El detalle narrativo de Alain-Paul Mallard

El detalle narrativo de Alain-Paul Mallard

José Luis Prado

@pepepradog

En el año 2007, recuerdo que conocí a un escritor argentino en la biblioteca de Profética, hablamos primero de Mario Bellatin y del Tavares de El señor Valéry, y después, creo que fue lo que nos mantuvo más atentos, la plática derivó en escritores que trabajan la brevedad y la fragmentación, la charla nos condujo a un escritor que para ese momento ya nos parecía un escritor raro, recluso. Evocación de Matthias Stimmberg fue el libro del autor en cuestión, resulta que había un ejemplar editado en 1995 por la editorial Heliópolis de aquel libro. Desde ese momento todo lo que tuviera que ver con Mallard, sería, para mí, un punto de atención.

Alain-Paul Mallard (Ciudad de México, 1970) es un escritor sugestivo, un apostador del detalle. Su libro Evocación de Mathias Stimmberg (Turner, 2016) es una presentación de la brevedad; conformado por 42 páginas, muestra a un poeta del Mitteleuropa en diez historias fragmentarias, desordenadas, mismas que me hacen pensar en la figura del escritor suizo Robert Walser y Fleur Jaeggy en su libro Los hermosos años del castigo.

Las historias se van armando de cierta forma para crear un libro de textos unificados. Una vez que se llega a la Apostilla, el libro adquiere otra dimensión: el caos se ordena. Es un libro que puede leerse como un grupo de cuentos o como una novela fragmentada. Crea la figura de un autor imaginario que termina por convertirse en real. Los textos que lo componen se pueden leer como viñetas con un tratamiento poético.

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Hay una evocación que está sugerida a partir de una cinta grabada que recrea la minuciosa obstinación de momentos concretos, de la infancia de un siglo, y es ahí donde el texto adquiere su punto más alto. En el cuento Mein Kampf, que trata sobre la banalidad literaria, Mallard apuesta su escritura por la miniatura, el silencio y la desaparición de la obra:

La edición era de cincuenta ejemplares. En la bodega quedaban unos cuarenta. Se los di. Para sus chivos. Me dijo que no sabían leer, ni ella tampoco. “Mejor así”, pensé. La vieja me agradeció, acaso excesivamente y jamás volví a verla. De entre mis libros ha sido ése, el primero, el que, me parece, corrió con mejor suerte.

En este sentido me pregunto, ¿cómo entender el poder irresistible de una escritura que no desea la grandeza y que reflexiona en aparentes nimiedades? Me parece que Mallard, al igual que Walser, se concentra en lo pequeño, y ni siquiera en ese espacio mínimo lo dicen todo.

Stimmberg es poeta, pero negado a existir como tal:

-Vamos hombre, no finja, yo lo conozco. Comprendo que le moleste ser importunado, yo también soy poeta, ¿sabe?

¡Dios mío!, justo lo que me faltaba, un imbécil mimado por las musas.

Matthias es un poeta que ha mandado a imprimir “Un volumen en octavo con carátula gris y de apenas un puñado de páginas. Pero ya antes de verlo impreso, me había arrepentido de él en su totalidad…La edición era de cincuenta ejemplares”. Los cuentos son una especie de reflexión sobre la escritura, la figura del autor y la vanalidad de la literatura.

En un texto, Alain-Paul dice, hablando de una parábola morisca: “…una escritura muy apretada, dada la escala de representación con que trabaja. Demanda pues una atención obsesiva, ya que su arte, acaso, consiste más en escamotear que en agregar, está más hecho de ausencias que de presencias”. Su escritura linda con el silencio, aquel que pospone todo lo que calla. Alain-Paul Mallard ha logrado asimilar todo esto y lo ha plasmado de manera singular en este libro.

José Luis Prado ha sido becario del Fondo estatal para la cultura y las artes de Puebla en las emisiones 2011 y 2013 en la disciplina de cuento; publica en revistas nacionales e internacionales. Actualmente imparte talleres de cuento en la Escuela de Escritura y en los talleres artísticos de la BUAP.

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