Odio a mi madre

Odio a mi madre

“Si la maternidad es el sacrificio personificado, entonces el sino de la hija significa una culpa que nunca es posible expiar.” Milan Kundera

Liz Ruiz

Me alarma que desde hace meses tengo varios temas pendientes para mis columnas, pero no me siento cómoda escribiendo sobre orgasmos, rupturas amorosas y nuevas masculinidades cuando se respira este hedor sanguinario, misógino y bélico en nuestro país. No quiero dejar de aprovechar este espacio para aportar algo en pro de los derechos humanos de las mujeres y, aunque los orgasmos son parte de los derechos, espero que me comprendan: los ríos de sangre y los cañonazos simbólicos contra nosotras me dificultan la concentración para llegar al clímax. Así que voy a empezar a despotricar.

mi mamáHace un par de días “celebramos” el lugar primordial y por excelencia de las mujeres: la maternidad. Ahí andan excelentes artículos como este que explican el origen de tan simpática celebración (simpatiquísima) y este, en el que mi comadre Natali Arias retrata el pintoresco festejo mexicano. A mí, mientras tanto, en medio de mi repugnancia por el origen y contenido de esta nefasta veneración a la reproducción femenina, me enterneció el hecho de que muchas personas publicaran que tenían a la mejor madre del mundo. Algunxs hasta daban por perdedores por default a otrxs, diciendo cosas como “quisieran tener a la mejor mamá, pero se las gané” y demás dulzuras. Y pensé que qué bueno que valoren a las mujeres, aunque sea un día, aunque sea solo a una y aunque sea porque se sacrifica por ti.

¡Oh! ¡Qué ternura me da que crean que aman a sus madres! Si no eres pro derechos de las mujeres nomás no amas a tu mamá. En serio, sé que es duro leer semejante verdadazo, pero es ética, ontológica y psicológicamente imposible que ames a tu madrecita santa y estés en contra de los derechos de las mujeres. Y en un país brutalmente misógino, que ha iniciado una guerra (armada y toda la cosa) contra todas… ¿cómo vas a tenerle amor profundo a la mujer originaria de tu vida?

Aquí están los botones de muestra: hace algunas semanas se realizó la marcha nacional contra las violencias machistas #24A. Ojo: no fue contra los hombres, no fue contra el gobierno, fue contra todo acto de machismo que daña o menoscaba la vida (principalmente, pero no exclusivamente, de las mujeres). Cualquiera podría decir que el acto era noble y altruista, pero desató una ola de odio (de parte de quienes se dieron por enteradxs). Hombres de derecha y de izquierda

escupieron repulsión no contra la marcha, sino contra las mujeres. Hombres “revolucionarios”, hombres “que quieren un nuevo mundo” (no uno justo, me queda claro). Se valieron de medios informativos, de amenazas, de redes sociales y a nosotras hasta nos aventaron un coche en el Blvd. 5 de mayo. Cuánto amor.

madres subOtro ejemplo: el otro día tuve la desventura de ver un video donde un joven mexicano evidencia su nulo sentido de humanidad hablando pestes del feminismo. El desafortunado usa como argumentos (chequen esto): el físico de las mujeres, datos erróneos y arbitrarios sobre el movimiento y para colmo, ideas clasistas y racistas. No tuve más que tenerle una gran compasión, pero mi siguiente reto era tenérsela a las varias incautas personas que lo compartieron apoyándolo. Pensé durante varios días en que muchxs proclaman con orgullo que no ven televisión abierta porque es para gente ignorante. ¿No lo es, acaso, darle la razón a un cualquiera que vomita incoherencias frente a su celular? ¿Estamos segurxs de que ya no vemos televisa? Es obvio para mí: la nueva “Rosa de Guadalupe” es cualquier hijx de vecina rumiando un discurso de odio que miles, sin ningún conocimiento de causa, comparten haciendo alarde de su gran intelecto y su total ausencia de corazón. De pena ajena, la verdad.

Cientos de discursos de odio se proclaman a diario contra las mujeres: otros videos en redes sociales demeritando el feminismo, al igual que “memes” sobre quién tiene derecho a usar leggins y frases que criminalizan a las adolescentes embarazadas. Desde la política ni se diga: negativas a emitir la alerta de género en diversos estados del país, impunidad y burocracia ante los feminicidios y el intento de Duarte en Veracruz por criminalizar el aborto (equis si estás “a favor o en contra” del aborto, ese no es el punto. El punto es que penalizar el aborto es una política misógina). Vivan las mujeres.

Y en esta masacre femenina cotidiana tenemos la hipocresía de enarbolar orgullosxs un “amo a mi mamá, es la mejor del mundo”. Inverosímil afirmación; en realidad odiamos a nuestras madres como a todas las mujeres. Porque no es posible criticar el físico, la inteligencia y la vida de las mujeres, obstaculizar sus derechos y su calidad de vida y no ver a nuestras madres en cada una de ellas. Si de verdad las amáramos, empatizaríamos con ellas en su condición de mujer, lucharíamos porque su vida fuera más segura y libre de violencia y veríamos en todas las mujeres el valor que aprendimos de la que nos parió. ¿Quieres amar y honrar a tu madre? No le regales porquerías: constrúyele un mundo mejor.

Gracias por leerme. Soy psicoterapeuta y sexóloga de Puebla, y presido el Colectivo Equilátera A.C. de educación sexual y educación para la paz. (Por si te interesan mis servicios o quieres amenazarme de muerte por feminista, este es mi Facebook).

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