Correr junto al Atoyac, el río que enferma
Ante la indiferencia de los gobiernos sus aguas contaminadas siguen atravesando la ciudad y son respiradas muy de cerca en el Parque Metropolitano
Por Lado B @ladobemx
26 de junio, 2016
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Suzana De los Ángeles

@suzange

¿Te imaginas correr varios kilómetros en un parque respirando una pestilencia a huevo podrido o excremento?, ¿te imaginas jugar con tus hijos o comer junto a un canal de aguas negras, cargadas de espuma tóxica, basura o animales muertos? No tienes que imaginarlo, esto ocurre si visitas el Ecoparque Metropolitano de Puebla.

Pero más allá del olor, el problema es lo que lo causa, 146 toneladas de desechos cada día y lo que provoca: irritación en la piel y los ojos. Una exposición prolongada aumenta la posibilidad de desarrollar cáncer, leucemia e insuficiencia renal, principalmente en niños menores de 12 años.

Esto no es nuevo, los gobiernos estatal y federal lo saben pero no hay esfuerzos reales y permanentes para revertirlo.    

Un río que matan

Hace cuatro años el gobierno de Rafael Moreno Valle tuvo la idea de construir un parque público -donde en tiempos del ex gobernador Mario Marín había uno privado- de 22 hectáreas en la Reserva Territorial Atlixcáyotl, al lado de uno de los ríos más contaminados de México, de acuerdo a la Comisión Nacional del Agua, el Atoyac.

En este parque de extensos jardines temáticos y bien cuidados, con modernas instalaciones, en la zona más cercana al río todos los días y a todas horas apesta, un olor que se vuelve insoportable si hace calor y peor si se combina con lluvia.

Ahí, sin embargo, las personas corren o pedalean y las familias organizan días de campo, mientras las aguas chocolatosas del río arrastran basura o cambian de color.

Un video del 16 de marzo pasado da cuenta de ello: capta el momento en que una descarga industrial rojiza brota debajo del puente de la avenida Cúmulo de Virgo, a unos metros del acceso principal del parque.

Los resultados de un análisis del 15 de diciembre del 2015, revelados por la organización Dale la Cara al Atoyac, confirman que las aguas que pasan por el Ecoparque Metropolitano tienen elevadas concentraciones de desechos fecales y sustancias tóxicas, dañinas para las personas.

Informe Dale la Cara al Atoyac

El monitoreo detectó la presencia de químicos altamente cancerígenos para los humanos como el dicloroetano, el tetracloroetileno y el diclorobenceno utilizados en la industria para la fabricación de desodorantes, desinfectantes, resinas, plásticos y hules, entre otros.

Tóxicos presentes en el Atoyac, uso y efecto by Lado B

También se hallaron coliformes fecales que superan 24 veces lo permitido por la Declaratoria de Clasificación de los Ríos Atoyac y Xochiac de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y además registra elevadas concentraciones de cianuro, tolueno, benceno, cloroformo, fenoles y metales pesado como: arsénico, cadmio, cromo o plomo.

A diario y principalmente los fines de semana el Ecoparque Metropolitano recibe personas para hacer ejercicio, jugar con sus niños o pasear con sus perros, pues es el único parque de la ciudad que permite el acceso de mascotas; todas buscan lo mismo: escaparse de la ciudad, contacto con la naturaleza y algo que paradójicamente este lugar no tiene: aire puro.

Un río que enferma

En el Ecoparque están Luis y Francisco, son visitantes frecuentes. Tres veces por semana van al bosque ribereño por la mañana para escaparse un rato de la ciudad, correr con su perro unos 7 kilómetros y “respirar aire puro”, pese a que Luis casi siempre termina con los ojos irritados y a veces con náuseas.

En su carrera por la ciclopista respiran la pestilencia de los tóxicos y desechos fecales que contiene el río Atoyac. El olor a huevo podrido es tan fuerte que al cruzar por debajo de los puentes del Hospital del Niño Poblano y Guadalupe Victoria los corredores aguantan la respiración, mientras que otros deportistas usan cubrebocas para poder ejercitarse.

Sinaí Guevara, integrante de la organización ambientalista Greenpeace y coautora del informe Ríos Tóxicos Lerma y Atoyac afirma que el río es un riesgo para la salud pública y aunque el gobierno federal lo sabe, no ha cumplido con el saneamiento indicado en la Declaratoria Oficial de los Ríos Atoyac y Xochiac.

