Tiempo y espacio para informar

Tiempo y espacio para informar

Susana Sánchez Sánchez

Ante la inmediatez de la información, todo parece ser noticia, por ejemplo una declaración descontextualizada, un gesto o una frase jocosa de algún personaje público; importa poco si ese “relevante material” (léase con sarcasmo) ha pasado por los filtros de la corroboración o la explicación. Vaya, que para relatar la realidad, hay que reconstruirla, no sólo responder al ¿qué?, ¿quién? y ¿cuándo? en tres reducidos párrafos o en cinco minutos de un audiovisual, sino a una sustentada información del ¿cómo pasó?

Pero ¿de dónde viene esa diarrea de hacer notitas y de consumirlas? ¿Todo se lo debemos al internet o a las redes sociales? ¿En qué momento caímos en la producción informativa fragmentada y el consumo de ésta? Si en la Ilustración, el progreso tenía que ver con el crecimiento de la sociedad hacia algo mejor y esa idea se mantuvo incluso hacia la Modernidad con el acelerado avance tecnológico, ¿por qué en la Posmodernidad el uso de esa razón para ser mejores en la humanidad parece que está en declive? En la década de los noventa, en el mundo de la Comunicación en combinación con la tecnología, se anunciaba una rápida circulación de información que, a su vez, no todas las sociedades han logrado incorporar como una herramienta para facilitar la vida y acercar el conocimiento.

La producción de información periodística fragmentada y su consumo, entonces, no es propia de este siglo, aunque se ha agudizado. Giovanni Sartori, en su libro Homo Videns (2006) y Armand Mattelart en su libro La invención de la Comunicación (1995) anuncian los estragos que trae consigo el consumo de la imagen a través del cine y sobre todo de la televisión, pues cambiaron totalmente las maneras de mirar y recibir información. Nuestros hábitos de reflexionar, de ser unos hombres pensantes empezaban a quedar en entredicho. Nos volvimos sosos, depositamos todas las confianzas en la imagen y a su vez en los medios de comunicación masivos, al grado de que si no pasaba por la televisión, podíamos sospechar si algo en verdad había ocurrido.

Luego, afortunadamente, llegó internet a instaurarse de manera masiva y se presentaba como un paraíso mediático y hasta democrático, pues ahí estaba condensado un universo de posibilidades informativas, en pocas palabras estaba a nuestros pies un universo ¡de creatividades!… y, no, no es tan cierto el asunto, en parte porque en el caso de los medios de comunicación masiva y tradicionales, en su carácter de informar, parecen sólo haber cambiado de plataformas, pero no de prácticas, algunos medios tradicionales que se han trasladado a las plataformas virtuales (incluso algunos medios nacidos cien por ciento digitales) parecen no romper con las linealidades, han mal interpretado al hipertexto [1] con la inmediatez y la saturación de imágenes y avientan una diarrea de notitas, de fotitos, de audios y vídeos que informan poco o nada o mal informan.

La idea de que los materiales visuales o auditivos no duren más de cinco minutos parece estar generalizada entre algunos medios de comunicación; la justificación es que la audiencia se aburre (y por lo tanto se irá) si el material requiere que un sujeto ponga atención más de cinco minutos… ¿será cierto?, ¿apoco sí nos aplastamos frente a la computadora o al móvil a saturarnos de notitas fragmentadas que fácil se nos escurran, se nos resbalen o se nos olviden? Si usted como productor de información periodística o consumidor de ésta padece o sufre los estragos de la diarrea de notitas, ¡calma!, es posible llegar a la antítesis de la inmediatez: dese tiempo y espacio para informar; o dese tiempo y espacio para informarse.


[1] Para una lectura introductoria al concepto de hipertexto, se recomienda leer esto.

NO COMMENTS

Leave a Reply

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.