Dos claves para entender el asesinato de Berta Cáceres

Dos claves para entender el asesinato de Berta Cáceres

Berta Cáceres pasó años liderando la lucha contra el Estado hondureño y las multinacionales hasta su asesinato a principios de marzo de este año

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Connectas

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En uno de los países más violentos del continente, la lucha más fuerte se da por la protección del territorio, la igualdad de sus ciudadanos y el respeto a las comunidades originarias. Por eso, la muerte de Cáceres, junto con muchas otras más que han tenido lugar en la región, requieren una visión más amplia del contexto en el que suceden.

La mañana en que Berta Cáceres fue asesinada, su amiga Hedme Sierra Castro se encontraba en un taller de defensa de la libertad de expresión en el Internet Freedom Festival de Valencia.

Este crimen es uno entre un alto número de activistas indígenas y ecologistas víctimas de la polarización y la deshumanización en Honduras

Poco después, las paredes del espacio colaborativo donde se celebraba el encuentro que entre el 1 y el 6 de marzo reunió a más de 800 activistas anti-censura de todo el mundo, se llenaron de carteles en homenaje a la líder indígena y defensora de defensora de Derechos Humanos y medioambientales.

Este reportaje fue realizado por Global voices y es republicado en CONNECTAS gracias a un acuerdo para distribución de contenidos.

Carteles

Hedme Sierra Castro, ingeniera de sistemas procedente de una reconocida familia de defensores de derechos humanos hondureña, trabaja desde 2009 en seguridad digital con enfoque de género. Desde su organización ACI Participa, se dedican a ayudar a grupos de mujeres, periodistas, indígenas, campesinos, comunidad LGTBI, y a otros defensores de derechos humanos a protegerse de la vigilancia y la persecución que cada vez más se lleva a cabo a través de los canales digitales:

Todos estos grupos tienen en común que son de riesgo, vigilados y perseguidos por el Estado y otros grupos.

Un clima de impunidad que vulnera los derechos de los ciudadanos

El asesinato de Cáceres y de otros activistas de la región puede entenderse mejor con una visión del contexto político de Honduras. El caso de Hedme y de su familia es también ilustrativo. Hedme y los suyos constituyen un grupo de riesgo, tanto que cuentan con medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Pero esto no se traduce necesariamente en mayor seguridad: “Bertita también las tenía y no ha servido para nada…”

Esto se conecta con los hechos políticos anteriores de 2009. Ese año, un golpe de Estado llevado a cabo por Roberto Micheletti contra el gobierno de Manuel Zelaya hizo estallar movilizaciones populares. Sin embargo, las manifestaciones fueron rápidamente seguidas de procesos judiciales contra manifestantes. Tanto Hedme, como su madre, su padre y su padrino (fundador de ACI Participa y el primer ombudsman de Honduras) participaron y jugaron un papel clave durante las manifestaciones. Hedme toma este caso como ilustración de las desigualdades en la política hondureña y de cómo, a pesar de todo, los hondureños que participaron se fortalecieron mutuamente:

Nos manifestamos, miles de personas de todo el país, durante tres meses consecutivos. El ambiente era festivo. Con gente trayendo merienda para compartir, otros trayendo café, compartiendo todo, donde uno come, comen tres, cuando uno se caía, el resto lo ayudaba. Nos dispersábamos y al poco nos volvíamos a juntar en otro sitio, la calle era un espacio compartido y un vínculo de unión. Eran jornadas enteras como de trabajo, uno salía a las 7 de su casa y no volvía hasta la noche. Fue muy bonito ese hermanamiento, y cuando luego estalló la Primavera Árabe y el 15 M, nos veíamos tan reflejados… Tahrir nos removió todo lo que habíamos vivido

Igual que en Tahrir, la Plaza de la Liberación que protagonizó la llamada revolución egipcia en 2011; a las manifestaciones las sucedió la represión gubernamental meses después:

Se llevaban a los manifestantes en pickup y los desaparecían, la gente corría tras la pickup para ver adónde se llevaban al compañero.

El antecedente a estas pugnas encuentra su punto central en los escándalos de corrupción de 2008. Durante ese año, fiscales del Ministerio Público descubrieron cientos de documentos que implicaban a altos cargos, entre ellos al ex presidente Carlos Flores y su tío, el empresario Miguel Facussé. A los dos se les responsabilizaba por las agresiones contra campesinos en Bajo Aguán, al norte de Honduras, para desalojar terrenos y ponerlos al servicio de su proyecto de siembra de aceite de palma africano. Los desalojos acabaron con miles de campesinos viviendo en tiendas de campaña, desplazados a pocos metros de las tierras que habían habitado y trabajado durante generaciones.

El papel de los fiscales, tras descubrirse los documentos, fue clave en lo que Hedme describe como “el amanecer de la conciencia social popular” hondureña. En marzo de 2008 los fiscales iniciaron una huelga a la que se fueron sumando reconocidas figuras de la sociedad hondureña, entre ellos el jesuita Ismael Moreno Coto, la cantautora Karla Lara, y numerosos defensores de Derechos Humanos:

La gente los acompañaba, organizaba jornadas culturales a su alrededor, no los dejaba solos… Esos 35 días de huelga de hambre fortalecieron nuestra conciencia social, aunque no sirvieron para frenar el golpe.