Informe Greenpeace sobre río Atoyac

La especialista afirma que este río tiene una importante carga de contaminantes de origen industrial peligrosos para los seres humanos. En 2012 detectaron químicos como el pentaclorofenol, utilizado como plaguicida. Su uso está restringido en Europa, pero en México no.

La doctora Regina Montero Mayorga, investigadora del Instituto de Investigaciones Biomédicas de la Universidad Autónoma de México (UNAM) advierte que la exposición prolongada a estos tóxicos aumenta la posibilidad de desarrollar cáncer, leucemia e insuficiencia renal, principalmente en menores de 12 años.

Sus investigaciones han confirmado en los últimos 20 años que en comunidades de Puebla y Tlaxcala asentadas en la ribera del Atoyac algunos habitantes -aparentemente sanos-, tienen daño genotóxico -modificación del ADN-, por la exposición prolongada de sustancias como el cloroformo, cloruro de metileno y tolueno.

La investigadora advierte que los niños son los más vulnerables a esta exposición y alerta que estos acercamientos con el Atoyac no son recomendables si no hay un saneamiento integral.

Luis y Francisco tratan de ignorar la pestilencia a huevo podrido cuando corren por el paseo ribereño del Ecoparque Metropolitano, muy cerca de la basura y los desechos atorados en los márgenes del Atoyac.

El investigador de la Facultad de Biología de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), Ernesto Mangas Ramírez coincide en que este contacto con el Atoyac puede provocar problemas de salud en las personas.

“En las crecidas del río el excremento de las descargas se queda atrapado en los márgenes. Hay concentraciones elevadas de bacterias y parásitos que se volatizan con el aire. Contaminan las manos y el rostro de las personas”.

Además en el agua se forma un spray que contiene micro gotas de agua contaminada, que también se volatizan y al contacto con la piel puede haber enrojecimiento y comezón, afirma el investigador. Este efecto se percibe en algunos tramos de la ciclopista, donde se acorta la distancia con el río.

Por si fuera poco, en el cauce también hay huevecillos de parásitos que se alojan en los alimentos y utensilios de comida, que pueden provocar gastroenteritis, salmonelosis, tifoidea o incluso cólera asegura el investigador.

Pero un riesgo como este no está advertido en el Ecoparque Metropolitano y en la orilla del Atoyac, cerca del acceso a la Guadalupe Victoria hay puestos alquilados por la administración del parque, para vender de jugos, tortas, frutas o crepas, así como áreas de comida y zonas para hacer picnic a unos metros de las apestosas aguas negras.

Datos de la organización Dale la Cara al Atoyac indican que a diario se vierten en el río 146 toneladas de desechos, equivalentes al tamaño de 24 elefantes africanos, de los cuales 62 toneladas son sólidos suspendidos (basura, excremento, animales muertos y plásticos).

Además, de acuerdo a cifras del Registro Público de Derechos de Agua (Repda) todos los días recibe la contaminación de 250 mil metros cúbicos de aguas residuales, -equivalentes al volumen de 100 albercas olímpicas-.

El registro indica que esas descargas están autorizadas a 321 empresas y 15 ayuntamientos de Puebla y Tlaxcala. Aunque de acuerdo al gobierno federal, a lo largo de 87 kilómetros del Atoyac hay instaladas 3 mil 675 industrias.

Un río que no importa

En 2011 la Conagua reconoció la contaminación del río Atoyac con la Declaratoria Oficial de los Ríos Atoyac y Xochiac, y estableció como plazo 2020, para reducir la contaminación que se vierte  desde San Martín Texmelucan hasta la Presa Manuel Ávila Camacho; sin embargo, a cinco años del reconocimiento, de recursos para infraestructura y diagnósticos, el Atoyac sigue contaminado.

Un informe de 2013 de la extinta Secretaría de Desarrollo Sustentable y Ordenamiento Territorial del gobierno de Puebla afirma que se destinó infraestructura para esta materia: la instalación de casetas de monitoreo que reportan la contaminación en tiempo real, la rehabilitación de plantas de tratamiento en San Martín Texmelucan, Huejotzingo y Santa Ana Xalmimilulco, el programa de Saneamiento Integral de la Cuenca del Alto Atoyac, el diagnóstico de 15 plantas de tratamiento y la firma de un convenio de colaboración entre Puebla-Tlaxcala y Conagua.

