Outcast, la nueva serie del creador de The Walking Dead

Outcast, la nueva serie del creador de The Walking Dead

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Amira George

Cuando hablamos del género de terror paranormal, pareciera que lo más común y sobreexplotado son las historias de personas poseídas o perseguidas por demonios que tienen alguna extraña conexión con nuestro personaje principal. Ahí tenemos el clásico del Exorcista o en tiempos más modernos las muchas secuelas de Actividad Paranormal.

Sin embargo, este tipo de historias pocas veces son llevadas a la pantalla chica, de manera que la historia que normalmente se nos cuenta en dos horas -tres si se extiende mucho el director- se nos expande por horas y horas de suspenso y uñas enterradas en el sillón.

Esto es lo que sucede con Outcast, esta serie creada por Robert Kirkman -sí, el mismo de The Walking Dead-, la cual al igual que la saga de muertos vivientes está basada en cómics del mismo productor, pero curiosamente, dado que ya tenía la experiencia con su primera serie televisiva, Kirkman desarrolló la novela gráfica y la serie de Outcast de manera paralela, por lo que la historia a penas se desarrolla en el medio impreso.

La trama se centra en Kyle, un hombre con un pasado oscuro, una madre poseída por un demonio que lo maltrató durante su infancia -los vecinos al escuchar los gritos y golpes en la casa pensaban que era una simple pelea entre madre e hijo sin imaginar los tormentos que sufría el pequeño-, una separación turbia con su esposa que le impide ver a su pequeña hija y en general una vida estancada y sin nada que valga la pena.

Después de separarse de su esposa decide regresar a su pueblo natal Rome, y vivir en la casa donde los recursos de la relación con su madre, los buenos y los malos, lo hacen aún más perturbado -aquí la edición de la serie es un elemento clave, porque de pronto vemos a Kyle entrar a un cuarto y ver alguna de las escenas vividas con su madre que si te sacan un buen susto-.

Mientras él lucha con su oscuridad personal, el reverendo Anderson, líder espiritual del pueblo, es llamado a atender a un niño que es poseído por un demonio -y en mi opinión personal, de todas las versiones de posesiones demoníacas las de niños son las que más me mal vibran-.

Al sentirse identificado con el niño, Kyle decide ayudar y descubre cómo fue que él mismo logró “curar” a su mamá -quien lleva años en estado catatónico después de su posesión-.

De aquí Kyle y el reverendo empiezan una batalla para combatir las fuerzas oscuras que intentan apoderarse del pueblo, con un poco de rituales satánicos por aquí, recuerdos de posesiones por allá, y un montón de suspenso que cuando acaba cada capítulo uno se queda picado y quiere más.

La serie promete, a penas se han transmitido dos episodios -en México se puede ver en el canal Fox los viernes a las 9 de la noche, en estreno simultaneo con Estados Unidos-, por lo que si bien hay indicios de la trama hay cuestiones que aún faltan por aclarar y, en lo personal, no puedo esperar.

De las actuaciones sólo mencionaré el caso de Patrick Fugit, quien encarna a Kyle, y esto porque si algo me pasa es que cuando un actor participa en una película que marca mi vida me cuesta trabajo verlo en algo más, pero cuando vi que Fugit daba vida a este personaje deprimente, oscuro y en ocasiones irracional, atrás quedó el recuerdo de su papel en Almost Famous, pues el optimismo que le daba a su personaje en esa cinta desaparece por completo en la piel de Kyle: la vida apesta y él lo sabe.

Así pues, si de pronto uno se cansa de muertos vivientes, detectives, nerds, dragones y demás géneros que hoy en día invaden la televisión, o simplemente si a uno le gustan historias diferentes, Outcast es una buena opción.

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