero no pudieron quitarme mi ser”, y a una de mis maestras en la Universidad, la Doctora Maru Martínez cuando me dijo, ante una adversidad que viví hace años: “Daniel no dejes que toquen tu corazón”.

En este sentido del ser, y de que estas luchas pueden llegar a “tocar el corazón”, dime ¿cuál es tu vivencia al respecto? ¿Te han quitado algo? ¿El poder ha tocado tu corazón?

I: Si claro, pero lo he tomado de manera positiva. El que me hayan cerrado las puertas en este quehacer artístico en el zócalo, me hizo descubrir nuevas personas, nuevos lugares, ganas de hacer más proyectos; me hizo salir del estancamiento y me dio tiempo para la creatividad. También el estar aquí es el defender lo que me gusta, es hacer frente a la opinión de mis padres pues siempre les ha preocupado mi ser y mi estar. Llegar aquí a un lugar nuevo porque así lo quiero; porque este tipo de situaciones me inspira para hacer mejor las cosas.

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Yo elijo manifestar mi inconformidad frente a esto que sucede a través del trabajo creativo. Esto me ha hecho despertar un espíritu más libre y con ganas de seguir adelante.

JDF: ¿Qué es la creatividad para ti y cuál es tu oficio creativo?

I: Es aquello que existe en tu interior y que haces palpable. Todos somos seres creativos, es un don divino que no todos sabemos ocupar, pero hay que trabajar para que se dé, no sólo es de decir “soy creativo” hay que forjarlo, alimentar lo que tenemos en nuestro interior.

Mi oficio creativo también lo desarrollo en el diseño de mis vestuarios, realmente es lo que me encanta.

JDF: ¿Qué diferencias estableces entre el público que te veía por lo general como la “mujer de la bicicleta”, personaje que es más estático en cuanto a la interacción con el público, y el público del actual trabajo que desarrollas como Avatar?

I: Son varias. Primero me tiene que agradar a mí el personaje para poder transmitir eso a las personas. Estar en armonía. La diferencia como Avatar es que existe una comunicación más verbal, un acercamiento sobre todo con los niños, que se sientan cómodos, que no sientan miedo, porque de pronto comentan “¡hay están muy azules!”. En el caso del Avatar es más performance a diferencia de mi trabajo como la mujer de la bicicleta que tenía que trasmitir al público a ese ser que estoy representando.

Recientemente se acerco una persona y me dijo: “¿oye tu eres la misma persona que estaba en el pasaje del Ayuntamiento?» Le dije que sí, que porque me reconoció, me dijo que por mi mirada, que sí me parecía. Me extraño ya que a veces uso lentillas.

Pienso que mi labor es trasmitir algo a la gente sea de Avatar o la mujer de la bicicleta, sacar a la gente de su rutina, lograr que sientan algo fuera de lo común. En ese sentido, los públicos no son muy diferentes.

Lo que sí, es que me han hecho bromas en el pasaje, por ejemplo, una vez llego un señor y me dijo: “me robo tu botecito” y metió la mano y saco las monedas y me dijo “mira”, burlándose. Pero estas cosas no me trastornan sino que es una forma de reconocer con quien estoy conviviendo en la ciudad. De alguna manera el mirarme a través de las personas es aprender a conocerme. Trato de aprender de esas experiencias, gracias a esto puedo mejorar lo que hago, medir al público, saber si debo o no interactuar con él. Incluso necesito que me pasen este tipo de situaciones para poder conocer más el escenario.

En la calle no es como en el teatro que ya está todo montado, todo listo, en la calle estas expuesto a todo tipo de crítica, esto es lo que te hace crecer.

Tengo un conocido que desarrolla un trabajo semejante al mío en la calle, pero él se queja y se molesta con el público y comenta: “no valoran mi trabajo” “¿cómo me dan un peso?”. Lo bonito para mí es que la gente te regale su tiempo para verte, para contemplar tu trabajo. Yo acepto la crítica buena o mala acerca de mi trabajo.

JDF: Borges decía “no hay nadie en el espejo”. ¿Tú, qué miras en el espejo cuando te maquillas? ¿Qué miras en el espejo de la vida cotidiana de la ciudad cuando sales a actuar a la calle? ¿Quién está ahí?

I: ¿Qué veo en el espejo de la ciudad? Veo gente noble, también a veces un poco a la defensiva. Pienso que si quieres a un verdadero amigo en Puebla lo encuentras, aunque te va a costar trabajo, ya que los poblanos no dan su amistad a la ligera ni a la primera. Cuesta trabajo ganarse la amistad de un poblano pero una vez que la tienes son de las más hermosas.

Recién llegue a Puebla, un día fui al mercado, acostumbrada como estaba a mucho intercambio de palabras, le dije a quien atendía: “hola marchanta, como está, deme un kilo de tomate”, ella sólo me dijo: “buenos días señorita”.

Pienso que mi labor es trasmitir algo a la gente sea de Avatar o la mujer de la bicicleta, sacar a la gente de su rutina, lograr que sientan algo fuera de lo común.

Ahora que me ven creo que ya me aceptaron así. Siento que los poblanos saben lo que valen y quizá por eso están a la defensiva. Veo que en Puebla no se les da el chancearse mucho, incluso si lo intentas la gente se saca de onda.

En el norte del País es todo lo contrario, si no les hablas con groserías hasta desconfían de ti.

Por lo que a mí respecta, a veces veo a una Itzell con temores a que las cosas no salgan como las planea. Pero también me pregunto al maquillarme ¿Qué pasaría si no lo intento? Igual paso por esa inseguridad por la que pasan muchas mujeres, esa semillita de inseguridad, por eso tanto maquillaje. Trato de combatir, trato

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