Canoa, de cambios sociales y tragedias atemporales

Canoa, de cambios sociales y tragedias atemporales

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Fotograma de la película Canoa
Héctor Jesús Cristino Lucas

El cine, al igual que todas las artes, ha sido un arma capaz de capturar, entre las alegorías de su magia y las entrañas de su celuloide, hasta el mínimo detalle de una realidad social, sea trágica o no. Por ello el Expresionismo Alemán buscaba la obscura expresión del hombre con la metáfora del monstruo, tras los conflictos bélicos europeos de la Primera Guerra Mundial. El cine de monstruos gigantes que popularizó Gojira en 1954 fue el sinónimo inmediato de crítica asiática a la bomba atómica de 1945 y la destrucción de Hiroshima.

En México, la lista de tragedias representadas en su cine no sólo son realmente bastas y significativas, sino que también comparten una característica curiosa y particular: son atemporales. Para muestra basta un botón. Desde Los Olvidados de Luis Buñuel, que a la manera del neorrealismo en Italia reflejaba la crudeza de la realidad de la juventud marginadad, hasta la polémica Rojo Amanecer de Jorge Fons, que narra, desde la perspectiva de una típica familia calsemediera, la matanza de Tlatelolco en aquel 2 de Octubre de 1968. La naturaleza contestataria de ambas películas continúa, pese a los años que han pasado, siguen igual de actuales, atemporales pues.

Buñuel nos expuso la pobreza extrema del México marginal y recién urbanizado de mediados del siglo pasado. Una decadente imagen que ofendió a los mexicanos de aquella época. Tanto así que se pidió la expulsión del director español –como pasó con el chileno Jodorowsky con Fando y Lis– por atreverse a mostrar al mundo una realidad tan obscura y penosa como no se había retratado antes. La pregunta es, ¿cambia algo si Los Olvidados se mira en pleno 2016?

Fotograma de la película Los Olvidados
Fotograma de la película Los Olvidados

Tras lo ocurrido el 26 de septiembre del 2014 con la desaparición forzada de 41 estudiantes en Iguala, Guerrero, Rojo Amanecer parece igual de actual que si se hubiera filmado ayer, un película que puede encajar con la realidad mexicana de estos tiempos.

Luis Estrada podrá presumir, entonces, que su fársica trilogía: Un Mundo Maravilloso, La Ley De Herodes y El Infierno, también son un retrato de este obsceno y agonizante México lleno de nepotismo, pobreza, demagogia, violencia y corrupción. Uno en el que su Dictadura Perfecta del 2014 ofrece política y ficción sin claridad en donde están los límites de una y otroa. Curiosa y trágicamente, condenada y maldita a forjar atemporalidad, como lo hizo Buñuel o Fons. La tragedia que no pasa, sólo se renueva. Lo mismo con La Jaula de Oro o la propia Heli.

Otra de estas películas -clásico de culto- que no pierde vigencia, sin importar los años y la ya cansada tesis de la moderna sociedad occidental, es Canoa de Felipe Calzs. Film de 1975 que basado en hechos reales, una tragedia, una desgracia de retraso cultural, se inmortalizó como vigente y atemporal: en septiembre de 1968 cinco jóvenes trabajadores de la BUAP decidieron salir de excursión al volcán La Malinche, el retraso en su salida de la ciudad de Puebla los obligó a pernocar en San Miguel Canoa, junta auxiliar de la capital poblana que se ubica en las faldas del volcán. Lamentablemente el párroco los tachó de comunistas, y en un arrebato de psicosis colectiva todos se unieron para lincharlos.

La tragedia se enmarca en un contexto netamente político que tendría su punto más álgido en octubre, el 2 de para ser más exacto, y marcaría la historia de México. Hablamos de una época de crisis -¿cuándo será el momento que heblemos de ello?- llena de cambios sociales y protesta política con dos grandes polos el capitalismo –y su rechazo entre ciertos grupos sociales— y el comunismo –y su rechazo entre ciertos grupos sociales—. En medio de esta época -de exigencia en cuanto a derechos civiles- ciertos sectores de la sociedad fueron sumergidos en una psicosis que llevaron a la desconfianza extrema y de ahí a actos ilícitos y violentos, como lo que sucedió en San Miguel Canoa.

Felipe Casalz y Jorge Fons no sólo retrataron hechos histórico sino también a ciertos males que aún aquejan y pudren a nuestro país. Como también lo hizo en su momento Arturo Ripstein con El Castillo de la Pureza, se une a la lista de estos -llamémosles así- visionarios trágicos de México.

