Carta para mi hermano (y los hombres heterosexuales que quieren cambiar)

Carta para mi hermano (y los hombres heterosexuales que quieren cambiar)

Liz Ruiz

A mis amigos del Grupo de Hombres Trabajándose y a mis amigos que asisten

Querido Julio: No recuerdo cuándo fue la última vez que te hice una carta, debe tener décadas… Y desde hace varias semanas he pensado en hacerte esta porque de un tiempo para acá vi que te decidiste a hacer todo lo necesario por ser una mejor persona, un mejor ser humano y un mejor hombre. No sé exactamente por qué tomaste esa decisión, pero está de más decirte que me ha dado mucha alegría ver tu entusiasmo, sobre todo porque yo vivo de eso tanto profesional como personalmente. Es más, es la razón principal por la que decido seguir en este mundo.

Cuando trabajo todos estos temas de sexualidad, desarrollo humano y psicoterapia me sorprendo de la ausencia de los hombres heterosexuales. Es rarísimo que uno o dos asistan a algún taller y más aún, que estén ahí para aprender y no para demostrar lo equivocada que estoy. Los hombres heterosexuales están en el trabajo, en los bares o aprendiendo otra cosa, “más importante”; están cumpliendo sus roles de proveedor, cotorro valemadres y sabelotodo.

ahigeEsta situación me resulta terrible, ¿sabes por qué? Porque he pensado que el empoderamiento de todas las mujeres del mundo no sería suficiente para vivir una vida plena y libre de violencia. Porque no importa qué tan empoderadas estén todas las feministas que conozco, de cualquier manera cualquier día a cualquier hombre se le puede dar la gana chiflarles, pegarles, violarlas, matarlas, pagarles menos, menospreciarlas, amenazarlas, difamarlas y más formas de violentarlas. El problema original de la guerra contra las mujeres que se ha desatado cruelmente en México desde hace más de 20 años no está en nosotras, está en el machismo. Nosotras podremos trabajar todo lo humanamente posible para erradicar el machismo que llevamos dentro y que nos hace violentarnos a nosotras mismas y a otras personas. Pero, ¿qué hacemos con el que queda en los hombres? Sólo se puede eliminar si los hombres trabajan su propio machismo. Y me llama mucho la atención que los hombres heterosexuales odian a las feministas y odian que les señalemos sus propios errores. Se quejan de que hay un Día Internacional de la Mujer, se quejan de que las mujeres entramos gratis a los antros (jaja ve la superficialidad de su descontento), se enojan de que exijamos que no nos piropeen en la calle.  Pero también se quejan de lo que sufren del machismo: de su papel de proveedores, de tener que demostrar su hombría todo el tiempo, de no poder mostrar miedo o tristeza. Y es ahí donde debe entrar de parte de ustedes un papel activo. ¿Qué hacen para poder destruir estas imposiciones que tienen por ser hombres? ¿Dónde está su movimiento, no contra las mujeres, sino contra el sistema que les exige ser de esta manera? Si reconocen su opresión, ¿dónde está su lucha?

También hay otro punto que me abruma de este tema: los hombres heterosexuales no se trabajan porque creen no necesitarlo. No está en su educación analizar dónde están sus propios errores (siempre creen que la otra persona es la que está equivocada), esto hace que a la vez sea muy difícil para ustedes aprender algo nuevo (si todo lo sabes, ya no puedes aprender nada) y si de casualidad notas que estás cometiendo un error que debes modificar aquí viene la prueba de fuego: renunciar a tu privilegio para cambiarlo. ¿A qué me refiero con renunciar a tu privilegio? A que tú, por ejemplo, eres hombre, heterosexual, urbano, cabes muy bien en un estándar de belleza medianamente exigente, económicamente perteneces a una clase bastante acomodada y gozas de perfecta salud. ¿Qué podría preocuparte? ¿Qué discriminación podrías haber sufrido en la vida? Sin duda tu vida es infinitamente más fácil que la de una mujer lesbiana con rasgos indígenas con pocos recursos económicos que viva en una zona marginada. Y la gente, cuando tenemos una vida de ensueño, creemos que nos la merecemos y que quien no la tiene es porque no quiere. Y por este garrafal error los hombres muchas veces no comprenden lo que vivimos las mujeres en una sociedad tan machista y violenta como la nuestra. Creen que podemos dejar de vivir el acoso callejero, el feminicidio o la discriminación cuando queramos. Renunciar a tu privilegio es darte cuenta que tú vives una vida más fácil que la de otras personas y que tienes que ceder tus comodidades para que a les toque a lxs demás lo que les corresponde. Y esa es la parte más difícil.

feminismoPor eso me da mucha esperanza ver que te trabajes y que aspires a hacer un mundo mejor cambiando tú.  Te puedo adelantar que el camino es tan bello como sinuoso y que nunca llegas a ese paraíso de perfección que nos imaginamos al principio; siempre hay nuevos retos y siempre está complicado. Con el tiempo te vas haciendo más experto en cachar tus errores y en remediarlos, pero nunca llegas a ser perfecto, ni cerca, y no dejas de ser tú. Es muy raro ser la persona que conoces y a la vez un completo extraño, pero vale el esfuerzo cuando te das cuenta que cada vez vives más de acuerdo a ti mismo.

Y me parece básico decirte que este camino no se le enseña a nadie. No le enseñes a la gente, inspírala. Es lo único válido que puedes hacer para compartir lo que tú estás disfrutando porque de otro modo corres el riesgo de ser el nuevo fanático del desarrollo humano, un policía de lo que según tú es correcto y lo que es indebido. Y algo muy importante es que no eres (ni llegarás a ser) el hombre ideal, ni te has ganado unas felicitaciones, no eres el hombre más bueno del mundo ni mereces que ahora todo mundo (y especialmente tu novia y tu mami) te aplaudan. Sólo estás cumpliendo con tu obligación que es respetar a los seres que te rodean. Es todo. Feliz viaje te desea con amor tu hermana.

Gracias por leerme (mi papá ya me regañó de que digo que en 15 días y luego me tardo. Perdón, es que tuve harta chamba y luego me fui a la playita, pero si me extrañan pueden leer aquí mis demás alegatos feministas. Soy psicoterapeuta y sexóloga de Puebla, y presido el Colectivo Equilátera A.C. de educación sexual y educación para la paz. (Por si te interesan mis servicios o quieres amenazarme de muerte por feminista, este es mi Facebook). 

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