La conspiración del Congreso y el desamparo de la población

La conspiración del Congreso y el desamparo de la población

Ociel Mora

@ocielmora

El otro día comentaba con un amigo que los problemas de fondo en este proceso electoral, y en general de la clase política, no son que los eventuales precandidatos a gobernador, y muchos gobernantes de poca monta, vayan de un punto a otro en helicópteros cuyos servicio es literalmente inaccesible para la mayoría de los individuos.

El caso es que gobernantes y candidatos siempre encuentran manera de burlar la ley y los órganos electorales, y se salen con la suya pagando cantidades estratosféricas de dinero, el cual sale del erario, ya sea en lo inmediato o a la hora del triunfo, cuando ya son gobierno, mediante una fórmula político-empresarial que se asemeja mucho a la compra de indulgencia en la baja edad media.

Al final los juzgadores siempre encuentran resquicios en la ley y harán de los actos que para la mayoría de la gente son una flagrante violación a la legalidad, actos apegados a derecho, y no pasa nada. Al final la ley se revela como un mecanismo diseñado para proteger a la oligarquía política y perseguir a sus críticos.

La ley y su aplicación no son actos inocentes e imparciales como quieren hacernos creer desde el aparato de gobierno.

Pero de que los favores políticos se pagan, se pagan. Un notable empresario dijo una vez que ellos se acercan a la política no para meter dinero a campañas sino para sacar. Ante la sorpresa del interlocutor, el hombre de empresa aclaró en el acto que no se le roba al pueblo sino al gobierno.

Nuestra cultura política es tan “amplia y robusta” que hay los que piensan que pueblo y gobierno son dos mundos sin conexión. Y en efecto, cada vez crece más la brecha entre gobernantes y gobernados. ¿O acaso habrá quien se sienta representado en sus intereses personales y de comunidad en las acciones de gobierno del gobernador Rafael Moreno Valle? Mucho me temo que no.

Ciertamente el despilfarro de precandidatos no es un tema menor, pero ni con mucho es la raíz del mal, es apenas una de sus tantas ramas de ese árbol frondoso llamado corrupción, el cual es cuidadosamente cultivado por toda la clase política, sin distinción de ninguno de sus miembros. Vuelvo al principio: el origen de la cuestión está en otra parte.

Ni siquiera la deuda de más de setenta mil millones de pesos que el gobernador Rafael Moreno Valle heredará a su sucesor puede ser calificada como el origen de todos los males, no obstante que Puebla quedará literalmente embargado durante los próximos cincuenta años.

No importa que sea equivalente a decir que la mayor parte del presupuesto de los próximos 8 sexenios se destinará a pagar los gastos realizados por Moreno Valle en obras carísimas, que no funcionan y que no son necesarias.

Me parece que la raíz del mal, la puerta del averno, es que de manera deliberada el gobernador suprimió, borró, la poca institucionalidad democrática que le deba legitimidad al gobierno local.

¿Alguien con dos dedos de frente se traga el cuento de que el CIS de Angelópolis es una obra imprescindible?

Esa obra faraónica, como tantas otras, fue concebido no para facilitar los servicios públicos al hombre común y corriente que anda de la seca a la meca en la calle, como me explicó alguien que escucha dentro, sino para granjearse con la oligarquía del dinero, con la esperanza de que devuelvan el favor cuando el gobernador sea candidato a presidente de la República.

Sin embargo, y aún así, el gobernador dirá que todo es absolutamente legal; y no le faltará razón.

Ciertamente el endeudamiento de Puebla es una infamia a la población porque se hizo a sus espaldas y se le sigue manteniendo en la oscuridad; y porque finalmente el villano favorito del gobernador, Mario Marín, la dejó en 8 mil millones, apenas una décima parte del endeudamiento actual. Pues bien, ni así podemos afirmar que estemos ante el origen de todos los males. Además es un acto estrictamente legal, incluso mantenerla oculta a los ojos de la población que es la que finalmente paga.

Me parece que la raíz del mal, la puerta del averno, es que de manera deliberada el gobernador suprimió, borró, la poca institucionalidad democrática que le deba legitimidad al gobierno local.

Me refiero a ese discreto mecanismo que hace que los gobernados obedezcan a los gobernantes.

En los hechos este gobierno suprimió al poder Legislativo, y con ese golpe de muerte acabó con la poca representación política que tenía la población, y creó una institucionalidad del tamaño de sus intereses personales.

También acabó con los partidos políticos, porque dejaron de ser parte para representar intereses que no son la diversidad de Puebla. Pero el mayor mal infligido a la entidad –insisto– se localiza en la domesticación-compra del poder Legislativo, de los diputados.

¿Por qué es tan importante el poder Legislativo, el poder representado por los diputados?

Porque son los que hacen las leyes y las modifican. Hacen legal lo que es ilegal. Hablan en nombre de la población, y en nombre de ella toman decisiones que hipotéticamente son en su beneficio, sin embargo, se dan casos, como el que se vive en este momento, en el que desde el poder Legislativo se conspira contra el interés de la mayoría.

ocielmora@gmail.com

Tiene estudios en antropología social. Es autor de varios ensayos de interés académico, y de un par de libritos sobre el impacto de las políticas liberales en los pueblos indios en el XIX. Ha trabajado en el INAH y Culturas Populares en diferentes momentos y estados de la República. En el sector social, es parte de Perspectivas Interdisciplinarias A.C. En el privado, se desempeña como consultor para el desarrollo y combate a la pobreza en áreas indígenas. Ha publicado cerca de cinco mil artículos de opinión dispersos en diarios nacionales y revistas como El Universal, Excelsior, y Plural. En Puebla se arrogó el inmerecido título de columnista por varios años en Intolerancia y El Sol de Puebla. En un acto fugaz animo la publicación Barbarie. La ciudad letrada.

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