La película cumple 40 años de su estreno en este año, y Alfonso Cuarón -ganador de Oscar a Mejor Director por Gravity en el 2014- en el marco del 31 Festival Internacional de Cine Guadalajara, el pasado 4 de marzo, dijó:

“Está más viva que nunca y esas son malas noticias, ojalá no fuera relevante; que las generaciones jóvenes no sólo la vean, sino tengan entendimiento que todas estas enfermedades que sufrimos en este país van teniendo un síntoma desde hace tiempo”.

No sólo hablamos de un film que en 1975 reflejó una época obscura para el país, un pasado manchado por el número 68, donde la influencia del poder y la desinformación en los medios de comunicación eran más que evidentes. Y que fungió como un espejo de la realidad, una realidad atemporal que nos alcanzó en pleno 2016. Canoa de Calzs es política y psicóticamente actual. En medio de tantos cambios sociopolíticos, de violencia e inseguridad, de narcotráfico y feminicidios, los actos como los de San Miguel Canoa se repiten una y otra vez.

El lunes 19 de Octubre del 2015, en el Municipio de Ajalpan Puebla, los hermanos José Abraham Rey y David Copado Molina, quienes ejercían su trabajo de encuestadores referente al estudio sobre las tortillas procesadas fueron linchados en el Zócalo del pueblo tras confundirlos con secuestradores. Según Carlos Martínez García reportero del periódico La Jornada, se empleó la tecnología, mensajes y redes sociales, para incitar a una -nada nueva- psicosis y hacer justicia por propia mano; psicosis que nos remontaría hasta el doloroso y funesto 1968.

Lo sucedido en Ajalpan sorprende por tener cierta similitud con el caso de San Miguel de Canoa, pese a tantos años de diferencia de uno y otro suceso.

Así pues, las visiones de estos grandes directores, Buñuel y Los Olvidados Fons y Rojo Amanecer o Cazals y su Canoa quedan inmortalizadas por una maliciosa atemporalidad. Y dentro de la filmografía de éste último, podemos mencionar grandes ejemplos que también lograron lo dicho: la adaptación del libro homónimo de José Revueltas, El Apando, que también tiene que ver con las marchas estudiantiles del 68; Las Poquianchis del 76, parcialmente adaptada de la novela Las Muertas de Jorge Ibargüengoitia sobre unas mujeres y proxenetas de Guanajuato.

En el caso de Canoa, uno de los films atemporales que más apegos con la realidad mexicana. El propio Felipe Calzs entrevistó a los sobrevivientes del linchamiento del 68 e hizo que a los actores que iban a interpretarlos les contaran su historia. El punto es que mirar el amplio repertorio de filmes históricamente amargos de México, no sólo nos hace conocedores del cine de nuestro país, sino también de la otra parte, oculta y catastrofista de esta historia. El espejo de una realidad que sin importar los cambios del mundo, evidencia el retroceso cultural de una sociedad aparentemente civilizada.

Canoa es otra tragedia capturada en celuloide, de esos cambios sociales y desgracias que el México de hoy nos recuerda vigentes. 40 años, hasta ahora, de tragedias atemporales.

Sinopsis:

“14 de septiembre de 1968. Cinco jóvenes empleados de la Universidad Autónoma de Puebla deciden ir a escalar el volcán La Malinche. El mal tiempo no les permite ascender, y tienen que pasar la noche en el pueblo de San Miguel Canoa, en las faldas del volcán. En esos días de conflictos estudiantiles, los jóvenes son tomados por agitadores comunistas y el pueblo -convencido por el párroco local de que los comunistas quieren poner una bandera rojinegra en la iglesia- decide lincharlos.”

Héctor Jesús Cristino Lucas resulta un individuo poco sofisticado que atreve a llamarse “escritor” de cuentos torcidos y poemas absurdos. Amante de la literatura fantástica y de horror, cuyos maestros imprescindibles siempre han sido para él: Stephen King, Allan Poe, Clive Barker y Lovecraft. Desequilibrado en sus haberes existenciales quien no puede dejar (tras constantes rehabilitaciones) el amor casi parafílico que le tiene al séptimo arte. Alabando principalmente el rocambolesco género del terror en toda su enferma diversidad: gore, zombies, caníbales, vampiros, snuff, slashers y todo lo que falte. A su corta edad ha ido acumulando logros insignificantes como: Primer lugar en el noveno concurso de expresión literaria El joven y la mar, auspiciado por la Secretaría De Marina en el 2009, con su cuento: “Ojos ahogados, las estrellas brillan sobre el mar”. Y autor de los libros: Antología de un loco, tomo I y II publicados el 1° de Julio del 2011 en Acapulco Guerrero. Aún en venta en dicho Estado. Todas sus insanias pueden ser vistas en su sitio web oficial. http://www.lecturaoscura.jimdo.com

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