La esperanza como un continuo tiempo en vuelo

La esperanza como un continuo tiempo en vuelo

José Luis Prado

@pepepradog

Pensar a la poesía contemporánea es casi hacer de lado aquel registro de sentimientos al que nos tenían acostumbrados algunos poetas. Me gusta imaginar la idea del poema como un espacio mental en el que existe un lugar para la batalla. La escritura literaria, me parece, nace una vez que se han destruido algunas de las oportunidades de vida, la experiencia se concentra en la frase, en el verso. La batalla no sólo existe en el plano de decir o callar, sino en destruir para crear, la palabra nace cuando, bajo cierta presión, estaba a punto de pulverizarse. Lo que quedan, entonces, son textura, densidad, color, que son cualidades inherentes de la escritura. De modo tal, que este tipo de ejercicio ofrece casi una metamorfosis espiritual.

Un ejemplo de esto, lo encontramos en el libro de Francisco Alcaráz Tiempo en vuelo (Lágrima de Batavia/Posdata editores, 2013), libro dividido en cuatro apartados que abre con un epígrafe de José Emilio Pacheco en el que se anuncian parte de las preocupaciones del autor: “A mí sólo me importa el testimonio/del momento inasible, las palabras/que dicta en su fluir el tiempo en vuelo./La poesía anhelada es como un diario/ en donde no hay proyecto ni medida.”

En la primera sección ‘Hojas que va arrastrando el viento’, la memoria, el regreso a casa, la espera de una carta como símbolo de la esperanza, la lectura de cartas ajenas de otros tiempos, son algunos de los tópicos que la circundan:

Las fechas repartidas en postales
y reversos de fotos quebradizas
donde no pude ver a nadie conocido,
eran las costras de una herida
abierta con frecuencia.

La memoria es un símil con aquel que se atreve a husmear la en sus recuerdos para entrar, parafraseando al autor, a ciegas en una casa de fantasmas.

Hay en este apartado un poema que llamó particularmente mi atención ‘MI INFANCIA FUE LA ESPERA’, en el que la memoria de infante trae un recuerdo en el que espera a un cartero:

Y aunque nunca llevó nada importante,
esperar a aquel señor en bicicleta
me hacía pensar que cualquier día
nos llegaría de súbito una carta
venida de ultramar, algún paquete
con nuestro nombre escrito,
el anhelado premio de un sorteo
para el que no compramos un billete.

La esperanza tiene la marca de la fractura, el poema traído desde los escombros de la memoria de un niño, aún hoy siguen perturbando a quien lo enuncia.

La segunda sección del poemario ‘Sueño de ceniza’, es la aproximación e insistencia al recuerdo del padre, más directo y contundente. El poeta nos coloca en la imposibilidad de que lo que no está “Un sueño de ceniza: nada más hay/para él en este mundo.”

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‘Probabilidades’ se compone de pequeños poemas en los que hay una puerta de para en par, y quizá por ahí se construye y deteriora la esperanza:

Y aunque ya parece tarde conservo
todo este tiempo la esperanza
la estúpida esperanza
de que hubiera dejado en el estrépito
de par en par la puerta,
y yo la dejo así, pero la humedad
ya se apodera de mis huesos
y las vigas caen desvencijadas.

‘El futuro simple’ es un conjunto de poemas que evocan a una mujer en una temporalidad ambigua y en la que el poeta se reconstruye después de haberse posado en la memoria:

Y lo haremos por darle voz y cuerpo
a lo que no sabemos de nosotros,
a lo que puede ser y aún no ha sido.
habremos de tenerlo: así, en futuro
simple, tú y yo y para nosotros.

La escritura es recobrar aquel filo ausente; en aquella línea donde linda el extravío cabe la posibilidad de reconstruir y estos poemas son una clara muestra.

José Luis Prado ha sido becario del Fondo estatal para la cultura y las artes de Puebla en las emisiones 2011 y 2013 en la disciplina de cuento; publica en revistas nacionales e internacionales. Actualmente imparte talleres de cuento en la Escuela de Escritura y en los talleres artísticos de la BUAP.

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