¿Fin del normalismo?

¿Fin del normalismo?

Dr. José Guadalupe Sánchez Aviña

Charlando recientemente con una colega del Claustro de Educación en la Ibero Puebla, llegó a nuestra charla la imagen del profesor mexicano, imagen que no sabíamos que compartíamos y que resultó ser el centro de nuestra plática de pasillo. Más un conjunto personalizado de imágenes que construyen un concepto de profesor en nuestras mentes: aquella profesora de inglés de secundaria oficial que ha tenido que aceptar una reducción de horas por semana (a dos) lo cual representa una cantidad inferior a los mil pesos mensuales de un sueldo que se le paga cada seis meses, y no obstante, cursa una de nuestras maestrías en educación o aquél profesor de primaria que se traslada el domingo para trabajar de lunes a viernes y viaja el sábado de regreso a su casa, más para volver y llevar materiales de trabajo a sus alumnos, pagados por él mismo, que para descansar; tantos como estas dos personas y que por desgracia quedan fuera de la imagen que el grueso de la población tiene de nuestros maestros ¿Por qué? Mi colega y yo coincidimos en señalar que nuestro concepto de profesor ha sido alimentado de esta forma gracias a la oportunidad y privilegio de trabajar de cerca con esas personas “necias” que insisten en vivir la vocación del profesor a pesar de los pesares.

Padecer el menosprecio oficial por la profesión, el manoseo sindical y el descrédito social, han sido insuficientes para aniquilar a quienes sostienen de facto, con marchas o sin ellas, con reformas o sin ellas, al sistema educativo mexicano. Bien haríamos como sociedad el identificar con claridad a estos profesores, distanciándolos de los pandilleros institucionalizados que se disputan el botín político, social y hasta económico que representa este grupo de profesionales.

Debemos empujar para que las Escuelas Normales… los Normalistas, encuentren una ruta posible, así como acompañamiento social, para desligarse tanto de las directrices oficiales que los limitan como del lastre sindical que los condena.

¿Y en dónde han sido formados estos profesores o casi todos ellos? Desde luego que en las Escuelas Normales, esas que han sido tan señaladas y que hoy se encuentran en el centro de atención de la reforma educativa peñista. ¿Entonces? ¿Será el final del Normalismo? ¡Por supuesto que no!, es inadmisible, representaría suicidio colectivo. El gobierno debe asumir plenamente la responsabilidad social que le corresponde y hacerse cargo de fortalecer a las Escuelas Normales como parte estratégica de la mejora de la educación en nuestro País; sin embargo, hay que entender que esto no sucederá si desde los propios normalistas, profesores y sociedad en conjunto eludimos el asumir la parte de responsabilidad que nos corresponde.

Movido por la esperanza, considero que este momento histórico del Normalismo en México, nos brinda la oportunidad de pensar en una nueva etapa y que la confrontación de poderes escenificado por el gobierno y las facciones sindicales, abre posibilidades impensadas bajo las condiciones actuales de administración y existencia real de las Escuelas Normales.

Debemos empujar para que las Escuelas Normales… los Normalistas, encuentren una ruta posible, así como acompañamiento social, para desligarse tanto de las directrices oficiales que los limitan como del lastre sindical que los condena. ¿Optimista? Prefiero pensarme como un profesor con esperanza fundada en el conocer personas como las que mencioné en el párrafo inicial; desde luego esperanza en movimiento.

El autor es profesor de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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