Por su parte, la Conagua informó que 2012 y 2013 el municipio de Puebla ejerció un presupuesto de 83 millones de pesos a través del Programa de Tratamiento de Aguas Residuales (PROTAR), para la elaboración del proyecto ejecutivo de la ampliación de cuatro macroplantas de aguas residuales, equipo mecánico para estos sistemas y un segundo proyecto ejecutivo para la construcción de una planta de aguas residuales en el municipio de San Andrés Cholula.

Foto: Mayra Guarneros

Foto: Mayra Guarneros

Por su parte, el Comité Estatal de Agua y Saneamiento de Puebla (Ceas Pue) refiere que durante 2012 en la capital poblana se rehabilitó la planta de tratamiento San Francisco y cerca del Ecoparque Metropolitano se aplicó un tratamiento de biorremediación que reduciría temporalmente el mal olor del Atoyac y aunque sugería una segunda etapa en el puente de las Ánimas, no hay datos que indiquen un seguimiento del tratamiento.

En contraste, el gobierno estatal sí ha procurado mantener en buen estado el Ecoparque Metropolitano, cada mes gasta en promedio 100 mil pesos por el mantenimiento de los jardines, la energía eléctrica, el agua potable y las reparaciones, de acuerdo a datos de la oficina de Parques, Jardines y Convenciones obtenidos a través de la Ley de Acceso a la Información. También reparó la ciclopista dañada desde que el parque se abrió al público, aunque no ha revelado el costo.

Hace menos de un año Rafael Moreno Valle inauguró a un costado del parque el Museo Internacional del Barroco con una inversión de 7 mil millones de pesos, una de las más grandes de esta administración.

Después realizó obras complementarias al museo: rehabilitación del pórtico del acceso, estacionamiento, andadores, cafetería y una red de riego.

El investigador de la BUAP, Ernesto Mangas Ramírez criticó estas inversiones y el desinterés por el Atoyac, pues “se notaría cualquier tratamiento de saneamiento que se aplicara en el río”. Él propone algunas medidas inmediatas como la clausura de industrias contaminantes, la reducción de contaminantes tóxicos y descargas industriales y sanitarias.

La operación y el funcionamiento de las 21 plantas tratadoras de aguas residuales instaladas a lo largo del río, que de acuerdo al Inventario Nacional de Plantas de Tratamiento de la Conagua de 2014 en Puebla (pág 201) sólo funcionaban cinco y de nivel primario.

Inventario Nacional de Plantas Municipales de Potabilización y de Tratamiento de Aguas Residuales en operac…

También sugiere la instalación de tratamientos de biorremediación y humedales en la ribera, lo cual ayudaría significativamente a la depuración de la contaminación.

Por su parte la investigadora de la UNAM, Regina Montero Montoya recomienda la construcción de una planta de tratamiento antes de llegar al Ecoparque Metropolitano, que -afirma- mejoraría la calidad del agua para los visitantes de este lugar.

A Francisco Castillo Montemayor, ex secretario de Medio Ambiente y director del Consejo Ambientalista no le sorprenden los niveles de contaminación del Atoyac, pues las autoridades “han olvidado” la modernización de las plantas de tratamiento.

“Se acordó que en tres años las plantas serían de tratamiento secundario o terciario. Ya pasaron 20 años y no han ocurrido. Las plantas tratadoras de Puebla nunca han sido suficientes para sanear las aguas. ¿Ahora se preocupan por embellecer la ribera?”

Un tratamiento secundario implicaría la eliminación de la materia orgánica biodegradable y los compuestos que contienen elementos nutrientes, pero las tratadoras actuales sólo eliminan los sólidos suspendidos con rejillas de separación.

El ex funcionario alerta sobre otro factor importante: la calidad del aire del Ecoparque, y advierte que no puede ser saludable teniendo cerca al río contaminado, con sus concentraciones de metano y ácido sulfhídrico. Asegura además que el gobierno podría realizar un monitoreo del aire y hacerlo público.

“Que nos lo digan, pero con datos, qué calidad del aire están respirando los poblanos. En la Secretaría hay unidades de monitoreo móviles que dejé cuando fui secretario del Medio Ambiente, hay equipo para hacerlo”.

Hasta el momento la Secretaría de Salud, la Comisión Federal del Riesgo a la Salud (Cofepris) y la Secretaría de Desarrollo Rural y Medio Ambiente no han informado a través de la Ley de Acceso a la Información si realizan este tipo de monitoreos en el Ecoparque Metropolitano, mientras tanto Luis y Francisco continuarán visitándolo y tolerando su pestilencia, sin saber el riesgo real al que se exponen.

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Lado B
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