Crisis de humanidad II: Sociedad

Crisis de humanidad II: Sociedad

Martín López Calva

@M_Lopezcalva

“En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse…

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe…”

Mario Benedetti. ¿De qué se ríe?

Inicié la semana pasada en este espacio una serie de tres entregas de esta Educación personalizante dedicadas al tema de la crisis de humanidad que vivimos hoy y que se expresa, como decía en esa primera parte, en una profunda crisis económica, política, social, cultural, ecológica y espiritual.

Tomé como epígrafe para introducir esta reflexión una cita de Gonzalo Crespí De Valldaura en un artículo publicado en el diario El País, titulado precisamente La crisis de la humanidad.

Reproduzco aquí solamente una parte de ese epígrafe para volver a poner al lector en sintonía con el tema: “Hoy, el hombre se encuentra enfrentado a otra de esas grandes crisis y también sufre el inevitable acompañamiento de guerras, de sensación de desamparo y, muy claramente, de un fuerte desconcierto ideológico; los valores e ideales de nuestros padres ya no son aceptados pero tampoco son sustituidos por otros nuevos”.

En la primera entrega hablé de la crisis de humanidad en la dimensión del individuo. Voy a tratar de plantear algunos elementos en esta segunda parte relativos a la dimensión de Sociedad, para terminar la próxima semana con la dimensión Especie, a partir de la triunidad que caracteriza al sujeto humano en la visión de Edgar Morin, de ser simultáneamente individuo-sociedad-especie.

La crisis de humanidad se vive hoy a nivel social de una manera más dramática e indignante que en ninguna otra época. Por una parte tenemos hoy mucho más conciencia colectiva acerca de lo inaceptable que es vivir en una sociedad que no respeta los derechos fundamentales de los seres humanos, de lo inmoral que es una sociedad que literalmente condena a una vida infrahumana a millones de personas en el mundo, de lo económica y políticamente censurable que resulta una sociedad global que obliga a millones de personas a emigrar de sus lugares de origen huyendo del hambre, de la pobreza, de la exclusión, de la persecución y la violencia.

A nivel discursivo y de ideales normativos estamos en un mundo en el que se han emitido desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU en sus diversas versiones, innumerables declaraciones, acuerdos, códigos y decretos que plantean el consenso de la mayoría de los gobiernos del mundo acerca del compromiso de construir un mundo más equitativo, más justo, pacífico e incluyente; un mundo en el que se respeten los principios básicos de dignidad, libertad, igualdad y fraternidad.

Por otro lado el desarrollo de las tecnologías de información y comunicación que ha hecho realidad la aldea global profetizada por McLuhan hace que estemos mucho más informados acerca de las catástrofes humanitarias, de las injusticias estructurales, de los hechos de violencia y muerte, de las hambrunas y las crisis migratorias, prácticamente en el momento en que suceden.

Porque en la sociedad actual, cada vez más gente pregunta, preguntamos a los poderosos ¿de qué se ríen? Cuando salen en los diarios, en la televisión y en las revistas de sociales departiendo en grandes festejos cada vez más ofensivos por la cínica exhibición del derroche y la ostentación.

Aunque desafortunadamente la indignación que se multiplica de manera instantánea y exponencial a través de las redes sociales cada vez que ocurren hechos significativamente deshumanizantes se va esfumando con la misma rapidez que se hace viral y muchas veces sin tener mayores consecuencias que la circulación de fotografías escandalosas o de declaraciones de buenas intenciones, los medios de comunicación y la tecnología hacen de este un momento histórico en el que todos los humanos empezamos a darnos cuenta y a sentir compasión por el dolor y la injusticia que padecen otros seres humanos en lugares lejanos y de culturas distintas.

Estos dos factores hacen que la sociedad de hoy en la que la tríada injusticia-desigualdad-pobreza convive con la tríada explotación-corrupción-impunidad tengan hoy manifestaciones de polarización cada vez más radicales y aún violentas.

Porque en la sociedad actual, cada vez más gente pregunta, preguntamos a los poderosos ¿de qué se ríen? Cuando salen en los diarios, en la televisión y en las revistas de sociales departiendo en grandes festejos cada vez más ofensivos por la cínica exhibición del derroche y la ostentación.

Cada vez más personas preguntan, preguntamos ¿De qué se ríen? Todos los empresarios que se han beneficiado y se siguen beneficiando con el mal estructural que caracteriza a la (des) organización social actual. ¿De qué se ríen? Los mirreyes que han heredado todo y creen merecerlo todo en automático y sin esfuerzo. ¿De qué se ríen? Los políticos que viven por y para el poder y que miran el poder como una oportunidad para hacer negocio sin importar nada el bien social. ¿De qué se ríen? Los que siguen minuto a minuto acumulando fortunas que no podrán acabarse en muchas generaciones mientras se siguen multiplicando los millones de pobres, los millones de migrantes, los millones de excluidos de la humanidad.

Tienen todos ellos y sus hijos mirada de mando, pero en la mayoría predominan los ojos tristes. Porque como planteaba Ortega y Gasset, lo contrario de lo moral no es lo inmoral sino la desmoralización y las grandes mayorías en nuestras sociedades de la crisis de humanidad se encuentran desmoralizadas porque sienten –con elementos de razón- que no hay futuro, que el cambio del que tanto se habla -o se hablaba en el pasado en el que había utopías sociales- no es realmente posible, que estamos condenados a reproducir el desorden social y a perpetuar la situación actual de injusticia-pobreza-desigualdad y explotación-corrupción-impunidad porque no hay propuestas viables, líderes creíbles, partidos alternativos, políticos honestos, organizaciones civiles auténticamente orientadas hacia el bien común.

La convicción que parece guiar este estado de desmoralización social está basada en la idea –contraria a la frase esperanzadora de Morin- de que como no es posible construir el mejor de los mundos, resulta inútil pensar en la construcción de un mundo mejor.

De manera que si no cambian totalmente las cosas de un partido a otro, de un candidato a otro, de una legislación a otra, quiere decir que nada cambia. Si no se construye una sociedad totalmente igualitaria, justa y democrática, no existe ningún avance en igualdad, justicia y democracia. Si no se termina total y definitivamente con la corrupción y la impunidad, es inútil plantear iniciativas para combatirlas aunque puedan implicar pequeños pasos hacia adelante.

Estamos entonces atrapados en la polarización del todo o nada, en la salida fácil que plantea que si los partidos políticos están en crisis hay que terminar con los partidos políticos en vez de reformarlos –y confiar en candidatos independientes, en ciudadanos que “no son políticos”, aunque al ser candidatos se conviertan de inmediato en políticos-, que si las instituciones tienen problemas hay que dinamitar las instituciones en lugar de reconstruirlas, que si el juego es ver por uno mismo a costa de lo que sea habrá que jugarlo, que si “todos roban o se corrompen” entonces no hay alternativa y se justifica corrompernos aunque sea “poquito”.

Como dice el poeta: “Aquí en la calle suceden cosas que ni siquiera pueden decirse…” y nosotros no sabemos ya cómo lidiar con ellas. Parece que estamos atrapados en un túnel sin salida. ¿Podremos superar esta crisis de humanidad en lo social? ¿Surgirá un mundo nuevo lleno de esperanza y en el que todo estará por descubrir?

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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