Roberto Micheletti perdió las elecciones. Dio el golpe de Estado el domingo por la mañana y por la tarde ya estaba asumiendo. Desde la plaza, meses antes, lo veíamos despreciar a los huelguistas. ‘¿Cuántos habrá ahí, 300?’, decía, señalándonos despectivamente. ‘Trescientas personas no me van a arruinar mi carrera política’”.

El desenlace de estas pugnas por el poder llevó a nuevas elecciones, en las que Porfirio Lobo resultó ganador, aunque numerosas instancias nacionales e internacionales se negaron a reconocer su gobierno. Roberto Micheletti, por su parte, delegó la administración gobierno a Concejo de Ministros en 2010.

La lista de responsables es larga… y poderosa

Instituciones del Estado, grandes grupos empresariales, fuerzas armadas, policiales. La lista de responsables es larga, de acuerdo con la Plataforma Hondureña de Organizaciones de Derechos Humanos.

En el caso del asesinato Berta Cáceres, la Plataforma acusa directamente a la Empresa Desarrollos Energéticos Sociedad Anónima (DESA), concesionaria del proyecto hidroeléctrico Agua Zarca. También a las instituciones bancarias que financiaban el proyecto, a las corporaciones municipales de Francisco de Ojuera, y a la policía militar. La propia Berta señalaba, antes de ser asesinada, a la directiva de DESA y al presidente municipal.

Cáceres lideraba una fuerte lucha contra la construcción de una represa hidroeléctrica en el río Gualcarque, departamento de Santa Bárbara, al noroeste de Honduras. La construcción ponía en riesgo el acceso al agua de la comunidad indígena lenca, a la que pertenecía Cáceres. Como resultado al fuerte movimiento de resistencia de esta comunidad -que incluyó el bloqueo de carreteras para evitar el acceso de a maquinaria- el proyecto se encuentra detenido. Sin embargo, la comunidad fue víctima de numerosas violencias. Varios de los compañeros de Berta fueron amenazados y asesinados durante el proceso.

“El asesinato de Doña Berta es un ataque muy duro contra los movimientos sociales no sólo en Honduras, sino en toda Latinoamérica”, explicaba la activista mexicana conocida comoAnamhoo horas después del asesinato, al resto de asistentes del Internet Freedom Festival:

Nuestro compañero mexicano Gustavo Castro Soto estaba con ella cuando le dispararon, a él lo hirieron, le rozaron el oído y comenzó a sangrar por la cabeza, los matones lo dejaron allí, dándolo por muerto. Eso lo salvó. Si no les importó que estuviese con Doña Berta alguien tan reconocido en la región como Gustavo, clave en la lucha contra las mineras e hidroeléctricas y fundador de Otros Mundos Chiapas, significa que se sienten intocables.

Gustavo Castro Soto es también un reconocido líder mexicano en la defensa por los derechos ambientales. Por ser el único testigo del asesinato de Berta Cáceres, Castro Soto ha sido retenido en Honduras mientras se lleva a cabo el esclarecimiento del caso. Sin embargo, las organizaciones aliadas a las luchas ambientales y de Derechos Humanos temen por su vida y exigen que Castro Soto pueda ser sacado del país. Estas reacciones puedes seguirse a través de #SeguridadParaGustavo.

Además de pedir responsabilidades al gobierno mexicano y hondureño, las participantes latinoamericanas apelaban a la conciencia de la comunidad anti-censura y a la necesidad de cuestionar los procesos de explotación del Sur por parte del Norte:

¿Cómo es que aquí hablamos de tecnología, privacidad y seguridad digital, y no incidimos en el hecho de que esta tecnología está construida en base a la explotación humana y de los territorios del Sur? La tecnología se hace de una forma muy concreta ¿cómo vamos a liberarla si no liberamos las formas en las que se construye?

“En Honduras hemos llegado a una polarización y deshumanización extremas”

Cuando se le pregunta por el futuro, Hedme duda:

Es muy difícil pensar más allá de la polarización actual. Desde el golpe, o eres ‘resistencia’ (‘ñángaras’, ‘vagos’, ‘chusma’, para los golpistas), o eres ‘blanquito’, como nos referimos a los golpistas, las instituciones y empresas privadas que apoyaron el golpe, por las camisas blancas que llevaban en sus manifestaciones.

Y agrega:

Llevaban carteles de agradecimiento a Estados Unidos y gritaban consignas como ‘Hemos salvado la Constitución’ y ‘Defendamos a nuestro Presidente, que nos da de comer y calidad de vida’”, recuerda. “Con ellos había muchos trabajadores obligados, entre ellos de la empresa de Facusse, a los que se les daba órdenes de no hablar con periodistas, y de emitir comentarios sólo positivos del Presidente. O acudías a sus concentraciones, o estabas con la ‘chusma’.

La segregación y la deshumanización llegaron al extremo de que algunos médicos dejaron de atender a heridos durante las movilizaciones. Por eso es difícil pensar en el futuro… y también mirar al pasado. Una aprende. Aprende a vivir día a día

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Este reportaje fue realizado por Leila Chawati para Global Voices  y es republicado en CONNECTAS gracias a un acuerdo para distribución de contenidos.

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