Oser Serón, apuntes para una crítica

Oser Serón, apuntes para una crítica

José Luis Prado

@pepepradog

En una conversación con Enrique Vila-Matas, Juan Villoro recuerda una anécdota en la que la frase “Viajar perder países” supuestamente atribuida a Pessoa y utilizada en un libro del autor catalán, rompe el espacio de la ficción para insertarse en el mundo real. Lo que sucedió después con esa frase, fue el haber dado nombre a un suplemento cultural en México. Con esta idea me gustaría iniciar: La literatura, algunas veces, construye una segunda realidad.

Illan Stavans en su ensayo ‘El arte de plagiar’ nos recuerda que “en la edad de Góngora y Shakespeare reescribir era a un tiempo superar y rendir tributo al precursor y maestro.” El plagio no es solamente el robo de palabras o ideas, sino su acomodo en nuevas escenas que permiten la re-significación del texto.

Todo esto porque el libro de Fernando León, Oser Serón (Ediciones Cuadrivio, 2014) es una interesante puesta en escena de la atención que algunos autores brindan a sus lectores “A un escritor lo hacen otros escritores, lo hacen sus lectores futuros. Un escritor es una ilusión colectiva y las ilusiones también mueren.” En este caso, recuerdo a Macedonio Fernández revalorizado por Piglia.

Con un tono fuerte y contundente el narrador nos atrapa desde las primeras líneas:

Mis mejores amigos fueron primero enemigos de pensamiento, palabra o puñetazo. La adversidad está llena de bondades…pero dado que continúas leyendo, infiero que no es así: podrás aceptarlo debido a una rara forma de la complacencia, y digo rara pues no tiene sentido ser complaciente con quien es hostil.

El libro abre sus páginas a la historia de un escritor que, con algunos recursos como la myse en abyme o el metadiscurso, va complejizando la posición que uno tiene al leer. Las anécdotas van adquiriendo cierta cercanía cuando vemos a Oser Serón al lado de autores como Juan Rulfo, Juan José Arreola o Francisco Tario, ―momento, nos está diciendo algo acerca de la tradición mexicana― la relación que tuvo con algunos de sus textos, por ejemplo, ‘Sí se culpe a todos’ del autor de El llano en llamas. En este sentido, Fernando de León nos coloca como jueces de lo que ahí leemos, la lectura como reconocimiento.

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El escritor es un crítico, ambos se funden en una sola figura. La crítica como una variante del género policial, apuntaba un escritor argentino. Es muy interesante el planteamiento que hace el también autor de Historia de lo fijo y lo volátil, ¿A quién pertenece un texto? El crítico como detective que trata de resolver un enigma aunque no haya tal enigma. Hay que añadir que la literatura siempre trabaja con la verdad. Crea, paradójicamente, un discurso que no es verdadero ni falso. Al parecer esa es la posición en la que nos coloca Fernando de León, construir un mundo autónomo ligado a ecos de otras obras, mientras va edificando esta crítica como una forma más del relato.

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