Cosmonauta

Cosmonauta

José Luis Prado

@pepepradog

Cosmonauta (Fondo editorial Tierra Adentro, 2011) de Daniel Espartaco Sánchez es un libro que apela a cierta nostalgia, produce en cada relato la sensación de quien se asoma a un viejo View-Master, se trata de pequeñas estampas que desatan tramas concentradas en diapositivas de un pasado comunista musicalizado con el soundtrack  de “La Internacional”.

‘Cosmonauta’ narra la historia de Ilich, un personaje solitario quien tiene un encuentro con Miriam en un hotel de paso en la calzada de Tlalpan, con un lenguaje que echa mano de algunas figuras retóricas como la sinestesia, el autor Daniel Espartaco nos muestra una historia en la que cierto vacío se convierte en protagonista de la narración que plantea la imagen de la luz como una falsa metáfora esperanzadora: “La luz se descompuso de manera imprevisible, esa mañana” o “la luz, como rumor de motores, entró por las cortinas gruesas, ya presentes, con su falsa prosapia”, en esta segunda frase, observamos el recurso retórico, una vez que otorga un sentido a otro.

En ‘América’ el autor de Autos usados plantea la historia paródica de una familia que cruza la frontera desde Ciudad Juárez hacia El Paso, Texas. El narrador, que mira al pasado, recuerda un viaje de su infancia en un Volkswagen Sedán junto a su familia en el que, de lo que se trataba, era de llegar a algún supermercado del país del norte para actualizar su guardarropa; sin embargo, la visita a ese país le permite descifrar algunas situaciones que son universales, como el robo o la indigencia, a pesar de vivir en un país de “primer mundo”. El lenguaje adquiere en este relato una fuerza ya que, desde la interpretación, por momentos cómica, se encuentran cifradas las lecciones que el pequeño aprende con ayuda de la intuición de su padre.

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El relato llamado ‘El hielo se derrite lentamente’ con el uso de una primera persona muy confesional y la apertura, una vez más, de una frase que nos coloca en el pasado “Recuerdo el lodo sobre mis Nine West nuevos”, cuenta la historia del funeral del padre de la narradora quien, en el último momento,  descubre a su figura paterna como camarada del partido comunista.

―¿Qué demonios es eso? ―murmuré, irritada.

―“La Internacional” ―dijo mi madrastra, entre lágrimas―, tu padre la cantaba cuando estaba borracho.

Con un lenguaje que nos envuelve y abre camino a diversas interpretaciones, el relato concluye con un final abierto, el cual nos permite establecernos en un presente incierto que tiene una acumulación del pasado.

‘La ciudad blanca’ nos lleva a través de una perspectiva omnisciente a las memorias que Eme, personaje principal, escribe mientras en la planta baja de su casa se celebra su fiesta de cumpleaños en la que la mayoría de los asistentes son amigos de su esposa, una lanuda y escandalosa cubana. En el relato vemos una estructura del tiempo no lineal donde una sucesión de recuerdos, pensamientos y sentimientos acumulados, nos muestran la desilusión en la que vive Eme a sus 62 años y después de una larga carrera en el partido comunista. El narrador, irreverente y mordaz, nos acarrea por la historias amorosas, aventuras y desventuras del personaje principal para finalizar dándole a entender al lector que todo lo narrado puede o no ser verdad.

El tratamiento que hace el autor de la ficción en este libro es una máquina que amplía la realidad desde los pequeños detalles narrativos que se mueven de modo circular por los cartones de un viejo View-Master.

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