Vuelta en U

Vuelta en U

Giovanni Zayas*

@donbixiote

Estamos ante el principio del fin de una era. La era en la que el auto, esa tecnología bicentenaria que prometía libertad, riqueza y la conquista de fronteras de tiempo y espacio, se convertiría en el amo y señor de nuestras ciudades. Durante su reinado, le entregamos el alma (o sea, el diseño) de nuestras ciudades, al tiempo que envenenaba nuestro aire y calentaba nuestro planeta. El rey auto, a su vez falso profeta, nos prometió progreso y desarrollo económico a cambio de tributos nada módicos: en el mundo mueren 1.3 millones de personas cada año en incidentes viales, según la Organización Mundial de la Salud*.

vueltaenUEntiendo que puede ser exagerado darle dotes despóticos a un objeto. Y, para ser justos, sería ilógico culpar a una tecnología de todos los males en nuestras ciudades. El problema fue el rendirle pleitesía económica y política a esta tecnología, a cambio de un progreso que siempre tuvo tufo a subdesarrollo. El problema fue diseñar nuestras ciudades, junto con sus políticas de transporte, vivienda e inversiones, pensando en mover la mayor cantidad de estos objetos. Vuelvo a insistir, esta era tiene sus días contados. Y como cada transición, ésta será turbulenta y lenta. Pero será, a final de cuentas.

Habrá quien se apresure a desestimar que anunciar el fin de la era del auto es una mala combinación de romanticismo absurdo y optimismo ciego. Dirá que hay que ver los viacrucis que millones de automovilistas viven diariamente en los congestionamientos de nuestras ciudades, sin pensar que precisamente son éstos, los símbolos inequívocos del colapso del sistema. Probablemente aquel escéptico responda que las inversiones en infraestructura para el auto están a la orden del día. Habría que responderle que muy pronto estas inversiones se entenderán como las causantes de estos congestionamientos, ya que inducen la demanda: “siembra autopistas y cosecharás automóviles” nos han dicho los expertos y los colectivos ciclistas desde hace ya varios años.

Tan medieval es nuestro modelo de ciudad orientado al auto que probablemente estemos viviendo la peste bubónica de nuestros tiempos. Cabe guardar la proporción que merece aquella pandemia del siglo XIV que aniquiló a aproximadamente 1/3 de la población europea. Sin embargo nuestra propia pandemia de incidentes viales quizás sea más trágica, ya que la gran mayoría de sus muertes (y las causadas por la mala calidad del aire) se habrían podido evitar. Lamentablemente, estas muertes y cualquier otro efecto nocivo del uso indiscriminado del auto han sido un mero daño colateral; un mal necesario para preservar nuestro fallido modelo de transporte.

Tal como la peste negra aceleró la caída del medievo y fue uno de los detonadores del renacimiento, esta era del auto está cediendo terreno a nuestro propio renacimiento urbano. Esta crisis ya nos está llevando a imaginar nuestras calles de manera distinta. Y no sólo estamos pensando en reinventar la manera como nos transportamos; también estamos pensando en ciudades más verdes, densas y compactas. Ciudades en las que los servicios básicos de salud, educación, empleo y entretenimiento estén en el mismo barrio en el que vivimos. En las que no haya una sola muerte ni incidente grave. En las que nuestros hijos puedan volver a jugar en sus calles sin miedo. En las que no arriesguemos la salud por respirar el aire que nos rodea. En las que el espacio público, sea público de verdad. En las que nuestras calles reflejen lo mejor de nuestra cultura y sean la expresión de nuestros sueños y aspiraciones.

El renacimiento urbano lleva ya tiempo afianzándose en lugares donde, desde hace pocas décadas, decidieron apostarle a la ciudad humana. En México ya estamos comenzando a darnos cuenta que, lo que parecía inalcanzable y digno de utopías nórdicas, puede ser una realidad en nuestras ciudades. Sólo hay que consolidar el cambio de paradigma cultural y económico que la sociedad civil organizada ha impulsado desde hace varios años. Este involucramiento de la sociedad es una garantía del éxito en la transformación de nuestras ciudades. Después de todo, no hay que olvidar que las grandes conquistas sociales siempre han sucedido gracias a una constante exigencia ciudadana.

Hay que ser pacientes, sin olvidar que hay mucho por hacer para terminar con este episodio negro de nuestra historia. Si bien habrá gente que considere que nuestro paradigma de movilidad no va a cambiar, creo que ya hay una consciencia social superior que sabe que no hay alternativa al cambio fundamental. Es como cuando vamos en la carretera (valga la comparación) y necesitamos empezar a frenar antes de dar una vuelta en U para cambiar el rumbo que teníamos. Aunque apenas nos estamos dando cuenta de que hay que frenar, es sólo cuestión de tiempo para que ya estemos del otro lado.


LOS NÚMEROS HABLAN
  • 1’300,000 Los muertos anuales en incidentes viales a nivel mundial.
  • 9 Lugar que ocupan las muertes viales en el ranking de muertes en el mundo
  • 1 Lugar que ocupan las muertes viales en el ranking de muertes en el mundo para jóvenes de entre 15 y 29 años

Muchas gracias a Lado B por brindarme este espacio. Me da mucho orgullo contribuir en un medio verdaderamente independiente en el que gente tan talentosa y dedicada se deja la piel cada día.


*Giovanni Zayas es especialista de movilidad no motorizada. Actualmente es consultor de seguridad vial para el Banco Mundial

Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : info@ladobe.com.mx

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